sábado, 16 de octubre de 2010

Elegir, siempre elegir (es nuestro destino) II

Yo soy obsesiva con algunos textos, películas, creencias. Lo reconozco, pero como es natural, todo lo que elijo hacer y leer me amplía la visión dentro de ese eje rector. Correcciones hay, sin duda y bienvenidas sean.

Uno de esos textos es el episodio del Gato de Cheshire de Alicia en el País de las Maravillas, que nunca vi lo suficientemente explotado en las versiones cinematográficas. Se podría hacer algo mejor con eso. En ese episodio Alicia experimenta algo que le llama la atención, una voz cuyo cuerpo no ubica primero, y luego un gato que habla para más tarde presenciar cómo su cuerpo se desvanece y queda la sonrisa (¿buena disposición? ¿sorna? ¿burla?).

Pero lo que importa es el diálogo. Alicia está en un lugar en donde ocurren cosas extrañas que para los demás son naturales. Esto es lo primero que la seduce y espanta. Lo segundo es que no puede lidiar con tantos cambios (¿crecer?) y quiere detenerse en algún lugar concreto, en algún destino cierto.

Entonces le pregunta al gato (a cualquiera) por dónde seguir. El gato, genialmente le responde: "depende de a dónde desees ir".

Primera parada.

En varios posts insistí que uno ve lo que puede ver en función de lo que trae: lo que conoce, las inquietudes, las elecciones que lo hacen detenerse o ignorar lo que tenemos enfrente pero por sobre todas las cosas, el enfoque que le daremos. Es nuestra formación (en la que con mayor o menor conciencia somos artífices) la que nos marca el camino, y el ángulo en que extendemos nuestra visión.

¿Cualquier camino le sirve a Alicia? ¿Le da lo mismo una cueva, sola, un palacio con una corta, su casa con su familia? ¿Dónde quiere estar?

"No importa dónde. Sólo quiero salir de aquí." O algo así, responde Alicia.

"Entonces no importa qué camino tomes". Responde nuevamente el Gato con su genialidad.

Segunda parada.

Hay muchos caminos para salir de ahí, algunos la conducirán a lugares agradables y confortables, emocionantes y desafiantes, curiosos y maravillosos, tediosos, pervesos, tristes, y otros tantos darán un recorrido circular y la dejarán en el punto de partida.

Si no le importa adónde ir, o sea, acepta cualquier cosa que la vida le ofrezca, cualquier camino estará bien.

Salvo por un detalle que pasó por alto el Gato de Cheshire. Hay varios caminos que la conducirán al mismo lugar en que está ahora que es donde no quiere estar.

¿Está equivocado o la equivocada soy yo?

Tal vez después de caminar toda una vuelta y experimentar otros paisajes, encontrarse con otros personajes, ella prefiera ese lugar a ningún otro o bien ese lugar aparezca como totalmente distinto porque lo ve con otros ojos.

Bien, entonces, si Alicia camina sin aprender nada, en círculos, el Gato está equivocado.

Pero tal vez el Gato sabe que Alicia no dará un paso sin verse modificada. De hecho comió un pastel y bebió una poción, y creció y se redujo, todo para seguir avanzando.

Sí, tal vez el Gato vio en ella la marca de Caín (ver Demián) y sabe que cualquier destino será otro lugar para ella.

Sigamos andando, como Alicia...

Otra de mis fijaciones tiene que ver con la idea central de otra película que no recuerdo si me la contaron o escuché de refilón una parte. La película se llama "Di que sí" (acabo de buscarla) y la protagoniza Jim Carrey.
La verdad es que no la vi entera y no sé tampoco si la veré, pero esa idea me quedó haciendo ruido y eso significa que viene anunciando malón.

En la película, el protagonista sale de una reunión tipo de autoayuda pero algo compulsiva (como en algunas religiones o de tipo venta multinivel) en donde la norma es decir que sí a todo. A todo. Absolutamente a todo. Lo bueno y lo malo. Así que, sintiéndose obligado, al salir de la reunión, lleva a un ¿mendigo? ¿indigente? a su casa en el auto, éste le pide cosas y él, no puede decir que no, así que a todo le dice que sí. Se siente el más idiota cuando el hombre le confiesa "me va muy bien en ese lugar, todos los que salen me dicen que sí a todo". Termina en un lugar oscuro, apartado, solo y es víctima de algún tipo de asalto. A partir de ahí su vida empieza a cambiar.

¿Para bien? ¿Para mal? Ningún resultado es definitivo, todo depende lo que hagamos con eso. Hay un cuentito muy simpático al respecto, que viene en distintas versiones, y estoy segura de que hay otra mucho más larga con más avatares.

El punto, es que él sale de su camino aceptando hacer algo distinto a lo que su lógica le indicaría. Por propia decisión. Algo distinto para que algo cambie.

Decir que sí para salir del camino que veníamos sosteniendo.

Pero volvamos con Alicia.

Entonces decide ser más precisa y pregunta por dos caminos que ya ve marcados (podría inventar otro nuevo también). Ambos conducen al encuentro con un loco: la liebre de marzo o el sombrerero loco.

Tercera parada.

La liebre de marzo está loca por una cuestión de la naturaleza: las libres, en el hemisferio norte, entran en celo en marzo y se ponen "locas". Lewis Carroll se vale del refrán común allí "loco como libre de marzo".

El sombrerero está loco en virtud de su oficio. El hidrargirismo que sufrían los sombrereros era común en esa época aunque luego fue corregido.

Ella elige nuevamente y visita a la liebre de marzo. Pero hay algo fuera de su control. Con ella está también el sombrerero loco.

Si hubiera elegido visitar al sombrerero, ¿se habría encontrado con el lugar vacío? Aquí entramos ya en terrenos aún más farragosos. Sigamos por donde veníamos.

Ella observa cómo se conduce la relación y decide entrar en el juego. Acepta y mantiene distancia simultáneamente. Acepta porque ella es una buscadora. Mantiene distancia porque está limitada por sus conceptos de lo normal, de la educación y otras cuestiones que rigen su comportamiento.

Si ella hubiera sido una niña de la calle, ¿cómo se habría conducido en esa tertulia?

Final del recorrido.

Alicia es una buscadora, "se mete" en un agujero, peligroso. Cae, cae, por un pozo hasta que toca fondo. Decide crecer, decide replegarse. Decide creer lo increíble, lo imposible y lidiar con eso. Decide preguntarse por el camino. Decide salir de donde está. Decide seguir avanzando y ver qué le depara el camino. Decide seguir sin norte. Elige el camino de la locura y acepta, expectante, el juego.

...

Ya había crecido cuando salió a la venta la serie "Elige tu propia historia". Lástima.

No podemos negar nuestra naturaleza exploradora. Hay otros caminos. Seguir la receta lleva a repetir el pastel. La innovación y el progreso, requieren aceptar los riesgos.

¿Pero cuándo deberíamos repetir o seguir y cuándo innovar o arriesgarnos?

Buenos días.



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