viernes, 6 de diciembre de 2013

Torciendo a la derecha.

Una de tantas, la simplificación de la realidad que habla de derecha e izquierda al conjunto de variantes ideológicas respecto de algunas cuestiones que ya dudo bastante, que signifiquen algo. Digo que a veces la izquierda y la derecha se parecen tanto en sus extremos que ni sé si tiene sentido (en esos puntos) distinguirlas.

Por ejemplo, ¿podemos decir que la izquierda tiene mayor sensibilidad social? Y... no estoy segura. Lo que cambia es el sujeto que ayuda al desprotegido o a quien no tiene medios propios. En la izquierda es el estado, en la derecha es el rico, el que tuvo oportunidades y que siente lástima por los pobres o bien temor por su alma y lo hace por caridad para agradar a Dios, o bien por temor a perder su bienestar y quiere que estén conformes y no perturben la supuesta paz social.

Así que sería mejor redefinir qué voy a considerar derecha en este post. Como una dirección y no como una categoría.

Para este post, ir hacia la derecha quiere decir empezar a creer en que el orden propuesto por las empresas es el único o al menos el mejor posible. Que todo se puede racionalizar y que se puede racionalizar en forma objetiva, de forma inequívoca. Lo cual garantiza que ser racional implique pensar o aspirar todos, más o menos a lo mismo: lo razonable. Que la gente se divide en vagos y gente bien, o al menos, gente como la gente. Que si no gozás de bienestar, tenés derecho a pretender a él sólo si sos más talentoso, más inteligente, más esforzado o más hábil. Que los que no piensan como ellos no tienen cerebro, no pueden pensar y no tienen derecho a conducir un país, una empresa, o incluso tampoco opinar. Que no se puede hablar si alguien no conoce lo que ellos conocen (aunque conozcan más u otras cosas que incluso sean más relevantes). Que su diagnóstico de la realidad es el único razonable. Que la variedad de ideas consisten en diferentes formas de aspirar a lo mismo y no aspirar a distintas cosas. Que el esfuerzo individual debe ser premiado por encima del esfuerzo colectivo y que el esfuerzo colectivo es preferible ni tenerlo en cuenta. Que las leyes son para los que no tienen cabeza, no para ellos. Que el castigo hace cambiar a la gente, principalmente a los delincuentes. Que todo debe remitirse a su valor comercial. Si un terreno está bien ubicado o tiene un bello paisaje, mejor es aprovecharlo comercialmente y amerita justificar cualquier acción para despojar a sus actuales poseedores, sobre todo si "no tienen cabeza". Que cualquier emprendimiento comercial o industrial es bueno por su "derrame". Incluso la servidumbre. Que los que "no tienen cabeza" tienen derecho a sobrevivir, sí, pero mansamento sin exigir mayor bienestar. Que su trabajo vale más que el de otros, más operativos, menos creativos, más repetitivos. Que tienen más derecho a opinar y que tienen más derecho a que sus opiniones sean tenidas en cuenta. Que tienen derecho a ser escuchados pero no tienen la obligación de escuchar "pavadas". Que la autoridad debe ser siempre obedecida. Que la obediencia es un valor casi supremo y que el cuestionamiento no es elegante. Que las cosas no se dicen directamente, sino sólo cuando no hay más remedio y con eufemismos e incluso mentiras.

O sea, que hay jerarquías de personas con todo lo que implica, autoridad de opinión, derecho de mandar, obligación de ser escuchados u obedecidos, derecho a aspirar en base a algún mérito.

Yo tomo estudiantes en mis materias poco después de que comienzan o promediando la carrera. En algún caso los he tenido en varias materias y los he visto madurar. En otras ocasiones, he sabido de ellos nuevamente ya recibidos.

Lo que noto es que en mi carrera (Informática), los jóvenes, a medida que aumenta su experiencia laboral, se van torciendo a la derecha.

No creo que tenga que ver con la madurez porque grandes pensadores, en la medida que se han ido poniendo sabios (lo digo porque las cosas que dicen trascienden y son objeto de reflexión) suelen alejarse de la derecha hacia algún otro lugar.

Yo creo que tiene que ver en parte, con el adoctrinamiento que sufren a través de las empresas, y la publicidad.

En las empresas les hacen sentir que son parte. Y ellos interpretan que eso significa que una parte de la empresa les pertenece. Se la apropian, se la visten. Una falacia del razomiento. La persona le pertenece a la empresa y no al revés.

