miércoles, 27 de marzo de 2013

El peor invento.

Yo sé que no es fácil de aceptar para muchos y que es aún mucho más difícil de encontrar salidas para aquellos que piensan igual que yo. Pero para mí el peor invento del hombre ha sido el dinero.

En realidad funciona como un virus.

Anoche le contaba malamente a mi compañero, ya medio dormidos los dos, lo poco que recordaba de la teoría de Burroughs sobre la palabra. Burroughs dice que la palabra es un virus.

Ahora recuerdo poco y mal. Seguramente cuando transcriba las páginas de Burroughs a "Nada que ver con nada", mi blog de lecturas conmocionantes, tendré más frescas las cosas y tal vez ahí deba corregir este post o bien directamente eliminarlo si es que no acerté a la idea principal.

Antes quiero compartir dos recuerdos que tienen algo que ver. Cuando tenía 20 más o menos, una amiga había entrado en Bioquímica. Ella me contó que no había acuerdo sobre cómo definir un ser vivo. Algunos daban 4 condiciones para clasificar a un espécimen como ser vivo, otros más, otros menos. Las funciones varían desde nacer, mantenerse (nutrirse), desarrollarse, reproducirse, relacionarse y morirse, a sólo nutrirse, desarrollarse y reproducirse. Recuerdo que ella me había dicho que de acuerdo a la definición vista en su cátedra los virus no se consideraban seres vivos. Ya cerca de los 30, fui a una excursión ecológica a la Isla Martín García. Allí visitamos unas ruinas y vimos la crisálida de una mosca que inyectaba "algo" (no sé si una toxina, o qué) a la planta produciéndole un cambio en su ADN y haciendo que la planta cambie su forma de crecer para hacerle la crisálida a su larva. Yo me traje la crisálida. Parece una vasija, perfecta (luego si la encuentro le sacaré una foto y la subiré a este mismo post), con una boca, por donde salió la mosca adulta luego de finalizada su etapa larvaria. Esa vasija era parte del mismo tallo, modificado genéticamente, tal como hacen nuestros ingenieros genetistas hoy en día, pero en forma "casera". O sea la mosca, cuando necesita, transforma a la planta anfitrión, genéticamente, para sus propios fines de reproducción.

Burroughs dice que la palabra es un virus. Compara al hombre con otras especies similares y muestra cómo evolucionó transformando su aparato fonador a la medida de la palabra hablada. Constitución que no han desarrollado otras especies. Dice también que los virus mutan en cepas cada vez más eficientes en ser incorporados por su anfitrión. O sea, un virus se instala en un ser vivo y el virus alcanza la perfección cuando el anfitrión deja de rechazarlo, cuando el anfitrión no muere, sino que incorpora los cambios que requiere el virus para vivir sin que el anfitrión note su presencia. Personalmente me recuerda al concepto de simbiosis, pero no puedo asegurarlo pues no soy especialista en el tema. Y tampoco sé si la definición de virus de Burroughs o mi interpretación es muy ajustada o adolece de errores de traducción o comprensión. (VER NOTA AL PIE: 23 de abril de 2013)

Y no recuerdo si él mismo lo escribe pero sí recuerdo haber leído que por ejemplo, los virus que producen algunas enfermedades que son transmitidos por insectos, el transmisor no se enferma, simplemente porta el virus. Ese podría ser el objetivo del virus. Y para eso muta, para lograr una cepa no dañiña para el anfitrión. Lo que sí menciona Burroughs es que probablemente las primeras cepas de la palabra hayan matado a sus anfitriones, ahorcándolos un posible excesivo desarrollo de sus cuerdas vocales en pleno orgasmo por ejemplo, funcional a los fines reproductivos de la especie anfitriona y del mismo virus. Pero luego de sucesivos ensayos genéticos logra una cepa que se instala en el hombre, y lo condiciona, ya que nos comunicamos con palabras, pensamos y razonamos con palabras y estamos perfectamente adaptados a ella, por no decir que nos hemos sofisticado al extremo en su uso. La palabra, bajo este supuesto, ha re-inventado al hombre a sus propios fines. Lo ha obligado a mutar como hace la mosca con el tallo, a sus fines reproductivos.

Y qué hay del dinero.

Si alguien se atreve a contradecirme al afirmar que el mundo gira en función del dinero, tendré que responderle que es o un caradura o un irreflexivo. Hoy en día está primero el dinero o su expresión equivalente de la propiedad privada. La libertad de un hombre vale menos que el daño ocasionado a un bien que se traduce en propiedad. La propiedad privada asegura que alguien proteja el valor monetario de ese bien. Es mi auto y no tenés derecho a quemarlo porque es mío. Y es tan valioso que se expide un papel que acredita esa propiedad, que asegura la exclusividad de su usufructo.

