martes, 31 de agosto de 2010

El juego, esa máquina de aprender I

Aprendemos mejor cuando jugamos. Algunas personas acuerdan de palabra, otros realmente creen en esto y otras piensan que no es así. Pero mi experiencia y mis estudios me han conducido a creer profundamente en esto.

A veces el desacuerdo proviene de preconceptos alrededor de definiciones iniciales. Así que intentaré dar las mías respecto a dos aspectos claves.

Una es entender la diferencia entre aprender y reproducir y la otra es saber qué es un juego y qué niveles de juego hay.

¿Por qué una cosa es aprender y otra reproducir o copiar exitosamente? ¿Cuándo decimos de alguien que "no aprendió"? Cuando vemos que en una situación no puede aplicar una solución o respuesta que sabemos que sería exitosa y tampoco puede construir una respuesta comparable en eficacia o pertinencia. ¿Cuándo ocurre esto? ¿Qué es lo que hace que alguien pueda "trasplantar" una solución de otro problema a éste que le ocupa ahora? Cuando ha podido identificar aspectos claves y las relaciones relevantes que le confieren sentido y puede reconocer los mismos elementos y estructura en otras situaciones y ver cierta analogía o puntos en común entre ambas.

Esto implica dos cuestiones: tener la capacidad de identificar ese esquema en el problema original (contexto), poder aislarlo y despejar los aspectos superfluos a ese esquema (esto puede requerir varios intentos y ensayos). Esto permite que esa persona puede modelizar un esquema que reconocer en otras situaciones sin perderse en detalles irrelevantes.

Y esto lo da la experiencia.

Y aquí uno podría decepcionarse. Porque experiencia suena a palabra seria y a trayectoria de años. Pero no es así. Experiencia es ensayar, analizar y establecer alternativas, y repetir el proceso varias veces. Mapeando el esquema en situaciones distintas una y otra vez. Este proceso puede ser arduo y aburrido excepto en el juego. En él podemos reiterar ad infinitud las mismas estrategias adaptándolas a las variantes de cada juego (mano). Ese ensayo con variaciones hace "mía" esa estrategia, le imprime mi sello (así no sea exitosa). Cuando logro adueñarme de ella, sé cómo funciona (o pretendo saber), sé sus alcances, su potencia, su ductilidad, etc. Ese contacto íntimo es el conocimiento adquirido por el proceso de la experiencia.

Sólo a partir de entonces lo puede extrapolar a otra situación. A esto lo llamo "apropiación" del conocimiento. Hacerlo parte de uno.

El otro es el problema del juego. El juego no es un contenido "maquillado" de juego, una "actividad" que presentamos como divertida. Cuando jugamos intervenimos como jugador pero en muchos casos también como formador de reglas, modificándolas o manipulándolas, ensayando cómo funcionan, qué efecto producen, cómo hacerlas cumplir a otros y qué recepción tienen. Trabajar sobre las reglas es también parte del aprendizaje pues da un conocimiento sobre el papel que juegan las variables, su relevancia y su impacto en el resultado. El juego simula un proceso o parte de él y el generar clones mutados posibilita comprender cómo puede verse afectado ese proceso.

Apropiarse de ese conocimiento permite incluirlo como recurso, instrumento. Son los recursos y los instrumentos los que podemos elegir y aplicar en una multitud de situaciones.

Lo que no se apropia se olvida en algún tiempo.

Pero además de la posibilidad de manipulación y visualización de efectos sobre el resultado y sobre otros, el juego genera emoción. El resultado que produce funciona de premio o castigo y califica a la estrategia que se aplicó para jugar. La emoción frente a las reglas (recursos y restricciones) y a los resultados hace que repitamos o descartemos estrategias.

