lunes, 29 de junio de 2015

Un nuevo sistema.

Cuando hablo con alguien que duda, viciado de pensamiento único, que haya alternativas al capitalismo, que dice que subvertir el orden hegemónico produciría miseria, dolor, sangre por el uso de la fuerza por parte de los poderes estatuidos, yo no he sido prolija a recopilar razones. Voy a hacer un ejercicio:

700 años le llevó al capitalismo imponerse entre transición e imperio, y su imposición (tal como dice Orwell en 1984) nos llega a través de los libros de historia tras muchas reescrituras, en donde astutamente se ocultan, se maquillan, con eufemismos o llanas mentiras incluso, los hechos que ocurrieron y tal como lo hicieron.

El capitalismo no ocurrió en forma inadvertida. No fue que en el Siglo XIX la gente se dio cuenta de que lo que se había desarrollado era jodido y había que desarticularlo. Desde sus inicios contó con el rechazo de la gente. Incluso algunos artistas nos cuentan en sus pinturas y su literatura las convulsiones de un mundo que rechazaba ese nuevo orden, arbitrario y cruel.

Esas voces fueron tácticamente acalladas, como en 1984 de George Orwell, la historia se reescribió explicando y justificando las medidas, las más crueles, se recortaron episodios, se invirtieron los desencadenantes, se omitieron hechos, se borraron personajes, se enaltecieron otros algo grises, se maquillaron algunos muy oscuros, se destruyeron documentos, se borró de la historia (sobre todo) el dolor humano, y hasta se impide la consulta de algunos libros en las bibliotecas que custodian lo que aún queda y puede ser controversial.

¿No podemos entonces, darnos un changüí de 300 ó 400 años para probar otra cosa? ¿Después de 700 años de ejércitos masacrando resistencias, de multitudes empujados al robo y la prostitución como ocurrió durante la Revolución Industrial cuando millones tuvieron que salir de los campos y hacinarse en las ciudades en donde su salario no alcanzaba a sustentar una semana, fenómeno que sigue reproduciéndose sin pausa y que por ende, que no es *nuevo*?

¿No podemos aceptar que sin duda habrá sangre porque quienes detentan el poder no querrán soltarlo y se resistirán con el uso de la fuerza, tal como se impusieron durante 700 años (porque siguen haciéndolo)?

Hoy se está derramando sangre. Todos los días. Éste no es un sistema pacífico, sin sangre. Es impiadoso, es cruel, es perverso. Es fundamentalmente violento.

¿Por qué pensar que está bien la sangre derramada hoy, cada día, cotidianamente y no la que podría derramarse en la transición a una organización esperadamente más justa?

¿Porque podría ser la nuestra? También hoy podría ser la nuestra. ¿Importa acaso, si fuera la nuestra, quién la derrame, si un policía o un chorro?

Sin duda que prefiero que no se derrame sangre, pero en el extremo, ningún orden cambia sin sangre. Ningún orden abandona su lugar hegemónico brindando de buen grado oportunidades a ser expulsado, ni dará permisos para probar alternativas mejores a sí mismo.

Hoy mismo podemos ver cómo se ha criminalizado la pobreza, cómo se ha criminalizado la protesta social, cómo se persiguen a quienes impulsan las luchas en la sociedad.

Eso es sangre.

Hoy vemos cómo millones de personas no pueden alimentarse o nutrir a sus familias, cómo no tienen donde vivir porque hasta está prohibido internarse en un bosque y sacar madera para construir su propia choza. Está prohibido sobrevivir por sí mismo.

Prohibido vivir fuera del sistema.

La otra cuestión es la mentira tan difundida de que el desarrollo del capitalismo dio salida al régimen anterior de servidumbre, del régimen feudal, y que aún existe en muchas zonas, más amplias o más reducidas. Y asociado al capitalismo.

Del mismo modo que la Revolución Francesa hoy se pinta como un triunfo de las clases populares, cuando en realidad les fue arrebatada, la salida del feudalismo propuso alternativas al capitalismo, variadas, creativas, pero fueron las alianzas de los poderosos las que las aplastaron con ejércitos, cercamientos, acorralamientos.

Hoy el mundo ofrece una nueva oportunidad.