Es más claro con un pañuelo. Nadie iría preso por quemar un pañuelo común de otro, por ejemplo. Sí, en cambio. si ese pañuelo fuera una antigüedad costosa, con valor histórico, el pañuelo de Napoleón por ejemplo, lo que se traduce en el valor monetario de su exclusividad. El hecho de ser único, tiene un valor, aunque los mocos limpiados con él hayan sido tanto o más asquerosos que los de otro más lindo, o actual e igual a otros millones, que sólo se ha usado para opacar el brillo de alguna frente como coquetería.

No quiero decir que no haya un daño detrás de la quema de un vehículo, mayor que tras la quema de un pañuelo. Aunque el caso del pañuelo da para analizar otras cuestiones que tienen que ver con los significados, como la cuesitón de los patrimonios nacionales o de la humanidad. Pero eso ya es tema de otro post.

Sinceramente yo tengo objetos. Algunos que amo porque tienen que ver con mis abuelos, mis padres, mis tíos, o alguna otra persona querida que falleció. Tropezarse con esos objetos aumenta las oportunidad de rememoración, aunque haya otros disparadores del recuerdo además. Por otro lado hay objetos que me son útiles, algunos muy baratos como cuadernos o lápices y otros muy costosos como mi casa o mi auto. Y el problema del reemplazo (en el caso de la utilidad) o de ser únicos (como el caso de los recuerdos y sus significados), hacen que si me queman mi auto, para mí sería un gran problema, porque no me resultaría tan fácil llegar a mi trabajo, o ir de un trabajo a otro, o arreglarme sola para hacer muchos trámites y ocuparme de un sinfín de cuestiones y además trabajar, y tendría que hacer menos cosas (que no sé si está tan mal, pero me sería un gran trastorno). Pero creo que tenemos derecho a conservar aquello de lo que hacemos buen uso.

Pero ayer mi compañero estaba azorado porque despidieron a su jefe. Su jefe le trajo muchos problemas porque hizo muchísimos cambios simultáneos, muy impactantes y muy costosos desde el punto de vista humano. Un hombre así sabe que no tiene permanencia en ningún lugar, que una vez que cumplió su función, ese tipo de estrategia es inviable al largo plazo, y aunque no haya sido idea de él, una empresa se deshace tarde o temprano de quienes las llevan a cabo. Pero pese a ello, a este hombre lo tomó por sorpresa. Mi compañero no sufrió ningún daño personal por la presiones de su jefe o sus planes ambiciosos que revolucionaron la empresa. Pero su jefe no esperaba el despido. Había hecho exactamente aquello para lo que lo habían contratado. A mi compañero le hizo mal ver a su ex-jefe mal. Pese a que lo hizo renegar tantas veces, no puedo ignorar su perspectiva humana y sintió que la de los jefes es una carrera bastante estúpida y que sólo se explica por el dinero.

La presión se explica por el dinero. La codicia obviamente, se explica por el dinero, el concepto de ser o parecer más que el otro, se explica por el dinero. El miedo a perder el trabajo, el miedo a perder autoridad dentro del trabajo, el miedo de perder imagen entre familiares, amigos o vecinos. El miedo a no tener con qué pagar los créditos o en el extremo a no poder comprar los alimentos. Ese miedo que se remite al dinero o a los objetos que se pueden adquirir con él, por lo que significan más que por la utilidad que proveen. Directa o indirectamente.

Es un círculo vicioso. Porque es difícil saber dónde se origina este sinfín de complicaciones. ¿Necesito más dinero porque necesito mostrar que soy más que el otro? ¿Necesito ser más que el otro porque es la única forma de acceder a un mayor bienestar y mayor seguridad? ¿O es el dinero el que necesita que yo me sienta insegura para que dedique mi vida a superar al otro a fin de asegurarme un bienestar y una seguridad que, en virtud de la dificultad de acceso al dinero, lo convierte en un privilegio?

¿Acaso no es el dinero el que hace que seres inteligentes, hábiles, ingeniosos, industriosos se conviertan a tal punto en inútiles que no puedan procurarse lo necesario para sobrevivir, si no es por la posesión temporaria de un papel que dice que tengo derecho a comer? Si a ese hombre, hoy un inútil sin ese papel, lo dejara solo en la naturaleza, industrioso y social como su naturaleza lo indica, ¿no desarrollaría estrategias de caza, de pesca, de recolección, de protección mutua, como ha sido en el pasado? ¿Acaso no es el dinero el que ha convertido al hombre en un inútil y lo ha humillado al punto de obligarlo a bajar la cabeza por el mero hecho de no haber podido juntar esos papelitos mágicos? ¿Y por qué no podemos todos?

