martes, 2 de octubre de 2012

Entre los medios y el fin.

"El fin justifica los medios".  "El fin no justifica los medios".

A veces me parece que vale el primero, son los días en que estoy más pragmática. Otros días me parece que es el segundo el que vale, son los días en los que me entero de algo que analizando todo el trancusro y las consecuencias acumuladas, me ha conmovido. 

A priori uno no sabe dónde puede dar fin una cadena de eventos, dónde considerar que terminan las consecuencias. Con el transcurso del tiempo uno puede validar o no los resultados acumulados de haber aplicado uno u otro acordando algún alcance arbitrario.

Creo que la cuestión está en dónde recae aquello que más valoramos.

El ejemplo que me viene mejor a la cabeza es el de la propiedad.

Para una sociedad que valora la propiedad por sobre la vida y dignidad humanas, como la nuestra, occidental, cristiana y capitalista ocurren cosas muy curiosas.

Primero digo "cristiana" porque la "buena gente" considera que uno (no ellos, nosotros) debe aceptar las arbitrariedades porque al final, en la segunda vida, la vida eterna, se resolverán todas las injusticias y se compensarán todos los padecimientos. En definitiva, esto que te toca vivir es transitorio. 

Por lo demás, (nos ponemos en el lugar de los "ellos"), está perfectamente justificado un día de furia que termine con la vida de una persona por parte de otra persona "de bien", que cansado de ser avasallado en la propiedad del fruto de su trabajo (o especulación, que no es lo mismo, pero para el perpetrador, sí), decide hacer "justicia" por mano propia.

Muchas cosas, demasiadas, en juego.

Primero el ser una persona "de bien". Algo tan ambiguo, ¿no? En la clase de periodismo que presencié circunstancialmente se hablaba de qué se definió, a principios de Siglo XX por "gente decente". El mismo concepto que condena a la gran mayoría a la categoría de chusma, lumpen, etc. Personas que sobrevaloran los medios por sobre cualquier otra cosa, no importa qué resultado final arroje. La ley, que siempre los favorece porque fueron hechas para proteger su futuro y sus bienes, que es colocada incluso por sobre el sentido común, y que termina llevando a la cárcel a un ocasional ladronzuelo de gallinas y deja libre a un estafador consumado y experiente o a un violador o asesino protegido por un apellido* o ciertas infuencias. 

Gente de bien podríamos definir como aquellos que tienen todos los medios para cumplir la ley sin verse fatalmente perjudicados y que se sienten con derecho a elegir cuándo cumplirla pues no sienten que sea para ellos y que sólo, por ser "buena gente", conceden igualarse temporariamente con el vulgo para quien fue promulgada, a fin de servir de ejemplo. 

Segundo, "justicia". Seguimos creyendo que la justicia tiene que ver con la ley. Y no hay eufemismo más perturbador y tramposo que éste. Si nos tomáramos el trabajo de listar todas las leyes, reglamentos, resoluciones y decretos que hay sobre algún tema veríamos desfilar ante nosotros la fluctuación de intereses diversos. La mayoría de ellos tal vez fueron promulgados sin debate público, bajo la mesa prácticamente y sólo ha sido conocido por aquellos que se han visto afectados. Hay montones que han favorecido a poderosos o a grandes capitales, en detrimento de pequeños productores o particulares. E incluso aquellos que han trascendido al debate público, lo han hecho de la mano de argumentaciones circunstanciales, sobredimensionando unos aspectos y minimizando otros, cuando, en la práctica, se ha visto que el efecto fue precisamente aquel del que no se habló, se ignoró... ¿inocentemente?

Es realmente confuso. Nosotros, que pasamos gran parte de nuestra vida trabajando para alimentar esta gran picadora de carne, de destinos de carne y hueso para enterarnos en nuestra vejez que si no hay segunda vida, malgastamos ésta, nosotros, que si no podemos, ADEMÁS, controlar lo que hacen y deshacen con las leyes, seremos tal vez víctimas desprotegidas de los intereses de vaya a saber quién si nuestra actividad se interpuso, desafortunadamente, en su camino.

