martes, 26 de octubre de 2010

Hace mucho que estoy lejos

Hace mucho que estoy lejos de los partidos políticos. Hace mucho que me cuesta votar, pero aún así voy y voto. E intento privilegiar algo: una idea, un plan, intentar corregir un rumbo, balancear el poder, no sé, cada elección es un desafío para mí y tengo que hacer un esfuerzo para encontrarle la vuelta. Y desde hace años no voto ganadores. Y las veces que he votado ganadores, tampoco he pensado que ahí terminaba la cosa.

Pero eso no hace que deje de sumar. Critico o cuestiono,  sí, lo que me parece que está mal. Pero no creo que impedir sea la forma de corregir la mayoría de los problemas. Y tampoco creo que imponer mi idea sea lo mejor. El mundo va hacia algún lugar. Y ese lugar es aquel al que empuja la mayoría. Y va ir igual aunque yo empuje para el otro lado, o me siente encaprichada.

Diré mi idea, intentaré entender otras ideas, intentaré influir de buena fe, sumar voluntades o sumarme alguna otra, pero seré cuidadosa al intentar torcer un rumbo. Porque hay muchas cosas que veo, pero hay muchas más que no veo, muchas realidades que no conozco, muchas situaciones que pesan más que la de mi pequeño mundo.

Porque yo estoy aquí sentada mientras suceden millones de situaciones a tan sólo unos pocos kilómetros a la redonda, algunas de ellas definitivas y otras intrascendentes. Y no me estoy enterando. O me entero de algunas y las juzgo muy personalmente.

Tal vez mi visión aporte algo, tal vez lo que veo ayude a otros a ver algo que no ven. Acuerden o no. Intento mirar y escuchar lo que pasa a mi alrededor. Y si alguien opina, escucho. Tal vez empiece a ver algo que no vi hasta ese momento.

A veces estoy más dispuesta y a veces un poco menos.

Pero no está mal que haya gente que haga cosas, aunque no sea las que yo considero importantes. Siempre se puede mejorar y aprovechar lo que otros hacen. Siempre se puede enriquecer. Siempre se puede concluir, poner de manifiesto, observar, sorprenderse.

Yo veo cómo la gente que me rodea, cada vez más, refuerza y estrecha su campo de visión. No miran para los lados, no quieren confundirse, piensan que son estafados, que los demás los van a tomar por tontos. Entonces me pongo las orejeras, miro para adelante y abajo y sigo mi camino.

¿Tan grave es equivocarse? La mayoría de las cosas que hacemos y decimos no tienen la menor trascendencia, mientras que la mayoría son bastante solucionables. Si el error es nuestro gran maestro... ¿De dónde aprendemos sino? ¿De reforzar nuestras creencias repitiéndolas frente al espejo? ¿O de mirar alrededor y ver cuán aplicables siguen siendo nuestras ideas? ¿Tanto miedo tenemos a no haber acertado y no tenemos miedo de no cambiar a tiempo?

¿No es acaso la diversidad, el alcance y la profundidad lo que hace sólida una idea? Si mi idea vale sólo para mí y para mi día, ¿qué derecho tengo a imponerla? (Particularmente yo creo que las ideas se comparten -o no-, nunca se imponen. Y no hay dos personas que tengan la misma versión de una supuesta misma idea).

¿Alguna vez nos detuvimos a pensar todas las veces que afirmamos algo que luego la realidad demostró que no era así? ¿O también nos autoconvencimos de que tampoco era eso lo que queríamos decir? ¿O simplemente decidimos olvidarlas... o recordarlas de otro modo?

¿Tan difícil es pensar que cuando opinamos aquella vez, había dos o tres cosas que no sabíamos o que no tomamos en cuenta o que pensábamos que pesaban menos o más?

Yo sé que entre los hechos y yo hay un montón de ruido y de intenciones (de todo tipo) que interfieren. Y a eso además, lo miro con mi propio colador enfrente. Con mi propio ojo de cerradura. Yo sé que aquello que me cuenta ese libro es mi interpretación de lo que interpretó el autor. Y no sólo eso, sino que también mi interpretación incluye lo que el autor omitió. Y también tengo mi interpretación de por qué ocurre que el autor omita o yo, en mi interpretación, lo haga. Sus intenciones y las mías.

Ni qué decir cuando alguien habla...

Pero igual hay que vivir y vivir implica tomar decisiones. Y saber algo es mejor que no saber nada porque también puedo concluir sobre lo que no está, o comparar lo que está con lo que veo y lo que escucho y aún así sacar conclusiones.

Yo no creo que sea mejor decir "prefiero no enterarme porque es una gran mentira". Conocer esa mentira también me dice acerca de qué me están mintiendo, qué es aquello tan importante y adónde lleva.

Y pienso y vuelvo a pensar y descubro que ya no estoy de acuerdo, o bien que recién ahora empiezo a entender o a atisbar algo que ni sospechaba.

¿Es mejor no saber? ¿Es mejor no participar? ¿Es mejor no hacer?

¿Me voy a dejar conducir sin intentar influir para sentirme manada al cabo de mi vida?


Buenos días.


DELIMITACIÓN DE RESPONSABILIDAD: Todas las afirmaciones de este blog son libres interpretaciones mías, sujetas a posibles, abruptos y arbitrarios cambios de opinión sin aviso previo.
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