Esta nueva sociedad, que los sociólogos anticiparon como la "sociedad del control" y Bauman pinta como la sociedad orientada a la conexión, nos ofrece la posibilidad de democratizar el conocimiento, quitarle, extirparle (no sin esfuerzo), el poder económico que lo quiere convertir en la nueva arma contra los pueblos.

Los libros que eran artículos de lujo en la Edad Media, que posibilitaron otras formas de gobierno con la imprenta (porque ahora los burgueses podían acceder a ese conocimiento de élite), hoy puede estar al alcance de todos.

La estrategia del capitalismo hoy, es despojarla de valor para las clases más desfavorecidas: si no lo valoran no intentarán acceder a él.

Como anillo al dedo vino la TV y el cine, las industrias culturales: la mercantilización del conocimiento, artístico o científico, la marketinización de sus formatos. Y así los huecos que las ansias de conocimiento dejaron vacantes, son llenados con basura mediática y el conocimiento sigue, dejado de lado y a salvo de la "turba", el "lumpen" y muy a salvo sólo como un activo de las clases más privilegiadas.

Hacia el Siglo XIX el pensamiento conservador ya muy fortalecido, sostenía que había quienes tenían el derecho de mandar (los ilustrados) y quienes tenían la obligación de obedecer (los ignorantes). Se había construido una escuela a medida de ese orden ya desde siglos anteriores: una escuela de obediencia, una escuela basada en la disciplina, indispensable para la obligación de obedecer. Indispensable para la fábrica. Una sociedad repleta de medios de castigo: la privación de la libertad. El hospicio, la cárcel. Los más o menos sanos, a la fábrica. La salud en manos alejadas de la familia: el hospital. Invalidados todos sus huéspedes: a ser escuchados quienes están en el hospicio, a actuar quienes están en la cárcel, a mandar los que están en la fábrica, a producir quienes están débiles o enfermos. A reponer fuerzas para trabajar los enfermos y sin influencias externas.

En los libros que se usaban en los colegios en donde se formaban los dirigentes decía exactamente esto: derecho a mandar y obligación de obedecer.

Y muchos mecanismos para conservar reducida la cantidad de dirigentes. Barreras.

Hoy el conocimiento no puede ser cercado si no es con la complicidad de la gente. Y despreciarlo, rechazarlo es funcional a este orden perverso que controla el mundo.

Dos acciones son fundamentales llevar a cabo: asegurar que el conocimiento no será cercado, circule libremente, se construya colectivamente en base a necesidades *reales* (y no a medida de los negocios del capital) y lograr que el conocimiento sea revalorizado por las clases más desfavorecidas, sea buscado, deseado y construido por ellas.

Sino, cualquier otra acción (que no deben dejar de ser llevadas a cabo, desde distintos ángulos, con distinto impacto e intensidad) tendrá efecto de corto plazo y todo ese riesgo y esfuerzo, malogrado.


Buenos días.




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miércoles, 17 de junio de 2015

La sensiblería para los insensibles.

La sensiblería es el recurso de exacerbar el dolor en el espectador como forma de movilizar. Generalmente se apela al naturalizado sentimiento de superioridad del espectador, colocándolo en el lugar del fuerte, del mejor, del más grande, del aquel con moralidad, con sentido del deber y haciendo protagonista del show (video, texto, espectáculo de "solidaridad") al débil, al defectuoso, al incompleto, al incapaza de valerse por sí y reforzando estos roles y convalidando esta situación (que puede darse sí, circunstancialmente, coyunturalmente) como algo permanente: mientras haya débiles, habrá fuertes, mientras haya perdedores habrá ganadores y yo estoy de este lado de acá, del lado seguro.


La sensiblería no cambia ni ataca estos roles, no los morigera, sino que los refuerza, no apunta a la empatía sino que apunta a la indiferencia, por eso la sensiblería es para los insensibles. Mueve temporariamente al espectador insensible a la emoción del reconocimiento de su lugar protegido de privilegio, refuerza su rol moral: "mirá cómo pasan estas cosas, cómo hay gente que maltrata, cómo hay gente que sufre maltrato". Pero esto no tiene nada que ver con él, salvo por ese ratito minúsculo en que se siente bueno y moral porque ha sentido una emoción. Se creen desde antes mejores y la sensiblería los hace sentir aún más por encima del resto. Porque "perciben", se dan cuenta, se emocionan, ¡quién no!