La emoción fija los recuerdos. Cuando ligamos algo al placer (obtener un resultado, eficacia) es muy probable que no lo olvidemos. El hecho de convertirnos en "descubridores" de los activos de nuestro conocimiento, hará que los atesoremos y los cuidemos muy bien de dejarlos perderse. Del mismo modo, aquello que se relaciona con el dolor, la sensación de fracaso-pérdida (lo que deberíamos evitar), en la mayoría de la gente, producirá que evitemos ese recuerdo.

(Como este post había quedado exageramente largo (de por sí, todos los son) tuve que omitir partes que seguramente dejaré para otro post.)

Buenos días.



DELIMITACIÓN DE RESPONSABILIDAD: Todas las afirmaciones de este blog son libres interpretaciones mías, sujetas a posibles, abruptos y arbitrarios cambios de opinión sin aviso previo.




viernes, 27 de agosto de 2010

La información, esa maldición tan deseada VI

La información, que hemos mencionado como mensaje (entre otras concepciones), en realidad es bastante más que eso. Es dinámica, lábil, muta de emisor a emisor y de emisor a receptor y entre receptores llegado el momento de la discusión, produciéndose nuevos mensajes.

El conocimiento al que refiere la información es dinámico y se ve afectado entre otras cosas por el tiempo, la forma y los distintos cortes que se hagan sobre ella (planos de análisis que lo atraviesan y ponen de manifiesto ciertos aspectos y dejan fuera otros). Estos recortes de conocimiento que constituyen el cuertpo de distintos mensajes tienen valores distintos, en sí mismos y desde el punto de vista de distintos receptores (interpretación y valoración).

La diferencia de interpretación entre receptores tiene relación con el conocimiento previo del receptor, sus creencias (no necesariamente racionales), sus preferencias, sus intereses y las influencias que operan sobre él en el momento de recibir o evocar el mensaje informativo.

Es el emisor quien le imprime el formato y elige el canal. También quien selecciona parte del contenido: el contenido intencional. Hay una parte del contenido, parte de las circunstancias, parte de las actitudes, parte de las decisiones (apresuramientos, postergaciones, prolijidad, detalles) que no son intencionales pero que también brindan información acerca del receptor y sus intenciones o intereses.

Es el emisor quien decide (siempre en parte) el momento de la emisión del mensaje y los recortes que hace sobre el conocimiento que transmite: qué incluye y qué excluye, y qué agrega como condimento, color u opinión. Y además, la disposición de las entregas y el canal elegido. La elección del canal también es información.

En casos de manipulación o de propaganda, la responsabilidad es mayormente del emisor que tiene mayor control (no todo pero sí mayor) sobre la información que se emite.

El receptor no siempre puede lograr que el receptor mejore las entregas: frecuencia, profundidad, formato, canal. Puede llegar a tener un control, guiado por su interés. Implementará estrategias que todos en mayor o menor medida conocemos. Buscará otras fuentes, introducirá errores y transmitirá el mensaje para ver las reacciones (sacar de mentira, verdad), recurrirá a expertos o buscará las críticas, para conocer otros recortes, otros ángulos y poder completar aquello que considera ausente.

Pero hay un caso muy difícil de manejar por parte del receptor y esto es cuando el emisor implementa una estrategia combinada de eufemismos y fragmentación en el tiempo y en el contenido, que sólo un historiador profundo (no me refiero al título sino a la función, aquel que recorre la historia y enlaza críticamente los eventos) puede revisar.

La fragmentación del contenido opera eliminando relaciones. El conocimiento, como mencioné en alguna otra oportunidad es una estructura dinámica, cuyas componentes están unidas por relaciones significativas. O sea, las relaciones no son un detalle, sino completamente medulares e intrínsecas. Le dan entidad al conocimiento, hacen que sea eso y no otra cosa distinta. Por lo tanto, hay que ser cuidadosos con los recortes, con el alcance del conocimiento. La fragmentación reduce la complejidad y hace que algo muy complejo pueda ser abordado con mayor seguridad y profundidad. Pero lo que no hay que omitir es la reconstrucción del todo, restableciendo las relaciones de esas partes y observando qué efecto producen. Frases como "vayamos por partes", "eso es otra cosa", "ese es otro tema", "eso no tiene nada que ver", está eliminando relaciones que aquel opera como receptor reclama. En una instancia de análisis es sano y óptimo recurrir al recorte, pero luego se impone una etapa de síntesis en donde dichas frases son lesivas del conocimiento: le amputan relaciones significativas.

