jueves, 28 de octubre de 2010

El trabajo como valor I: introducción

En un post anterior "Subir el techo para dar lugar a que suba el piso" mencioné que "el trabajo como valor" daba para otro post. En realidad da para más de un post y no sé en qué terminará esto, pero es posible que tire por la borda varias de las introspecciones que componen este blog.

Un primer borrador echaba mano a algunos recuerdos aislados pero no alcanzaban a explicar mi esquizofrénica relación con el trabajo. Debo reconocer que fui educada con la idea del trabajo como uno de los primeros valores, y con frases alusivas que la reforzaron durante décadas.

Hasta que escuché dos cosas: una, que la idea del trabajo como algo indiscutible en la vida de una persona decente, aparece recién en la Edad Media, cuando empieza a transformarse la sociedad alrededor de los artesanos y su actividad. Y que incluía cuestiones como la libertad acerca del tiempo de trabajo, la dedicación y la especialización durante toda una vida, el orgullo, el discipulado, la templanza del oficio. A partir de allí, la volví a escuchar varias veces. En mi curso de Didáctica, cuando vimos el origen de la "escuela" y su meta funcional a la sociedad industrial, en la "Postdata sobre las sociedades de control" de Gilles Deleuze en donde explícítamente ejemplifica (a raíz de las sociedades disciplinarias) las fábricas: "Es la prisión la que sirve de modelo analógico: la heroína de Europa 51 puede exclamar, cuando ve a unos obreros: “me pareció ver a unos condenados...”. "

Si esto tiene en comienzo, se cae de la categoría de "ley natural"... pensé

La segunda, un conjunto de ideas que se resumen en "en Uruguay la gente (que es menos consumista) se da permisos para hacer otras cosas y estar sin trabajar durante ciertos períodos, o bien que habiendo poco trabajo la gente no se desespera tanto si no lo tiene, o bien que la gente trabaja como algo que puede hacer para vivir". Juntas parecen aberrantes, pero originalmente no eran afirmaciones chocantes sino llamadas de atención a ciertas actitudes medio enfermizas que trataban de neutralizar. Así las escuché y así quisiera que se lean.

Estas ideas estaban en mi cabeza cuando escribí que el tema daba para un post aparte.

Pero ya habían germinado otras, las expresadas acerca del abuso laboral, del empleador, los síndromes laborales, el stress laboral, la OMS y mi propia sensación de que preferiría estar haciendo otra cosa en lugar de trabajar, cada vez más frecuentemente.

Porque si bien muchas veces encuentro placer en el trabajo y antes ésta era una situación permanente, hoy en día deseo hacer otras cosas y el trabajo se convirtió, en el medio que me permite solventarlas y aquello que me roba mis mejores horas, energías y voluntad, simultáneamente.

Entonces cuando decidí escribir sobre el trabajo como valor pensé: "voy a pensar un poco en el tema para saber qué es lo que realmente pienso del trabajo".

Entonces recordé a Ignatius O'Reilly, personaje de "La Conjura de los necios" de John Kennedy Toole, y su idealización de la vida y pensamiento medievales que esgrime como justificación a su abandono y pereza crónicos, y plasmándolos como un manifiesto en su "Diario de un chico trabajador".

Y también vino a mi memoria el ensayo "¿Por qué trabajamos?" de Jean Fourastié, que hube de leer a mitad de la secundaria y cuyas ideas ignoro si hicieron nido en mi cerebro.

Y finalmente y como frutilla del postre la voz de Dios diciendo "ganarás el pan con el sudor de tu frente" y ahí nomás "parirás con dolor".

Castigos divinos. ¿Por qué entonces pasó de ser el precio a pagar para recuperar el paraíso perdido a un valor, una actividad dignificante que da sentido a la propia vida?

En el próximo post (éste ya se puso demasiado largo), seguiré atando cabos (frases, hechos) relacionados con el trabajo. Más adelante incluiré un ensayo muy polémico al que llegué buscando el de Jean Fourastié (que hasta hace poco seguía en casa) y un libro que compré y estoy leyendo, muy oscurantista, reivindicatorio (como Ignatius Reilly) del pensamiento y forma de vida medieval. Por ahora no daré nombres.

¿Casualidades?

Buenas noches.



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