La sensiblería es para los insensibles.

Los sensibles son empáticos, no necesitan de ningún show, ni siquiera se dan cuenta de que están dando un mano porque les es natural moverse de acuerdo a sus sentimientos de justicia, de equidad, de igualdad.

Los sensibles sienten que son generalmente iguales a los demás, en necesidades, en sueños, en expectativas y que hoy están en una posición y otro día en otro más desventajoso y que es justo que todos por igual traten de remediar esas circunstancias. Pueden desarrollar una empatía porque se ponen en el lugar del otro y experimentan una emoción que suponen que también tiene el otro. Son muy probablemente iguales en esto. Las injusticias las pueden sentir porque se imaginan cómo sería experimentarlas en sí mismxs. Cómo sería encontrarse con obstáculos y no poder llegar, enfrentarse con el cansancio de intentar una y otra vez y no alcanzar. O por el contrario, la alegría de un logro, que ilumina el recorrido que los condujo allí. Por un sentimiento de justicia.

Por eso, la sensiblería es para los insensibles.

Buenos días.


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jueves, 11 de junio de 2015

Dulce autoritarismo.

Unx asocia lo autoritario con lo gritón, agresivo, impositivo pero no nos engañemos hay otro autoritarismo.

Es autoritario, y con un autoritarismo mucho más peligroso incluso, el "paternal" que te disciplina "por tu bien".

Hablemos de adultxs.

Hay muchos más casos de dulce autoritarismo, o dulce como "forma de decir", el autoritarismo alimentado por sarcasmos hacia lo que deseamos reprimir, o por manipulación induciendo falsas asociaciones: con un panorama óptimo sobre aquellos que deseamos fomentar o con uno exageradamente aterrador sobre aquello que deseamos evitar. Eso también, sin mediar ni un grito, ni un golpe sobre la mesa, ni una mirada severa siquiera, es autoritarismo.

Pero me interesa detenerme en el "por tu bien" unas pocas líneas. Ese paternalismo es en sí patriarcal: una autoridad en la cima con la potestad de guiar, juzgar, evaluar, reconducir, encaminar, disciplinar. No sólo eso, sino con la autoatribución del criterio, el único criterio de lo que está bien o está mal. El autoritario dice: "esto está bien, aplausos", o "esto está mal, vamos a tener que tomar medidas, debemos corregir".

Esa idea de corregir, de dictaminar lo correcto de lo incorrecto, escindido de la subjetividad, del contexto o más prosaicamente de las conveniencias en unas circunstancias particulares: éstas.

Y ese reservarse el derecho de corregir, de disciplinar, o sea de buscar un mecanismo ejemplar que sirva al "desviado" a encontrar EL camino de la corrección y al mismo tipo ejemplificar a los atentos al caso, a aquellos que expectantes esperan ver qué consecuencias tendrá el "desvío", si será castigado o aplaudido, a aquellos que están esperando leer la mirada paternal para abuchear o vivar. 

Ese "no lo podemos dejar pasar" porque sino ¿qué será de nosotros? ¿Qué será de este pobre rebaño de seres apenas animados que están esperando su palmadita o su chirlito para continuar con su vida?

¿Qué será del futuro si este rebaño en vez de ir a este valle se dirige a aquel otro? El rebaño debe ser siempre rebaño y debe ser conducido a uno u otro lugar según conveniencias de su amoroso pastor.

Y se me ocurren muchas ideas más acerca de este paternalismo que se reserva el derecho de disciplinar amorosamente.

Pero aún me queda el "por tu bien".

Yo jamás pude meterme en la cabeza de nadie como para saber a ciencia cierta qué necesitaba el otro. Y no se me ocurre otra idea de bien que satisfacer una necesidad. No hablo de capricho ni de gusto, sino de necesidad. Y desde luego, sin desmedro de la necesidad de integridad mínimamente de otros. Sino atentaría contra otras necesidades y eso obviamente no sería un bien.

Pero yo jamás podría pensar que en forma inconsulta podría asegurar que algo que se me ocurre a mí, desde mis principios y valores fuera lo mejor para otrx. Y en base a eso, con total seguridad tomar medidas "por tu bien".