La fragmentación en el tiempo, también opera eliminando relaciones. Hechos que tienen continuidad, en virtud de convenientes postergaciones pierden también relaciones perdiéndose intenciones, motivos, causas, consecuencias. Un hecho del pasado puede tener consecuencias hoy. Si las analizo aisladamente pierdo la relación de causa y consecuencia, produciendo una amputación del conocimiento, pierdo esa causalidad que es contitutiva de ese conocimiento.

Esto ocurre muy frecuentemente entre el poder político, el poder económico y es el periodismo quien refuerza o desarticula estas estrategias de fragmentación. En la puja entre poder político y poder económico, o en su connivencia, si se suma es un instrumentador clave de estas estrategias o por lo menos un cómplice de ellas.

Nosotros los que estamos sumergidos en nuestros problemas no podemos hacer ese trabajo de historiador y ante la ausencia de "historiadores", resultamos manipulados por estas estrategias.

Suena conspirativo, pero no lo es. Las estrategias de este tipo exisen, pero no son infalibles, pues nadie, por más eficiente y genial que sea, corporación o persona, puede tener el control total de la información que se transmite, ningún emisor lo tiene.

Siempre quedan huecos no cubiertos por donde socavar la estrategia.

Buenos días.



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jueves, 26 de agosto de 2010

El conocimiento, la información y el error I

El error siempre ha tenido mala prensa pero últimamente se le ha estado reconociendo su gran contribución al desarrollo del conocimiento humano.

Es fácil experimentarlo, alcanza con dejar un grupo de niños resolver un problema "vestido" de juego. Alguno comenzará por algún lado, luego el otro le quitará las cosas y riendo o elevando la voz entusiasmado por lo que "ve" corregirá o bien agregará algo más camino a la solución. Un tercero intentará algo distinto bien porque no llega a ver la solución que vieron sus compañeros o bien porque ve el asunto de una forma muy distinta. Si todos son más o menos seguros de sí mismos, estarán sacándose los objetos e intentando partes, retrocediendo y avanzando hasta que lleguen a la respuesta. Los niños, si el juego no fue demasiado fácil, habrán cometido pequeños errores que al mostrar un desvío hará que "dibujen" en su mente finales de camino que no conducen al éxito. Eso los hará corregir. Mantener en su cabeza ese fin y comparar los resultados hará que descarten los ensayos menos adecuados y ensayen nuevas alternativas cada vez más cercanas.

Pero el niño, inmerso en el juego, no atiende a estos errores. Si no se premia a uno sino a todos, incursionarán libremente por todos los errores que encuentren, incluso se divertirán con algunas de sus derivaciones y no percibirán al "error" como algo vergonzoso.

En la historia del hombre, esto ha estado ocurriendo en forma no tan divertida. Algunos hombres han vivido toda su vida tratando de demostrar una teoría errónea. Pero otro observador ha estado tomando notas, inconcientemente y ha estado explorando otras alternativas profundizando en puntos específicos de donde derivar una o más alternativas. Finalmente alguno encuentra el camino del laberinto y alcanza una solución. Se le atribuirá el éxito. ¿Pero ese éxito se debe sólo al último camino explorado? ¿O también a los descartados? Si no se hubieran "filtrado" las soluciones incorrectas, ¿qué probabilidades de alcanzar la solución habría?. Cuanto más simple el problema, más probable. Pero en la medida que el problema es más complejo, o sea, influyen mayor cantidad de variables desconocidas, mayor cantidad de errores serán necesarios para la depuración de las líneas de ensayo.

