miércoles, 6 de junio de 2012

Un dios, muchos dioses. Un hombre, muchos hombres.

PRIMERA APROXIMACIÓN (necesariamente habrá otras, no sé si escritas) para tratar de clarificar mis propias ideas (no olvidemos que éste es un blog de introspecciones, indagaciones, cuestionamientos y me tengo absolutamente permitido ir cambiando de opinión, es el decurso de mis aprendizajes).

Muchos de los principios morales actuales o del espíritu de las leyes tiene que ver con nuestro concepto y relación con la divinidad. Así que al momento de replantearme mi relación con la sociedad necesariamente debo replantearme mi relación con la divinidad.

El punto es que no puedo demostrar ni sentirme segura acerca de la existencia de un dios, "Dios", o de muchos dioses, o de uno o más demonios. Y en caso de existir alguna o varias de estas entidades no me siento limitada en mi comportamiento hacia mis congéneres por esta circunstancia. O sea, no cambia nada. ¿Por qué?

Supongamos que existe un solo dios, y que, como dicen las religiones monoteístas tradicionales, es perfecto, omnipotente y omnisciente. Si es perfecto, tiene que ser superior al hombre (insisto en las minúsculas). De los atributos y características de dios que dicen los hombres que éste detenta están:
-Adorar a dios
-Temer a dios
-No ofender a dios
-Colocar a dios por sobre todas las cosas
-No blasfemar
-Dios castiga
-Dios perdona
-Dios es santo
-Dios es amoroso
-Dios exige que cumplamos sus mandamientos

Veamos, si dios nos tratara mejor si lo adoramos, le temiéramos y cuidáramos todo el tiempo de no ofenderlo, sería un necio. Porque eso esperan los hombres necios y si dios es perfecto tiene que ser superior a los hombres y en particular superior a los hombres necios. Si Dios es necio, entonces no merece mi respeto y que haga lo que quiera.

Por lo cual, no creo que dios espere que lo adore, le tema y me cuide de no ofenderlo. Y andar por la vida como un cachorro con el rabo entre las patas, cuidándome de no recibir palos y pidiendo permiso todo el tiempo. No es mi estilo.

Por otro lado, las personas que se ofenden lo hacen porque consideran que se los ve de una forma que sienten injusta. Coloca a la persona ofendida en una situación de inferioridad, de ser juzgado. Dos cuestiones: ¿podemos nosotros, seres imperfectos hacer cualquier cosa que dios pueda sentir que es una injusticia hacia él? Y si es posible que se ofenda, ¿no será que pensando que dios es un necio, como las religiones sostienen antes lo que se le atribuye, estamos realmente ofendiendo a dios?

El temor. ¿Por qué habría de temer si es amor? ¿Qué entendemos por amor? ¿Ese concepto de amor que tenemos, justifica el temor?

El disciplinamiento. Castigar. El castigar va en contra del libre albedrío. Si el libre albedrío tiene condicionamientos, entonces no es tal. Si no puedo elegir qué hacer porque si hago ciertas cosas seré castigado, entonces el libre albedrío no es libre, sino condicionado. Si existe el castigo y éste es el infierno estamos en un nuevo problema. Porque la existencia del infierno demostraría que dios no es omnipotente. La existencia y la amenaza de un infierno coloca a dios en una posición de rendición, de no haber podido. Pone a dios en la obligación de castigar, de excluir, de no aceptar. Si el libre albedrío coloca a dios en una situación de impotencia, entonces o bien no existe el libre albedrío o bien dios no es omnipotente. ¿Acaso la amenaza no es un recurso netamente humano, indicativo de las limitaciones del que la ejerce y del ánimo de aplicar un poder arbitrario para lograr algo?

¿Y para qué es el libre albedrío? Es como decir "puede elegir cualquier color siempre que sea negro". O sea, si no elegís lo que yo quiero, te mando al infierno. ¿No es contradictorio? ¿No suena a muy humano esto? Y siendo dios perfecto no puede ser que parezca tan humanamente imperfecto.

Por otro lado, el disciplinamiento es algo que implementan los padres y los maestros con los niños, implica un reconocimiento de inmadurez. Los adultos ya no pueden ser disciplinados sino por la ley o los castigos sociales. El disciplinamiento implica resignar los propios deseos o inclinaciones a un criterio externo y contrario a nuestros deseos. Sino no habría disciplinamiento. El disciplinamiento es siempre arbitrario porque implica supeditar la propia libertad a algún tipo de amenaza de castigo. Sino es una elección. Y en las elecciones hay conveniencias y no amenazas. Si dios tuviera que recurrir al disciplinamiento no sólo mostraría su impotencia sino que además lo pondría en una posición dictatorial, con necesidad de mostrar su poder. No hay amenaza sin poder (real o imaginario). Y el poder es un atributo humano que es evidencia de imperfección, pues quien fuera perfecto no tendría necesidad de recurrir a un recurso tan bajo como es el poder.