¿Cómo alguien podría decidir por mí qué es lo mejor para mí? ¿Con qué criterio? ¿Con qué normas o presupuestos? ¿Bajo los gustos y preferencias de otros? ¿A partir de las conveniencias de quién?

Alguien podrá disciplinarme por su propio bien pero difícil y muy casualmente por mi bien. En el caso amoroso auténtico podrá pedirme permiso para decidir por mí ante mi pedido de ayuda, o podrá sugerirme alternativas (ni siquiera una), o podrá preguntarme antes qué es lo importante o qué estoy necesitando, los antecedentes, la situación, no sé, algo que muestre interés por saber mi realidad antes de arrogarse la potestad de decidir por mí, o de imponerme cualquier cosa.

Y esto lo digo con conocimiento de causa, he conocido gente que ante una situación de angustia mía me pregunta "me permitís que haga esto o aquello" seguido por las explicaciones del caso.

Por eso para mí no existe disciplinamiento por mi bien, es siempre una imposición. Es siempre un eufemismo por el "ahora vas a ver", es siempre un argumento manipulador para mantener una situación bajo control para propio beneficio.

El "esto no lo puedo dejar pasar... por tu/nuestro (el ) bien (de todos)" es una dulce mentira, que algunos tal vez, dejarán pasar. Pero nadie puede, en el fondo, negar, que conscientemente sabe que está delegando un poco ciegamente, su autodeterminación.

Buenas tardes.






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viernes, 5 de junio de 2015

Ni una menos (VI). Presentes y ausentes.

Después de la marcha, minutos antes de la medionoche, ya en casa, escribí en Facebook a quiénes había visto y a quiénes no. Y empezaba refiriendo que lo que unx ve tiene que ver con aquellos lugares que elige transitar. Va textual mi post de Facebook.

Cada unx elige qué ver por los lugares por los que anda.

Di tres vueltas enteras a la zona y anduve por las transversales, por Av. de Mayo y por Av. Rivadavia. Llegué hasta Lima y volví.

Vi todo varias veces. Y por eso creo que me puedo equivocar en detalles al decir qué había y qué no.

¿Y yo que vi en la marcha?

Vi Conmemoraciones.

Vi Escraches.

Vi Testimonios.

Vi Consignas.

Vi Reclamos.

Carteles de la gente común.

Artistas. Batucadas, danzas, performances, representaciones. Afiches artísticos, maquillajes.

Vi carteles caseros. Grafiteadas.

Vi volantes.

Vi también cómo el oportunismo político se apropiaba de las consignas y reclamos.

Vi mujeres con cartera y tacos algo incómodas por los apretujones.
Vi dos mujeres en una mesa de bar en la vereda rodeada de la multitud.
Vi muchos bachilleratos populares. Vi docentes, vi trabajadores agremiados.
Vi ONGs y vi partidos políticos, sobre todo de izquierda.
Vi Centros de Estudiantes.
Vi universidades públicas.
Vi muchxs jóvenes y vi personas mayores.
Vi muchas fotos de gente cuyo destino no se conoce o bien que lamentablemente sí.
Vi ambulancias y vi gente desmayada.

Y noté grandes ausentes.

No vi ningún contingente de un colegio privado. No vi universidades privadas. No vi ningún movimiento religioso. No vi algunos de los gremios más famosos.


Buenos días.

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Ni una menos (V). Recuperar lo propio.

Una de las formas de debilitar es quitar identidad. No saber quién realmente se es, generar confusión acerca de qué significa ser una persona, que implica saberse persona.

En teoría todxs sabemos qué es ser una persona. Una persona humana. Es esa entidad que tiene conocimiento y conciencia de sí y de los demás, que tiene derechos, vínculos, responsabilidad en esos vínculos, capacidad de producir, de ser útil, de ser parte de algo que le da un significado más allá de la unidad de sí misma.


Aunque no lo hayamos pensado con estas palabras, todxs sabemos que ser una persona humana tiene que ver con cosas como las que escribí arriba.

Esa identidad, ese saber quiénes somos implica una integridad e implica límites. Hasta acá soy yo y es mi jurisdicción, más allá los demás.