El error es el filtro necesario para reducir la cantidad de caminos de investigación. Encontrarse una variable desconocida parte del problema inicial puede ser un problema en sí mismo e incluso llevar toda una vida. Y postergar la solución hasta después de resolver esas variables de forma más o menos controlada.

Sin duda en la vida diaria, los problemas que encontramos son más sencillos y pueden ser resueltos, la mayoría, en mucho menos que una vida, pero no por eso son menos valiosos. Es en virtud de los caminos que descartamos que se construye nuestra experiencia. Y todos, naturalmente, tarde o temprano reconocemos el valor de la experiencia como casi una garantía de conocimiento. Y la realidad es que el saber hacer implica conocer pero además "saber conocer": esos errores que fueron superados, configuran un procedimiento para encaminar los pasos correctos que llevan a la solución. Es en función del error que se optimiza la consecución del éxito en el trabajo, a partir del diseño de estos filtros.

Cuando el niño se quema o ve a otros quemarse, aprende a evitar la quemadura y a lo largo de su vida incorporará conductas, hábitos cada vez más eficaces y numerosos para evitar el accidente que ya conoce. Es el conocimiento de la existencia de la quemadura y sus efectos, lo que hace que el niño desarrolle estrategias para evitarlas.

En la película, "la familia del futuro", precisamente la familia "felicita por un nuevo fracaso", pues es una forma de reconocer que ahora está más cerca del éxito y no más lejos.

Bienvenido el error. Pues es precisamente él quien genera la información necesaria para la construcción del conocimiento.

Buenos días.

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miércoles, 25 de agosto de 2010

La información, esa maldición tan deseada V

Ya mencioné en el post anterior (que había omitido publicar) el tema del poder o a la ilusión de poder que genera el "obligar a hacer" o "impedir que haga" el otro.

Y también, resumiendo, esta acción de fuerza, el obstáculo, se convierte en información y en conocimiento.

En información, como mensaje. De un cambio de actitud, de una determinación, de la disposición al uso de recursos, del progreso o intensificación del acto (en caso de no ser la primera vez), de la amenaza incluso, de las circunstancias (justificadas o no) que dan origen a la medida.

En información, como estímulo. Es también un desafío, una medición de fuerzas, una espera de la próxima jugada. Quien toma una medida de este tipo, necesariamente (aunque no lo tenga presente), sabe, siendo adulto, que algún tipo de respuesta obtendrá. Aún si es ignorado. Ser ignorado es también una respuesta.

En información, como respuesta. Tanto sea la acción, una respuesta a las circunstancias que le dieron origen, o sea la respuesta que se produce por la acción, se produce un diálogo, no necesariamente amistoso.

En conocimiento porque la mera posibilidad de que ocurra una vez un evento dado hace que ese evento se convierta en parte de los escenarios posibles. Y eso, es conocimiento.

Pero sin llegar a cortes, ni a marchas o paros, todos hacemos uso en algún momento de modestas demostraciones de poder.

Es común que en las multinacionales y en los organismos públicos, una burocracia mal entendida y el anonimato que brinda el número en el que el UNO se oculta, posibilitan que los controles se tergiversen y se conviertan en obstáculos.

Un control en un procedimiento, cumple una función de filtro. Este filtro tiene por objeto mejorar la calidad de la información. Lo que no pasa el filtro se corrige o se descarta y lo que pasa el filtro garantiza un nivel de calidad aceptable para lograr un resultado robusto.

Ésta es la finalidad del control.

Hasta aquí, un control es algo positivo, deseable, útil y eficaz.

Pero hay varios dos aspectos importantes del control (entre varios otros). Uno es el costo de transacción y otro la complejidad del flujo.