Ponen consignas manipuladoras en los mails, las charlas al personal. Imponen cursos de integridad, de políticas de la empresa, de compromiso con la visión y los valores, maquillan un credo a partir de la misión de la empresa. Y es permanente. Premian, premios simbólicos o no tanto. Reconocimientos.

Por el otro lado también aleccionan. Cuando de inflan un poco, te tiran un par de hondazos para que bajes: una rotación, una freezada. Te dosifican los aumentos en forma discrecional. Te exigen cada vez más, te alejan la zanahoria. Te desnaturalizan tu mejor forma de hacer las cosas con exigencias que te alejan de tu óptimo. Te imponen tareas improductivas. Todas cosas para disciplinar.

Por un lado te exigen creatividad y proactividad y por el otro te ponen trabas y límites. Te lanzan una batería de sánimos y desánimos en forma directa o bien indirecta a través de "castigos" aleccionadores hacia otros. Generar una ética del individualismo, el chupamedismo y la delación incluso.

Todo eso y mucho más, en cuentagotas y disimuladamente. Porque dicho así cualquiera se resistiría para no sentirse un imbécil, pero el truco está en hacerlo suavamente y de a poquito como el sapo del consabido ejemplo.... Me refiero a eso que circula acerca de por qué un sapo puede morir hervido sin resistencia. Se lo pone en agua fría y se calienta muy de a poco. El sapo no percibe el cambio y por tanto no registra el peligro hasta que está hervido.

Del mismo modo la gente es sometida a un sinnúmero de instrumentos sutiles y es muy difícil darse cuenta cuando estás en la mira. Los mimos y las mentiras blancas tranquilizadoras permiten que uno dócilmente acepte una vuelta de tuerca más.

En Informática aún más que en Administración, Economía y Contador Público, El recibir mejores sueldos porque coyunturalmente estamos de buenas nos hace un poco cómplices y ciegos.

Y de a poco vamos incorporando esos credos de más arriba.

Yo he visto la transformación en tantos pero tantos...

Las promociones laborales, son casi mágicas al respecto. Los más rebeldes y cuestionadores se convierten en fundamentalistas del orden, de la estructura, de la empresa.

Y cuando tienen 3 ó 4 años de experiencia laboral en empresas, ya casi no tienen una conciencia social, más que a través de la lástima o la caridad.

Se hacen neodarwinistas. Pueden mantener un discurso más humanista pero sólo a efectos de corrección política.

Y no son más maduros, por el contrario, son más infantiles, más dependientes, más ingenuos. Aún cuando ellos mismos (creyéndose originales en sus ideas) empiezan a implementar esos mismos mecanismos de manipulación para la formación de la gente a su cargo y diseñan los incentivos y elucubran los castigos, sutiles para no generar resistencias ni alterar los ánimos. Ni aún cuando ellos mismos lo hacen, toman conciencia del proceso que les fue aplicado.

¿Cómo se los rescata?

Algunos, los que no llegan a la cumbre (los más) y son expulsados finalmente, vomitados por las empresas que se sirvieron de ellos y dejaban como al pasar, sembradas algunas ilusiones, sin saber cómo valerse por sí mismos, infantilizados, obedientes sin confianza en la propia iniciativa, recién ahí algunos toman conciencia. Pero es tarde para elegir otro camino y sólo queda el resentimiento, el dolor y la sensación de fracaso o de haber sido un idiota útil. Es tarde para hablar de unirse.

Han perdido la capacidad de solidaridad, saben dividir la tarea pero no saben cuidar unos de otros y apoyarse.

El imán económico e individualista de la derecha, los esclaviza y los fagocita, los disgrega, los desmembra.

Y si antes de la decepción, mucho antes, cuando se creen omnipotentes, florecientes, sin techo, sin límites, se hacen docentes, el daño se potencia.

La conciencia se anula antes. El humanismo se anestesia de plano. Se les inyecta hormonas al pragmatismo y la falta de escrúpulos.

Yo que a veces los veo crecer a veces miro con tristeza como maduran en sus formas y cómo se alejan de los otros, de la empatía, cómo se hacen individualistas, cómo se subsumen en el pensamiento único.

Y yo estoy segura de que tal vez ellos me miran a mí y piensan que me he quedado. No que he retrocedido y me he bajado. Yo sé que dejan de querer escucharme porque sienten que mi discurso "tira para atrás", es pesado, reiterativo.

Seguramente una parte de mí que no se da cuenta de sus limitaciones.

Pero gran parte de las cosas que digo y hago son elecciones concientes, e incluso renunciamientos. Tal vez equivocadas, pero concientes.

Y si, produce el mismo efecto de alejamiento tal vez.


Buenas noches.



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