Esta lucha ha sido eterna en cuestión de género. Los otros tratando de apropiarse o de sentar sus dominios sobre nosotrxs. Decidiendo por nosotrxs, accionando sobre nosotrxs sin permiso ni advertencia.

Lo más básico como cuestionarse si siendo varón, te parecería normal que cualquier persona extraña te metiera mano en la calle o que cualquier extrañx te tomara tus genitales en un subte por ejemplo. Y no como algo excepcional, ni esporádico sino frecuente. O que se refieran a vos siempre por algún atributo físico al punto de que cualquier persona extraña por la calle se sintiera con derecho a llamarte de ese modo sin conocerte ni necesidad de hablarte para alguna otra cosa, sólo para hacerte notar que de vos, vio solo eso.


¿Y te parecería normal, sindo varón, recibir propuestas permanentes por parte de extraños en cualquier lado sólo por verte, o en forma insistente pese a tu negativa por parte de gente que encima te conoce? Al punto de sentirte acosado, o sea mirar si esta persona está para no entrar o no encontrártela. O al punto de no saber ya cómo hacer para que esa persona deje de molestarte. Si sos varón, tal vez pegarías tres gritos o te irías a las manos. Ahora pensá si una mujer hace eso, ¿no dirían todos que es una histérica, descontrolada, que las mujeres son todas locas, si no es nada, es una pavada?


Ahora juntá todo esto y hacete un combo de (por lo menos) 10 de estos  avances por día e imaginate un año. Ahora imaginate 5 años y luego 10.

Esa "resignación" o "acostumbramiento" ¿no llevaría consigo una pérdida de conciencia acerca de lo "normal", lo "razonable"?.

¿Pensás que esta "naturalización" este abandono de los límites no abriría la puerta a abusos mayores?


Si te dejás en esto, entonces un paso más, quién lo cuestionaría. Nada... es un audaz nomás... y le salió bien. ¿Y yo? ¿Yo también puedo? Es divertido, entro en una competencia con el otro al que le salió bien. Total éste un "pibe" fácil, cualquiera le hace cualquier cosa, no dice que no, se la banca...



Y capaz que reaccionás como un histérico, harto de que cualquiera se crea con derecho a hacerte o decirte cualquier cosa. O tal vez hacés como el viejo consejo "relájate y goza" y hacés como que te divierte y de hecho después de 5 años aprendiste a manejarte de ese modo y ya no sabés si realmente alguna vez te gustó aceptar todas las bromas, las impertinencias o si realmente sólo "te acostumbraste".

¿A vos, varón, te bombardean los límites permanentemente como a nosotras como si fuéramos una ciudad a ser tomada?

Queremos reconstruir esos límites, y lo estamos diciendo. Nunca dejamos que querer hacer respetar esos límites. Esos límites de yo soy yo y yo decido por mí que nos fortalecen y nos hacen saber quiénes somos en realidad.

Esa fortaleza que destruye la naturalización del abuso.



Un freno para la violación y el femicidio. Un freno para el acoso y el matrato.



Buenos días.


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jueves, 4 de junio de 2015

Ni una menos (IV). El día después.

El día anterior a la marcha y el mismo día escuchaba a gente opinar por la radio en forma muy superficial:

- ¿Acaso se piensan que al día siguiente de la marcha las cosas van a cambiar? Va a seguir todo igual.

- ¿Se creen que los asesinos  van a cambiar de opinión? ¡Son enfermos!

- ¿Qué pueden hacer con una marcha? ¿Se creen que con decir "ni una más" van a lograr algún cambio? ¿Qué puede cambiar?

Me parece de una gran superficialidad opinar en este sentido. ¿Quién podría pensar que una marcha va a producir un cambio mágico de la noche a la mañana siguiente? ¿Quién podría creer que alguien puediera esperar semejante cambio?

Es obvio que no. Nadie esperaba eso. Yo menos.

Pero sí esperaba algunas cosas, aunque la realidad me sorprendió.

Yo pensé que iba a ver muchas banderas de partidos y muchas fotos de #NIUNAMENOS de los impresentables hipócritas de siempre. Y me equivoqué. Hubo, sí, pero en relación con lo que se dio, casi nada.