Respecto del costo de transacción, éste es un costo que se genera en la desconfianza en el hacer (por decirlo con simpleza ilustrativa), la pericia o la intención del otro, lo que da origen al control. Y para implementar el control, debo necesariamente incurrir en un costo. Aún sin aplicar recursos físicos, monetarios o humanos adicionales, algo realiza un control, un sensor, el propietario, y su aplicación insume tiempo y además detiene el flujo del proceso en curso, por más integrado que esté.

Tomar en cuenta el tiempo del control no quita que esté insumiendo tiempo, sólo que lo tengo en cuenta.

La variable tiempo, casi siempre tiene costo. Si estoy pagando un sueldo, si estoy haciendo uso de energía, ni qué decir si estoy utilizando medios físicos, los más fáciles de controlar.

Por lo tanto, cuando implemento un control, incurro en un costo, que proviene de la desconfianza.

Pero el control tiene por objeto detectar condiciones irregulares o nocivas, nocivas para la calidad. Y cuando el caso cae en un borde, en un límite, entra la discrecionalidad. La discrecionalidad es el hueco en donde anida el obstáculo.

La otra es la complejidad. Si incurro en un control, debo decidir qué acción tomaré luego. Cómo respondo a ese control. Y eso genera alternativas y cuantas más alternativas hay, mayor también la cantidad de recursos involucrados (incluyendo dinero y tiempo).

A veces por el mero placer de demostrar la propia pericia en detallar el control, el orgullo de ver lo que otros no ven, y otras por el deseo de ser notado, de ser tenido en cuenta y las más por la necesidad de mostrar las falencias del propio control o del procedimiento, el operador "anula" su sentido común y aplica el control estrictamente.

Esto es "trabajar a reglamento", no pongo nada de mí, aplico la letra como más objetivamente puede ser interpretada, de modo que se convierta en obstáculo.

De este modo, el hueco, la necesidad de mí que tiene el proceso, me otorga el espacio de ser obstáculo.

Todos en algún momento nos convertimos en el obstáculo. Por meticulosidad, por enojo, por necesidad de ser vistos.


Buenos dias.

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martes, 24 de agosto de 2010

La información, esa maldición tan deseada IV

He estado revisando lo que he escrito y veo que siempre escribo sobre lo mismo, sobre cómo la información nos dice qué ver y qué ignorar, cómo nos conduce por un camino u otro y en las notas que no llevan el título de la serie "La información, esa maldición tan deseada", TAMBIÉN. Bien, igualmente ya sabía que no iba a medrar en la Historia ;)

Uno de los principales problemas al tratar el tema de la información y el conocimiento es precisamente diferenciarlos. Recientemente leí algo (ahora no recuerdo qué ni dónde sino la idea) que coincidía con mi pensamiento pero le ponía un moño además. Y era precisamente la relación entre información y conocimiento.

El conocimiento debe circular libremente porque sino se estanca, no progresa, no crece, no se crea ni recrea, no se innova, no posibilita el descubrimiento ni el invento. Es al compartir el conocimiento cuando se potencia, se abren más ojos y cerebros y finalmente alguien, en el pináculo de los errores ajenos y propios, escribe una nueva premisa que todos abrazarán o sentirán que también ellos habían descubierto o inventado.

Es el error y la discusión (palabras tan feas pero tan importantes) las que posibilitan que esos pocos accedan a esa cumbre. Esa cumbre que apenas se toca desaparece. Gracias a los caminos fallidos que no se volverán a recorrer, se acota el itinerario y se alcanza el destino. Y es en virtud de esa experiencia que se produce durante el recorrido de todos esos caminos, ese conocimiento auxiliar, que no hace al punto pero que lo hace posible, que llegará, en algún momento, claro, despejado, el enunciado nuevo o reformulado.

Pero la información, ¿qué es la información? Hay montones de definiciones. Y uno piensa en el contexto que le dio origen a cada una, parece que es la que mejor la describe. Y luego vamos a otra y también nos parece la mejor porque estamos condicionados por cómo se presentaron las circunstancias originales. Todas parecen estar bien.