Porque si el dinero se obtuviera fácilmente, no tendría valor. Aquello que abunda, aquello a lo que no puede imponérsele una barrera, no tiene valor, no tiene la posibilidad de cortársele el acceso. Para que un hombre no pueda hacer uso del sol, hay que encerrarlo. Para que no pueda hacer uso de la lluvia, hay que encerrarlo. Para que no pueda hacer uso del viento, hay que encerrarlo. Y además impedirle que pueda procurarse de todos esos elementos que la inteligencia de su especie desarrolló para aprovechar el sol, la lluvia y el viento. Y evitar que desarrolle esos saberes sólo es posible mediante el precio. Inventar e imponer una barrera para que algunos puedan y otros no. Y eso ya define estratos. Los que pueden y los que no. Y ahí inventamos una desigualdad. La peor de todas, la que proviene de las barreras arbitrarias.

Porque si el mundo no tiene lugar para todos nosotros, un lugar digno para procurarse la satisfacción de las necesidades básicas y un poco de bienestar algo más allá del límite de subsistencia, es porque está el dinero de por medio. Si no hubiera una barrera que marca quienes están dentro de cada nivel, el dinero no tendría razón de ser, porque es la medida, la regla que marca la distancia entre niveles, desde el cero en adelante. Y es el dinero el que por y para sí mismo necesita de esos niveles, para que esa necesidad de no estar excluidos, haga que nos sometamos al atropello de todos los niveles por encima por el acceso al alimento, a la vivienda y a un mínimo bienestar. Y esa necesidad de dinero hace de nosotros las bestias depredadoras que no dudan en privar a otros de los mismos derechos que reclamamos para nosotros mismos. Para mantener el privilegio de no caer de nuestro nivel y aspirar al próximo, a ese que está destinado a uno de cada 10 ó 100 ó 1000 de nosotros.

Es el mismo dinero el que se hace desear a través de los bienes que pueden adquirirse sólo por él. Nos hace desear trabajar más y producir más, para llenar nuestra vida de objetos que a larga nos dominan, ocupan nuestro tiempo en buscarlos, en seleccionarlos, reemplazarlos, cuidarlos de los ladrones, tomar previsiones para evitar la expropiación del robo y la obsolescencia. Vivimos para obtener más dinero y rodearnos de bienes que no tendremos tiempo de disfrutar porque estaremos trabajando para obtener más.

Pero destruir todos los objetos que representar la mercancía de cambio "dinero" no alcanza para abolir el dinero. Abolir el dinero no significa destruir los bancos centrales, quemar billetes, fundir monedas, destinar el oro a fines médicos, por ejemplo, y así con el resto. Abolir el dinero significa destruir la idea de la necesidad de una barrera. Destruir la idea de la escasez y de la necesariedad de gestionar la falsa abundancia. Abolir el dinero significa acabar con la idea de que hay una forma razonable de vivir, la acumulación, y millones de formas incorrectas de vivir. Destruir la idea de que la escasez define naturalmente un orden social implícito en donde hay gente que sobra, falaz, entre otras cosas porque no hay prácticamente gente que no produzca. Abolir el dinero implica abolir el pensamiento único, abrir paso a la creatividad del hombre sin las barreras de una escasez ficticia, definida por ese pensamiento único.

Buenas tardes.

NOTA (23 de abril de 2013): Transcribí el fragmento (enlace al fragmento) que citaba de "mala" memoria en este post. El texto fue extraído de "La revolución electrónica" y se omite la disertación inicial acerca de la diferenciación entre palabra hablada y escrita y el habla animal y humano. Burroughs cita al Dr. von Steinplatz, una creación de él. Hay otras teorías similares como la de la línea recta. Dicha teoría, cuyo autor desconozco, dice que las líneas rectas no existen en la naturaleza por lo que la afición de los humanos por las líneas rectas, obedece a una infección viral extraterrestre. Por favor, si alguien consigue el autor, que me lo pase. Gracias.


DELIMITACIÓN DE RESPONSABILIDAD: Todas las afirmaciones de este blog son libres interpretaciones mías, sujetas a posibles, abruptos y arbitrarios cambios de opinión sin aviso previo.

2 comentarios:

Emilio dijo...

Buenas Malva encantado de leer tu blog, te invito a darte una vuelta por el mío. Saludos cordiales Emilio.

Malva Gris dijo...

Gracias, Emilio. Estoy un poco atrasada con las lecturas por sobrecarga de trabajo pero me voy a dar una vuelta por tu blog. Que tengas un buen día!

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