Yo pensé que me iba a ver asociada a la más rancia derecha, disfrazada o sin disfrazar, en esos intentos que a veces hacen de sabotear una convocatoria de este tipo. Y dudaba. Pensaba que tenía que estar pero no quería ser parte de ese escenario. Y me equivoqué. La plaza estaba llena de gente que sí sabía para qué iba. A diferencia de alguna otra marcha de la que participé en donde cada uno iba por su propia causa imaginada que tenía a veces muy poco que ver con la convocatoria (a veces, incluso, poco clara), en esta ocasión la gente estaba muy en sintonía. Milagrosamente estábamos todxs por lo mismo. No había dudas. La gente se hacía su propio cartel a mano con cartón y birome, con papel y resaltador, impreso en la computadora y no eran militantes, no tenían una caña o palo para izar su consigna: ¡la llevaban en alto con sus brazos, sus rostros resueltos y severos o bien sonrientes y felices! Me equivoqué, y muy agradecida de haberme equivocado.

Yo pensé que iba a ir gente, sí, pero no tanto. Y me equivoqué. Hubo mucha más gente de la que imaginé. Y no sé si fuimos 200.000 o si no fuimos más. No era sólo plaza, era Av. de Mayo hasta Lima y Av. Rivadavia, varias cuadras, era Callao varias cuadras, era Luis Saenz Peña, Hipólito Yrigoyen, Entre Ríos, varias cuadras que no salen en las fotos.

Yo pensé que la gente iba a ir y estar simplemente, escuchar, marchar detrás de las banderas de los partidos o los sindicatos y con suerte acompañando a alguna organización feminista. Y me equivoqué. La gente sacó toda su creatividad (ya verán las fotos) y gritaron sin voz su mensaje: maquillaje, danza, pintadas, carteles, representaciones, música, montones de recursos, sin dinero. Sólo una marcha antes había vivido comparable /y ya no más) a ésta: la Marcha del Silencio por María Soledad Morales, con ese silencio afilado como una cuchilla de hielo, que te cortaba el aire y hacía sentir suspendida en un abismo. Y ésta, dolorosa también pero con una resolución mucho más madura, mucho más creativa y mucho más libre. Mujeres de la realidad. Y las mujeres militantes marchando con amigxs en vez de bajo su bandera. Como si hubiera un acuerdo secreto de ignorar las pertenencias a partidos u ONGs y primara una hermandad breve y fuerte, de género. En otras marchas la gente no tiene voz propia, no tiene qué decir con sus palabras. Aquí no había una sola persona que no llevara su propia consigna. Todxs fuimos con algo para decir, con algo para ser oídxs. ¡Cómo me equivoqué! Me equivoqué maravillosamente.

Pero más allá de mis pronósticos errados hay que decir algunas cosas más. Yo empecé diciendo que era una ingenuidad suponer que alguien esperara que las cosas cambiaran de un día para el otro. Mi expectativa era no más que una simple visibilización: mostrar. ¿Mostrar qué? Mostrar preocupación, interés. ¿A ver cuánto nos preocupa el tema?

¡Y se rompió la correa! La gente fue a decir cosas, y las cosas eran muy coherentes. Hubo un gran cambio. No sólo se mostró que nos interesa y nos preocupa la muerte respecto del género sino que además teníamos muy claro qué más había detrás, dónde empezaba y se fortalecía todo y que cada una podía explicar con sus palabras precisamente de qué se trataba. Nunca una movilización fue tan activa. En general, la gente va y hace número. Esta vez no, fuimos y contruimos argumentos colectivamente.

¿Algo cambió de ayer para hoy? No sé. No esperaba tantas voces, y no sé si algo no cambió. Fue muy fuerte ver tantas mujeres hablando de la realidad de las mujeres, mujeres de todas las edades, de todas las formas y colores, de todas procedencias, solas, con amigxs, con compañerxs. Varones antipatriarcales haciendo el cambio a la par.

No estoy segura de que algo no haya cambiado. Algo silenciosamente es posible que haya cambiado.

Y capaz que me equivoqué en eso también, en no haber esperado más.

De hecho hoy la radio y los diarios trató poco y superficialmente el tema.

Capaz que ladran, Sancho.


Buenas tardes.


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Ni una menos (III).