El enfoque de la electrónica se desentiende del contenido y la forma. Le interesan aspectos tecnológicos, como el canal, la cantidad de información, ruido, interferencias, la emisión y la recepción del mensaje y como resultado, la fidelidad con que se recibe el mensaje. Más allá de las interpretaciones, contenido, intención, consecuencias, aspectos todos ajenos al alcance. Es interesante el concepto de cantidad de información, pues esto es un aspecto que podría extenderse (con otro significado claro está) a otros campos con gran beneficio.

Información como mensaje. Sí, sin duda, el mismo "contenido" expresado de distintas formas, difundido por diferentes canales, con distintos originadores y destinos, puede hacer grandes diferencias. Ésta es la definición que surge de la ciencia social de las Comunicaciones. Y su consecuencia inmediata es la Publicidad, la Propaganda, las Campañas, tanto como difusión como manipulación.

Pero el resto de las disciplinas también tienen su enfoque de la información. La Ética y la Sociología atienden a las consecuencias o a lo que genera, la Publicidad al efecto buscado, su pariente no reconocida, la Propaganda, la creación de conductas o incluso la manipulación. La Política, como arma de contienda. Aunque no todas estas disciplinas estudien el fenómeno de la Información específicamente, ésta adquiere no ya matices, sino atributos completamente distintos.

(Y mi especialización es la Información en las Organizaciones, la información en varios tipos, cómo ingresa, se depura, se circula, se crea, se transforma y se dispone, y qué efectos produce.)

La Información, entonces, ¿es parte del Conocimiento? ¿Está antes, después, afuera, adentro?

La información como flujo, para mí, es una buena metáfora. Como el flujo, circula y tiene mayor o menor ductilidad para tomar la forma de su contenedor o su canal. Como el flujo, el estancamiento la deteriora. Como el flujo, arrastra partículas a su paso, incorporando algunas y abandonando otras y en sí misma, por el solo hecho de circular, se transforma, aumenta, disminuya, se contamina, se purifica.

Es anterior al conocimiento. Cuando se agrega (no se "suma") a otro flujos, contribuyen a construir esa estructura y cuando se incorpora a ella pasa a ser parte del conocimiento.

Está afuera. Los flujos, lábiles que circulan alrededor modifican la mirada sobre el conocimiento obligándolo a evolucionar. Otros flujos, atentan contra la estructura de conocimiento y la ponen a prueba. Y otros tal vez colaboren a reforzarla.

Está adentro. El conocimiento no es una estructura estática. Es dinámica. Se mueve. Se agregan nodos y cambia sus relaciones, se descartan nodos y se modifican relaciones. Las fuerzas que producen esos cambios, son los flujos de la información.

Es posterior al conocimiento. Para sobrevivir, el conocimiento necesita difundirse, buscar nuevos recipientes que lo pongan a prueba y lo actualizan. La información es entonces, el transporte de ese conocimiento y de sus cambios.

Por ahora nada más (de este tema), tengo en venta un auto (más abajo).

Buenos días.

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¿Voluntariado? ¿Solidaridad?

Después de unos cuantos años de haber conocido gente, e incluso haber descubierto a veces otra gente detrás o bien dentro de esa gente, le desconfío a algunos "valores" y a muchas "bienintencionadas" fundaciones, asociaciones, grupos de filosofía, metafísicos, de espiritualidad o del nombre que utilicen como anzuelo.

La mayoría de nosotros va por la vida, al encuentro de las buenas intenciones de los demás, más allá de los malos humores eventuales, de las rebeldías, o infrecuentes abandonos o perezas. En general, la mayoría de la gente es buena y va por el mundo viviendo como mejor puede sin intención de dañar o manipular a los demás. Pero tampoco hacemos de eso nuestra causa última y por eso somos militantes activos por omisión, de la inmensa grey de tibios que Dios vomitará de su boca.