Si el hombre puede razonar, apelar a la fuerza o la amenaza implica no reconocer todas sus posibilidades y por ende no respetarlo en toda su riqueza y creatividad. Por lo tanto, quien apele a la fuerza es porque descree en las posibilidades del hombre de actuar según el beneficio y por eso elige medios que implican la elección según el costo. Para mí, esto es una muestra de impotencia y debilidad.

Poner a dios por sobre todas las cosas. ¿Qué necesidad podría tener dios de que lo pongamos por sobre todas las cosas? Si es perfecto, ¿qué necesidad podría tener de nosotros, de nuestra adoración, de nuestro temor?

Los mandamientos, ¿son mandamientos de dios o son mandamientos de Moisés? Cuando uno los lee, ¿no suenan a muy humanos? ¿No suenan a la muy conocida estrategia de "no lo digo yo, lo dice el jefe" y con esa excusa te mantengo bajo control? ¿No suena a no querer hacerse cargo de las propias decisiones? Por ejemplo, ¿cuál podría ser el problema de desear la mujer del prójimo? ¿"Por las dudas"? ¿Qué ser perfecto podría prohibir a otro desear algo por si acaso se le diera por hacer algo para obtenerla? ¿Y cuál sería el problema en ese caso?

Santificar las fiestas. No las de cumpleaños o de graduación (que nadie se plantea si deben ser santas). Puro narcisismo. Sin palabras.

Si dios existe y es perfecto debe estar muy decepcionado de que hayamos estado dirigiendo nuestra energía en nuestro vínculo con él (porque eso es de hombres pequeños que se miran el ombligo), en vez de mejorar las relaciones de nosotros con la sociedad y procurarnos un bienestar ecuánime con nuestras propias posibilidades. Si en vez del temor a dios, hubiéramos desarrollado la empatía, la mitad de los problemas del mundo no existirían o al menos tendrían soluciones más sencillas.

Si existe un único Dios perfecto, omnipotente y omnisciente, no creo que Dios sea como lo pintan. No puedo creer que sea un necio, inferior a mí, que puedo manejarme con bastante cintura en todas estas cuestiones y que, cuando no puedo, es por mi propia imperfección. Y la verdad, no puedo respetar a un dios necio. Simplemente, si Dios existe no puede ser así.

Nadie me va a convencer de que Dios haya inventado un infierno para rostizar a las almas cuyos cuerpos y mentes "no le hicieron caso". Cosa más infantil no hay. No puedo creer que el "libre albedrío" sea uno de tantos espejitos de colores. Si Dios necesitara engañarme para que lo adore y me recate, entonces sería un necio.

Si hubiera muchos dioses en lugar de un dios (como muchos creen) estamos en una situación peor. Pues habría que multiplicar este sinsentido muchas veces y no sólo eso, sino que además tendríamos que lidiar con la competencia entre dioses. Cosa estúpida si la hay. Un Olimpo reflejo de la peor parte del hombre: sus miserias.

Lo mismo con uno o más demonios. Con la diferencia que el mal es más coherente que el bien bajo estas perspectivas y ahí sí tendría sentido tener miedo. Lo que no tendría sentido sería creer en la posibilidad de escapar de él. Entonces, ¿para qué preocuparse? Si nacimos para ser juguetes del mal, ¿qué posibilidad de redención tendríamos?

Lo más razonable para mí es pensar en un hombre (mujer, yo) y muchos hombres (la sociedad). Esto está en términos reales. No hay misterios sino incertidumbres. Existen las contradicciones, existe la empatía y la imperfección y todo empieza a tener explicaciones, pero fundamentalmente existe la posibilidad de resolver problemas. El bienestar empieza a poder ser considerado como un bien social y no como gracia divina, causa de castigo o resultado (culpable) de la ambición o la codicia.

Me parece más sano pensar en que como humanos podemos resolver nuestros problemas con nuestros naturales límites humanos.

Y podemos seguir recurriendo a Dios (si creemos) cuando necesitemos, pero un Dios con mayúsculas, no egocéntrico, no intrusivo, no dictatorial, no narcisista.

Buenos días.

DELIMITACIÓN DE RESPONSABILIDAD: Todas las afirmaciones de este blog son libres interpretaciones mías, sujetas a posibles, abruptos y arbitrarios cambios de opinión sin aviso previo.

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