Cuando tomé el colectivo de regreso en Tucumán, entré en otro mundo. Gente que estaba en otra. Otras mujeres y otros varones. Otros jóvenes. Completamente ajenos.

Yo me preguntaba al ver sobre todo a las mujeres: ¿realmente nunca habrán sufrido algún tipo de violencia por ser mujeres solamente? No lo creo.

Empezaron a venir a mi cabeza recuerdos desde mi más lejana infancia: desde los regalos que recibía y no deseaba, los regalos que no recibía y deseaba, lo que no me dejaban hacer (la vertical, por ejemplo), nuestro destino original de hijas de no estudiar y cuando fue natural en nosotras hacerlo, los denodados esfuerzos de mi padre en que mi hermana fuera pediatra y yo farmacéutica para trabajar juntas cuando yo quería ser ingeniera nuclear e irme a estudiar al Instituto Balseiro (yo tenía 8 años), cuando mi tío me echaba la culpa de las gomas de borrar que desaparecían y de la máquina de escribir que se rompió de un golpe y no tuve derecho a desmentirlo, cuando tuve que escuchar que un hombre bastante mayor que yo me considerara inteligente pero como algo infrecuente y además (y sobre todo esto) anormal y antinatural, cuando me tocaban en la calle y cuando me apoyaban en el colectivo, cuando me gritaban groserías, y varias más... más graves que no quiero recordar ni dejar por escrito. Pero de estas, como mínimo la de las groserías o las del apoyo, ¿quién no las sufrió?

No puede ser que haya mujeres que no estén dispuestas a aportar su determinación solamente, sumar un "no" aunque sea para aumentar la fuerza de las que sí estamos dispuestas a hacer algo más.

No puedo creer que haya mujeres que juzguen inútil mostrar fuerza, mostrar determinación. ¿Jamás tuvieron que ponerse firmes y comprobar que sólo por esa actitud marcó la diferencia respecto de otras veces?

No puedo creer que alguien no piense que más allá de las contramarchas que seguramente habrá, esto es una señal muy fuerte.

Confieso que si bien había decidido ir igual tenía mis reparos por la apropiación que suele hacerse de los reclamos genuinos por parte de los políticos y no quería verme asociada a "socixs" indeseables.

Fotografié a morir.

Evité fotografías a expresiones partidarias y sindicalistas, que las hubo. No porque no crea que tienen derecho sino porque explícitamente quería reivindicar la propuesta espontánea e independiente... aunque ya sabemos que nadie es totalmente independiente o inmune a influencias.

Mi prima contó que su marido (taxista) tuvo que escuchar los argumentos indignados de "perder clases" por ejemplo, ante algo tan eventual e importante, de boca de una mujer. Y eso es muy fuerte. Ojalá que su hija o su sobrina no se vean envueltas en un episodio de violencia que lamentar. De un varón no me hubiera sorprendido, sobre todo un varón con cierto poder.

Mi madre que no es de izquierda ni siquiera de centro, tenía bastante que decir allí. 

Hay barreras que no veo cómo pueden ser franqueadas. ¿Cómo llegar a esas mujeres? ¿Cómo sensibilizarlas con la problemática de su propio género? ¿Cómo llegar a ellas para que tomen conciencia de la violencia que han padecido y que siguen aceptando? ¿Cómo mostrarles cuán anestesiadas están y cuán reproductoras son de la violencia naturalizada?



Buenos días.


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Ni una menos (II). (Pequeña y parcial explicación).

Ayer distribuí algunas pocas copias de una explicación que tal vez no llegue a las manos correctas. No sé si las recibieron personas que ya conocen del tema (en ese caso no cumplen su función), no sé si serán leídas, no sé si serán tenidas en cuenta y no sé si serán acordadas por sus destinatarixs.

Se trataba de algo medio improvisado que escribí justo antes de salir así que no está muy elaborado. Tiene un error de apuro importante. No existe la palabra "desensibilizar". Al igual de "deshabilitar". Yo las uso porque me representan mejor el significado (de proceso en reversar) que las correctas de "insensibilizar" e "inhabilitar". Pero es un problema mío, eso, de cómo me suenan las palabras.