Pero hay algunas personas, muy a su pesar (para mí) siniestras que manipulan y engañan a aquellos que buscan explícitamente el bien.

Yo soy miembro, pasivo por el momento, de la red Idealistas.org. Diariamente recibo en mi correo el informe de las asociaciones y fundaciones que se suman a la red. Cuando esta red comenzó era más "sana". Pero últimamente veo montón de grupos esotéricos, medio fascistas, de esa rectitud sospechosa de cazadores de brujas, de esos que etiquetas a la gente y a tu pensamiento con palabras como "recto", "sano", "saludable", "bueno", "espiritual", u otras que salen al "rescate" de valores perdidos. Y ese olorcito a recalcitrante y soberbio, me produce náuseas y a veces temor.

Señores, los seres humanos navegamos en una corriente contra la que poco podemos hacer. Nos adaptamos. En circunstancias hostiles, solitos reaccionamos y salimos en busca del que puede menos y del que puede más, para salir juntos a flote.

El hombre va cambiando de valores, y está bien porque el mundo cambió. Si tenías un jardín y tu ciudad se hizo desértica, deberás cambiar tus plantas tropicales por cactus. ¿De qué sirve insistir en cultivar flores que no podrán sobrevivir sino en un ambiente que de tan controlado es imposible? El trasfondo, el amor a la vida y a la belleza, se puede cultivar con rosas o con cactus, con un ciprés, una palmera o una enredadera.

No es cierto que la gente sea menos solidaria hoy. Sólo que hoy las cuestiones importantes son otras. La gente tiene otras necesidades y seguimos con la caridad del 1800, el viejo "valor" de asistir al desvalido para que siga siéndolo y poder continuar siendo "más".

Y dejamos espacio para el engaño, para que aparezcan falsos gurúes, falsos profetas, falsos filósofos con lemas nocivos, manipuladores, que promueven la inacción, la pasividad, la confianza narcotizante del "laissez faire", el universo vendrá en tu ayuda, no muevas un dedo, la negación de "soy pródiga y todo lo puedo", eligiendo cuidadosamente las palabras de la negación para que mágicamente, lo torcido, lo falaz, lo nocivo, desaparezca.

No quiero ser malinterpretada. Yo creo profundamente que lo que decimos y pensamos hace que las cosas sucedan. Si hablamos de lo malo, atraemos gente negativa que se engancha con lo malo, con lo que mi visión del mundo empeora y me empuja a cuasi-submundos de entes que esperan inconcientemente que la muerta los redima. Pero no lo creo como algo mágico sino como algo lógico.

Para que nuestra vida cambie, tenemos que hacer cambios. Si meditamos por placer o por descanso está muy bien, pero si meditamos confiando en los poderes mágicos de la meditación, veremos pasar la vida por el costado mientras aguardamos ilusionados tras una ventana cerrada.

Por eso yo creo que emprendimientos como "Bancos de horas", "Talleres de capacitación", "Actividades recreativas", "Arte", "Encuentros de emprendedores". Haciendo se hizo el mundo. Bien o mal, pero se hizo, y la gente que se moría de fiebre amarilla, se salvó por la penicilina (por dar un ejemplo). Y eso no llovió como maná en el desierto. Mucha gente se quemó las pestañas, muchas personas fatigaron tardes y noches enteras a disertar con amigos, enseñaron, fracasaron para que dos o tres personas, finalmente lograran un cambio. No fue la inacción, fue la acción.

Argentinos a las cosas. Encontrarse con los otros, sí. Divertirse, compartir la alegría, sí. Ser parte del cambio, sí. Ser parte de la calidez, sí. Ser parte del análisis y la propuesta, sí. Ser parte de la acción, sí. Confiar y tener fe, sí. Salir en busca de las oportunidades y la gente, sí.

