lunes, 2 de julio de 2012

Un dios, muchos dioses. Un hombre, muchos hombres 2.

Ayer estuve en un bautismo, tratando de sacar alguna foto que sirviera de recuerdo a su familia. Para la familia de Tomás, este rito, superados o en vías de superación algunos inconvenientes de salud del bebé, era muy importante. Volví a ponerme en contacto con esta subcultura que me es cada vez más ajena. Yo ya perdí esa severidad exgerada de lo religioso.

Pero me referiré a algo que ocurre durante los bautismos, porque lo que viene después que es justamente acerca de cómo hemos creado a Dios, y tiene que ver con eso.

En un momento se hizo una oración comunitaria, un renunciamiento, de esos en las que hay que responder con un pequeño refrán a cada intención, o en este caso, las aseveraciones de un manifiesto. Todas las intenciones eran renunciamientos al diablo. Y había una lista actualizada de las señales del demonio: negar a Dios, por ejemplo, en la primera. En el segundo punto, todo apego al dinero y al materialismo de cualquier tipo. Después me distraje con las tomas y respondí automáticamente.

Eso, mientras pensaba, "qué hipocresía", sobre todo porque sabía que nadie iba a renunciar al dinero, a los placeres materiales, a la acumulación de bienes y al consumo y porque sé positivamente que nadie temía por ello ninguna represalia ni lo consideraba una señal de tentación demoníaca. Nadie ve hoy en día, en el consumo, la tentación del demonio. Y ahora que el socialismo también promueve la economía de mercado y del consumo, no hay casi ningún profeta que se atreva a excomulgar a alguien por ello.

Pero en el primer caso, sí.

Negar a Dios y también negar al Diablo (sin el Diablo, Dios no tiene sentido, su protección no la tiene), siguen siendo considerados señales de haber sido reclutados por el Diablo, de aceptar sus engaños, de estar del lado del mal, con o sin conciencia de ello. Pues el Diablo, aprovecha la ingenuidad y la inocencia de los incautos para sus fines. Tu maldad y tu bondad. Todo le sirve. Como en "El abogado del Diablo", cualquier virtud puede torcer a pecado.

Obviamente, caigo en esa categoría. No porque niegue a Dios. Niego a ESE Dios. Simplemente no tengo cuestiones con el otro Dios. Porque si existe, no creo que sea como lo pinta la religión, con lo que no hay nada que temer por ese lado. Yo estoy del lado del ser humano, estoy del lado de la convivencia pacífica, solidaria, empática, humanitaria. Sin dioses ni demonios. Si Dios está a mi lado en esta cruzada incruenta, mejor. Ya ha estado convocado a cruzadas terribles con lo que no descarto que ésta, menos costosa, podría sumarlo a estas filas.

Lo que sí creo es que el hombre ha creado un dios que seguro no es, en caso de existir, ese otro Dios. De eso ya hablé más de una vez.

Pero veamos qué es esa creación del Hombre llamada Dios. Una buena excusa, un excelente instrumento, la causa perfecta y la mejor forma de quitarse responsabilidades de encima.
Ya en el mito bíblico de Babel, en el de Ícaro, en el de Prometeo, y en casi todos, se muestra que el hombre siempre aspiró a ser el artífice de su propia existencia. Ser como Dios. Y por eso es un creador. Un creador de industria y un creador de arte. Un creador de ciencia. Un creador de sociedades. Todos instrumentos para reemplazar a Dios en lo cotidiano... porque cuando las papas queman hasta el más ateo echa mano a una oración o una fe diminuta y endeble.

Ya éramos creadores y ya teníamos esa aspiración a la superioridad a través de nuestras creaciones. No todos los hombres son iguales, si el hombre tiene alguna potencia creadora diferenciadora, es reconocido, admirado, y son buscados su favor y su simpatía. Por eso la creación humana Dios, refleja lo que el hombre es. No es el hombre hecho a imagen y semejanza de Dios, sino Dios, hecho a imagen y semejanza del hombre. Por eso, aquellos que se sinceran consigo mismos, no se creen las historias que ha diseñado la tradición religiosa.

Por eso Dios depende de la alabanza y los rituales para la construcción y afirmación de su propia majestad y conceder favores a sus creaturas. Dios crea al hombre, el hombre crea su mundo a su imagen y semajanza, con su lógica utilitaria y estética.

Dios crea a los animales y el hombre crea a la mascota. Dios crea las plantas y el hombre el arreglo floral...

...pero fuera de broma, Dios (este Dios) es una abstracción del hombre y no el hombre una instancia incompleta de Dios.

Del mismo modo que Dios requiere alabanzas porque sino se enfurece, el hombre necesita la utilidad de sus objetos, sino los desecha. El hombre muere siempre, con lo que no puede interpretarse que Dios nos haya desechado por no haberlo alabado. ¿Cómo entonces, lograr la alabanza que otorga, genera y acrecienta el poder?

La acumulación de fieles hace poderoso a Dios como la acumulación de bienes hace poderoso al hombre. Ese poder le otorga a ambos, majestad. La majestad es un símbolo del poder que lo inviste. ¿Pero qué significa ser poderoso? ¿Qué puede ser peor de lo que ya ocurre?

Si la versión fuera que Dios es amor pero que si no estamos con él, no pasa nada, no tendría una grey capaz de matar o quemar vivas a las personas. Dios es poderoso por el reconocimiento de sus poderes y de lo que su poder puede hacer.  Es la amenaza lo que lo logra. Su capacidad de amedrentar. Pero si todos los hombres mueren sin remedio, ¿con qué más podría amedrentar?

Entonces se le otorga lo que más amedrenta al hombre. Dos atributos que son intangibles y totalmente fuera del control del hombre: el tiempo y su alma. Las dos amenazas más angustiantes. Dios podrá además ser Amor (que a la luz de esta visión es poco creíble), pero es mucho más la amenaza de perder el alma o ser víctima del mal más absoluto, eternamente. Una venganza 100% humana que no tiene nada de divino. Sólo una persona dominada por el miedo puede justificar tamañas amenazas.

Dios como creación del hombre, tiene estas características: ser hipócrita y ser arbitrario. ¿No se parecerá demasiado al hombre?

Buenos días.

DELIMITACIÓN DE RESPONSABILIDAD: Todas las afirmaciones de este blog son libres interpretaciones mías, sujetas a posibles, abruptos y arbitrarios cambios de opinión sin aviso previo.

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