miércoles, 25 de agosto de 2010

La información, esa maldición tan deseada V

Ya mencioné en el post anterior (que había omitido publicar) el tema del poder o a la ilusión de poder que genera el "obligar a hacer" o "impedir que haga" el otro.

Y también, resumiendo, esta acción de fuerza, el obstáculo, se convierte en información y en conocimiento.

En información, como mensaje. De un cambio de actitud, de una determinación, de la disposición al uso de recursos, del progreso o intensificación del acto (en caso de no ser la primera vez), de la amenaza incluso, de las circunstancias (justificadas o no) que dan origen a la medida.

En información, como estímulo. Es también un desafío, una medición de fuerzas, una espera de la próxima jugada. Quien toma una medida de este tipo, necesariamente (aunque no lo tenga presente), sabe, siendo adulto, que algún tipo de respuesta obtendrá. Aún si es ignorado. Ser ignorado es también una respuesta.

En información, como respuesta. Tanto sea la acción, una respuesta a las circunstancias que le dieron origen, o sea la respuesta que se produce por la acción, se produce un diálogo, no necesariamente amistoso.

En conocimiento porque la mera posibilidad de que ocurra una vez un evento dado hace que ese evento se convierta en parte de los escenarios posibles. Y eso, es conocimiento.

Pero sin llegar a cortes, ni a marchas o paros, todos hacemos uso en algún momento de modestas demostraciones de poder.

Es común que en las multinacionales y en los organismos públicos, una burocracia mal entendida y el anonimato que brinda el número en el que el UNO se oculta, posibilitan que los controles se tergiversen y se conviertan en obstáculos.

Un control en un procedimiento, cumple una función de filtro. Este filtro tiene por objeto mejorar la calidad de la información. Lo que no pasa el filtro se corrige o se descarta y lo que pasa el filtro garantiza un nivel de calidad aceptable para lograr un resultado robusto.

Ésta es la finalidad del control.

Hasta aquí, un control es algo positivo, deseable, útil y eficaz.

Pero hay varios dos aspectos importantes del control (entre varios otros). Uno es el costo de transacción y otro la complejidad del flujo.

Respecto del costo de transacción, éste es un costo que se genera en la desconfianza en el hacer (por decirlo con simpleza ilustrativa), la pericia o la intención del otro, lo que da origen al control. Y para implementar el control, debo necesariamente incurrir en un costo. Aún sin aplicar recursos físicos, monetarios o humanos adicionales, algo realiza un control, un sensor, el propietario, y su aplicación insume tiempo y además detiene el flujo del proceso en curso, por más integrado que esté.

Tomar en cuenta el tiempo del control no quita que esté insumiendo tiempo, sólo que lo tengo en cuenta.

La variable tiempo, casi siempre tiene costo. Si estoy pagando un sueldo, si estoy haciendo uso de energía, ni qué decir si estoy utilizando medios físicos, los más fáciles de controlar.

Por lo tanto, cuando implemento un control, incurro en un costo, que proviene de la desconfianza.

Pero el control tiene por objeto detectar condiciones irregulares o nocivas, nocivas para la calidad. Y cuando el caso cae en un borde, en un límite, entra la discrecionalidad. La discrecionalidad es el hueco en donde anida el obstáculo.

La otra es la complejidad. Si incurro en un control, debo decidir qué acción tomaré luego. Cómo respondo a ese control. Y eso genera alternativas y cuantas más alternativas hay, mayor también la cantidad de recursos involucrados (incluyendo dinero y tiempo).

A veces por el mero placer de demostrar la propia pericia en detallar el control, el orgullo de ver lo que otros no ven, y otras por el deseo de ser notado, de ser tenido en cuenta y las más por la necesidad de mostrar las falencias del propio control o del procedimiento, el operador "anula" su sentido común y aplica el control estrictamente.

Esto es "trabajar a reglamento", no pongo nada de mí, aplico la letra como más objetivamente puede ser interpretada, de modo que se convierta en obstáculo.

De este modo, el hueco, la necesidad de mí que tiene el proceso, me otorga el espacio de ser obstáculo.

Todos en algún momento nos convertimos en el obstáculo. Por meticulosidad, por enojo, por necesidad de ser vistos.


Buenos dias.

DELIMITACIÓN DE RESPONSABILIDAD: Todas las afirmaciones de este blog son libres interpretaciones mías, sujetas a posibles, abruptos y arbitrarios cambios de opinión sin aviso previo.




No hay comentarios.:

El top ten de siempre

Seguir por email