Y también, por qué no, ser parte del error. El error, esa gran escalera al éxito.

Dar vuelta la cabeza y negar, Quedarse esperando milagros, criticar, quejarse y encapricharse, sólo deberían ser permisos, berrinches, cuando transitoriamente nos quedamos sin fuerzas. Pero en el balance no nos puede dar que es más lo que nos quejamos que lo que hicimos y transformamos.

No tiene por qué ser una carga. Actuemos siguiendo nuestro placer en emprendimientos constructivos, de cualquier tipo.

Pero la acción, el estar, el conocer en el terreno, el experimentar es la única forma de evitar que vengan a manipularnos con ideas bonitas, bien pulidas y pensadas para controlar nuestra voluntad.

Y evitemos esas evangelizaciones de ideas paralizantes.


Buenos días.


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jueves, 19 de agosto de 2010

Piedra, papel o tijera

Seguramente muchos ya lo habían pensado pero nunca me había detenido sobre este juego.

En Juegos de Guerra, el mismo peligro de guerra se anulaba cuando la computadora central "aprende" (de sus propios errores) que no habría ganadores, que no es posible que haya ganadores, en una situación de guerra. Sin duda que para llegar a esa conclusión deberían cargarse reglas que contemplen cuestiones mensurables directa o indirectamente y algunas más como un criterio bajo el cual decidir qué es perder y qué es ganar. Tema no menor. Estos aspectos no están en la película, se apela a la emotividad como criterio universal para decidir que no hay ganadores.

Pero el juego de piedra, papel o tijera es mucho más simple. Tan simple como enunciar unas pocas reglas.

-Se decide una única vez y sin saber qué decisión tomará el contrincante.
-No existe una única posición de máxima, cada posición presenta debilidades y fortalezas: el papel envuelve a la piedra, la piedra rompe a la tijera, la tijera corta al papel.
-Juegan exactamente dos jugadores

La primera regla limita la decisión a información previa, propia del sujeto. La segunda es la que presenta los recursos que podrán o no ser efectivos en una situación particular, sujeta a la decisión del otro. La tercera es la que permite acercarse a la afirmación de que habrá solución, si los jugadores eligen elementos distintos.

La realidad es más compleja que esto, pero el hecho de confrontar dicotómicamente dos alternativas resulta en una simplificación que, extendida a otras situaciones, permite abordar problemas muy complejos.

Pensamos dicotómicamente muy frecuentemente, no sé si fue una estrategia que desarrolló el hombre a lo largo de su historia, o si hay alguna causa fisiológica, química, eléctrica que nos condicione a desarrollar pensamientos dicotómicos.

De hecho, casi todo lo que nos rodea desde que nacemos es dicotómico en algún nivel. La misma educación materna es dicotómica. El ¡NO! a niños y mascotas es la forma más simple de habilitar o desalentar una conducta. Adiestramiento.

Las decisiones que tomamos a diario lo son, hacemos o no hacemos, permitimos o vedamos, abrimos o cerramos.

¿Es una forma precaria?

Desde el concepto del Bien y el Mal que imagino que llevó muchos siglos y esfuerzo esbozar (no sé cuán natural es), todo lo remitimos a estas categorías, aunque sean lábiles. En un instante, en una situación particular, hay dos estados posibles. Y pueden ser opuestas en otras circunstancias.

El otro aspecto es que debemos fijar las condiciones circundantes para anular la labilidad. Las circunstancias, el contexto. Las reglas bajo las cuales las conclusiones y la elección del ganador, son válidas.

Ninguno de los tres elementos es per se ganador. Depende de las estrategias, y depende del contexto. Elegimos nuestra "arma" y sólo una dicotomía nos lleva a una posición de ganador o perdedor.

Ahora, por qué este pensamiento estuvo dando vueltas en mi cabeza estos días, lo ignoro.

Buenas noches

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