Tercero, propiedad. Recursivamente aquí, "propiedad", ¿es lo mismo cómo ha sido obtenida? Los anarco-comunistas dicen que es siempre un robo. Yo no he leído sus argumentos. No sé sinceramente si esto se postuló en alguna época en que la única propiedad posible se adquiría por herencia y explotación. Sinceramente aún no lo sé. Pero supongamos sólo para esta introspección que sacamos del medio aquella que fue adquirida con el trabajo genuino (que es lo que quedaría por entender, que tengo igualmente alguna pista). ¿Es lo mismo especular y con la especulación hundir a más de uno y obtener así un beneficio trampolín hacia la propiedad? (Porque en la especulación siempre hay perdedores).  ¿Es lo mismo adquirir una propiedad expropiada a sus legítimos propietarios originales, vía triquiñuelas legales, o campañas militares siglos atrás y recibirla por herencia? ¿Vale lo mismo la propiedad heredada cuando el heredero no produjo absolutamente nada y goza los beneficios de la acumulación de generaciones anteriores y ha sido, un parásito de la sociedad toda su vida? ¿Realmente da lo mismo? ¿Es lo mismo haber obtenido algo con el esfuerzo propio que a partir de vivezas, trampas y el uso de la fuerza protegido por la fuerza de la ley?

Sinceramente me late que no es lo mismo.

Y aquí entonces me asalta la duda. ¿Es lo mismo proteger del mismo modo una que otra propiedad? ¿Socialmente estamos protegiendo lo mismo? No, socialmente protegemos la propiedad sin ir más allá. Lo legítimo es la propiedad. No indagamos cómo fue habida y hasta me imagino la cara de indignación de los argumentos: "con ese criterio hasta dónde te vas a remontar". En algún punto hay que hacer un corte, y ese punto es aquel que cuestiona la legitimidad de la propiedad protegida.

Y hasta aquí una mitad analizada a medias.

Pero desde el otro lado. Desde el motivo, objetivo o beneficio del que atenta contra esa propiedad, de sus intenciones, eso que la ley nunca mira, el famoso "fin", ¿hay aspectos que pueden variar la validez?

Digo, ¿es lo mismo robar una gallina para comer que robar para darse algunos lujos? Y entre esos supuestos extremos toda una gama que muestra que la realidad no es blanca o negra. Por ejemplo, en el imaginario colectivo, la gente celebra, internamente dos tipos de robos: el Robin Hood (no robar para sí sino para otros) y el robo sin perjudicados (robar lo que está asegurado, como un banco por ejemplo). En el primer caso, el caso Robin Hood, es más común de lo que la gente cree. Mucha gente roba por alguna "causa" que cree noble o justificable. Existe, se lo llama "expropiación" muchas veces y es un robo o hurto sin beneficio propio o "no apropiativo" (expropiación no apropiativa). Valga de ejemplo el caso de los griegos que asaltaron un supermercado recientemente (ver caso aquí), alimentos y dinero y quemaron el dinero explícitamente. Un atentando liso y llano contra la propiedad. En el segundo caso, hay sobrados ejemplos, el que yo no puedo olvidar por la admiración (por un lado) y condena social (por el otro) que despertó, fue el caso Fendrich (ver aquí).

A mucha gente no le importa el fin, no acepta ni permite que alguien considere descuidar los controles del transcurso por un fin, presuntamente noble.

A mucha gente sólo le importa el fin, más pragmáticos, y no tienen miramientos sobre de qué medios hacen uso para ello. Y acá también hay matices porque hay quienes lo hacen por beneficio propio (son los inescrupulosos) y otros que sólo lo hacen con fines sociales (son los revolucionarios).

Pero hablar de inescrupulosos y revolucionarios de esta forma es simplista y ya es otro cantar.

Buenos días.

 


*apellido: ver la palabra prostituida.
 

DELIMITACIÓN DE RESPONSABILIDAD: Todas las afirmaciones de este blog son libres interpretaciones mías, sujetas a posibles, abruptos y arbitrarios cambios de opinión sin aviso previo.

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