martes, 19 de junio de 2012

Escribir mediocremente.

Recuerdo el aporte de Coco sobre Fontanarrosa y Borges acerca de escribir siempre el mismo libro.

El problema no es ese. El problema es encima hacerlo mal.

Una y otra vez.

Pero tampoco es tan grave.

Y esto viene a cuento de que a mí las cosas me ocurren en ramillete.

-Yo había hecho un par de años atrás una autoedición de un montoncito de poemas que había escrito hace aproximadamente 30 años. Y lo hice porque necesitaba sentir que "había hecho algo" con todas esas horas sintiendo y escribiendo, escribiendo y arrepintiéndome. Y tras rescatar algunos pocos sobrevivientes de las muchas inquisiciones que diezmaron (para beneplácito del difunto Fontanarrosa) mi contrahecha producción, decidí registrar, ponerle nombre y hacer un librito, más que nada para mí. Y lo publiqué, libremente. El mundo, para mi alivio, ni se enteró.

-Algunos amigos me dijeron entonces: ¿por qué no presentás lo que escribís en un concurso? Y empecé a buscar y la verdad... no me interesaba demasiado presentarme en un concurso. Aún así sigo mirando y nunca me decido, porque no sé si me interesa lo suficiente. No sé qué me podría dar un concurso, no sé qué esperar de un concurso, no sé en qué me cambiaría presentarme a un concurso.

-Y otros me dijeron: si te gusta escribir, por qué no vas a un taller. Y la verdad, que tampoco me interesaba demasiado. Lo que siento es así, sale con fritas o no sale y no sé si quiero pulirme en el oficio de escribir.

-Luego leí algunas burlas sobre la gente que autoeditaba sus libros porque no era capaz de llamar la atención de los editores. Algo así como un premio consuelo. No era exactamente mi caso, pero si alguna vez quería justificar por qué no tenía doctorados y más títulos, y artículos y demás, ya me daba algo de tristeza poner que eso que yo había autoeditado era el hijo de mi tiempo malgastado.

-Y dejé en remojo, mis otros poemas ahí, sin editar, por si alguna vez los presentaba en un concurso o si alguna vez me decidía a buscar quien los editara, cosa que me produce repulsión.

-Luego perdí mi pericia para resistirme a la política. Cosa que vengo evitando desde mis 20 años. Yo me había afiliado a los 18 en pleno renacimiento de la democracia, "Renacimiento" debería decir, luego de los oscuros años medievales de los regímenes militares. Y había intentado militar con decepción. Sentimiento que fue creciendo y alejándome de ese partido y de todos los demás, hasta que supe que no me gustaba el poder, la autoridad, el verticalismo, el personalismo y todos los males que sufre la política. Pero justamente, estos descubrimientos fueron crecientes hasta que me tomaron y entonces sí, supe que mi postura política era precisamente esa, que en eso sí creía, y que además el conocimiento debía ser libre y que me parecía delictuoso que hubiera editoriales, grabadoras y demás, comerciando con el talento de los artistas (que no era mi caso). Y volví a pensar en autoeditar mis otros poemas, porque total, ¿qué importa? ¿Quién se va a enterar? Es como una necesidad de despiojarse más que otra cosa. Si el mundo está lleno de gente que no hace bien las cosas, que no trascenderá e incluso con gente que hoy tiene fama y mañana será ignorada. ¿Qué obligación tengo de hacer esto bien? ¿A quién le importa si lo hago bien? ¿A quién le importa si lo hago mal?

-Después Alexis me dice que si me gusta, al menos escriba 30 minutos, día por medio, si no tengo más tiempo.

-Después veo el video de Casciari en Ted acerca de cómo creció Orsái, el tema de publicar libremente lo que uno escribe y esas cuestiones. De cómo se fue armando sola la comunidad. Y pensé: "No es mi caso". No, tampoco era mi caso porque yo, como muchos otros como yo, yo soy una de los "cualquier pelotudo tiene un blog". Y sí, la verdad que me encanta. Me gusta la categoría porque me deja en un lugar de no tener que demostrarle nada a nadie. Acá puedo decir cualquier cosa porque pocos llegan, espían 5 segundos y se van y está mejor visto que hablar sola o ver gente muerta. Y tengo el derecho de cambiar de opinión además. Cuantas veces quiera.

-Y mientras tanto he seguido leyendo y viendo que hay muchas cosas que son reputadas de buenas y que no me gustan y cosas que son reputadas de mediocres y que me encantan y entonces pienso: "no tiene nada de malo ser mediocre, el mundo está lleno de mediocres que no saben que lo son, o que piensan que los demás lo son y que justamente ellos y unos pocos más, no. Qué soledad, ¿no?". En el lado de los mediocres, la soledad de la cima no existe.

Y últimamente estuve leyendo muchas cosas maravillosas, y sobre todo algunas de las que despiertan si más oscuras pasiones... y necesito escribir. Es como una autoflagelación. Se me agolpan las ideas en el cerebro y me lo golpean y taladran y no me importa que sean hordas de deslucidos argumentos, personajes simplones, ideas malogradas o remanidas. Deben nacer, crecer y echarse a perder igual que nosotros. Es su destino sin carne.

Así que creo que le voy a hacer caso a Alexis y rescatar a Marisa, a Alexa, al pescador y a otros personajes que me esperan sin ningún entusiasmo con sus tramas predecibles o trilladas.

No puedo ser bruja, pero puedo inventar mis propios conjuros.

En fin.

Gracias, Patricia.

Buenas tardes.

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