Va el texto tal cual fue distribuido (con sus errores y sus carencias) en donde se vinculaban un par de ejemplos de violencia mediática (no quedó tan claro esto, se trataba de Tinelli y del Gato de Verdaguer de Pettinato) con la insensibilización de la sociedad abriendo el camino a violencias mayores en daño irreversible.

Textual:

QUÉ MÁS ES   #NIUNAMENOS
¿Qué es la violencia mediática?
Los chistes machistas, misóginos, DESCALIFICAN a las mujeres. Y los programas televisivos y la publicidad COSIFICAN a las mujeres.
La COSIFICACIÓN elimina el vínculo emocional y eliminar el vínculo emocional DESENSIBILIZA a la sociedad. La desensibilización produce que la sociedad pierda la noción de violencia, no la detecte, no la vea y por ende que no la prevenga ni la evite.
La DESCALIFICACIÓN naturaliza la cosificación pues resta valor, quita valor "de persona". Por la descalificación una persona se convierte en OBJETO, en COSA. Y una cosa se puede romper, eliminar, estropear sin sanción. La DESCALIFICACIÓN produce así NATURALIZACIÓN de la VIOLENCIA.
¡¿De qué hablás?! ¿Eso que tiene que ver conmigo?
MUCHO.
TINELLI promueve y ejerce directamente la cosificación de las mujeres, por ejemplo.
PETTINATO fomenta la descalificación, la difunde y lo hace objeto de goce y disfrute, por ejemplo. 
Ambos son dos de los muchos enemigos SOLAPADOS de las minorías en general y de las mujeres en particular. Convirtiendo la COSIFICACIÓN y la DESCALIFICACIÓN en medios de diversión, de "buena onda" y de licuamiento del vínculo emocional. Te desensibiliza, te empuja suavemente, divertidamente a la violencia.
No les creas si los ves con un cartel de ‪#‎NIUNAMENOS
Ellos Y MUCHXS OTRXS preparan el camino a la violencia... por GUITA.



Buenos días.

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miércoles, 3 de junio de 2015

Ni una menos (I).

Lamentablemente en Ingeniería en Informática (estudiantes sobre todo, lo cual es más grave), hay escasa conciencia de la importancia del tema de la violencia de género. Sienten que eso no tiene que ver con ellos, que no les toca, que es cosa de otros... o mejor dicho "de mujeres".

La negación es uno de los mecanismos de reproducción de la violencia en general y de la violencia de género en particular.

Y digo que en los estudiantes es más grave porque se supone que es una  generación que viene mejor informada, y más conciente de aquellos temas que a las generaciones anteriores nos estaba vedada o nos llegaba tergiversada.

Más información no significa más conciencia.

Es evidente.

Más información sin empatía y sin conciencia genera creídos, arrogantes, soberbios, tecnócratas.

Eso es lo que hemos estado generando.

Por miedo tal vez, por tratar de ser "imparciales", por vergüenza quizás de mostrarnos sensibilizados/as, por vergüenza de mostrarnos cobardes y pusilánimes y dejar que las cosas más aberrantes ocurrieran.

Por reproducir la idea que los varones (y las mujeres también) nacimos de un huevo, que no hubo mujeres en nuestra crianza y crecimiento que nos ofrecieran afecto y por la que sientiéramos al menos el compromiso de la retribución de los cuidados. Ni otras mujeres que transitando por nuestra vida con las que hayamos compartido alegrías y pesares. Ningún compromisos, somos autónomos/as. Nada que ver con los otros.

Pero además por esto de pensar que si no somos mujeres, entonces estamos a salvo.

Total... van contra los negros, contra los judíos, contra los bolitas, los paraguas, los cabeza, los villeros, las mujeres, los gays, los travestis, pero no contra mí, que soy un varón blanco, educado, protegido, respetado por las leyes, no es para mí que estoy destinado a decidir por otros. Esto no me toca. A mí no me va a pasar.

Ahora si la desgracia hiciera que alguna mujer amada fuera víctima de la violencia de otros, ahí sí, salen dolidos o enojados a reclamar que la sociedad tome conciencia, ahí sí salen a pedir mano dura, pena de muerte, expulsiones.

El mismo desinterés que genera el terreno propicio para la violencia. Ese "esto no tiene que ver conmigo" que hace que simpre tenga que ver con los otros.

"Hombre necios que acusáis la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis".


Buenos días.


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