domingo, 24 de junio de 2012

3er Evento de Software Libre y Economía Social 2: La universidad ausente 1.

Yo lamento tanto no tener los conocimientos necesarios para explayarme como agradecido estará el  ocasional lector de este post... ¿20 meses en el futuro, durante 5 segundos?

Las cuestiones que me movilizan dan para un libro pero lo manejaré (torpemente) en un post algo largo.

En primer lugar, uno de los replanteos que me han preocupado desde hace un montón de años es precisamente mi rol docente. Por distintos motivos, siempre caigo en estos planteos. Yo tenía algunas dudas ya desde chica cuando fui aprendiendo el beneficio que se obtiene y  simultáneamente el precio que se paga por la movilización social.

La universidad fue uno de los medios de promoción social (dicen), a principios del Siglo XX, al menos en la Argentina. De eso se trata "Mi hijo, el dotor" de Florencio Sánchez y en cierto modo, también "Rancho" de Julio Chaves más de medio siglo más tarde.

Pero la universidad es uno de los máximos grados de educación pública. Y la educación pública porta dos cruces: el ser oficial y el ser funcional a las políticas de estado (cuando las hubiera) coadyuvando mejor o peor a la reproducción de las estructuras sociales vigentes. Si bien Boudieu (según leí en Charlot) no habla de la reproducción de las relaciones o estructuras sociales ni tampoco de la inquebrantabilidad de dicho sino, sí lo hace acerca de las posiciones. Y en esto sí contribuye la educación pública. No sólo reproducimos la lógica que sustenta esta división en posiciones, sino que además reforzamos la necesidad de dichos roles y las imponemos vía el asistencialismo, caridad cristiana, etc, la empatía mal entendida, como la lástima. Favorecemos esas relaciones de superioridad implícita, de los que dependen los menos favorecidos y no sólo eso sino que en cuanto levantan cabeza para protestar se las aplastamos con nuestro descrédito, señalando las diferencias, sus modos, sus preferencias y sus gustos como evidencia de portación de decadencia.

No es casual que el cooperativismo casi no se enseñe en la educación formal. Reproducimos la asimetría como colaboraríamos a generar horizontalidad. Reproducimos el sentido común, reproducimos la desacreditación de los credos no oficiales, repitiendo los argumentos de los que los yerguen en su posición dominante.

El hecho de ser oficial también tiene dos derivaciones. Una es la vieja cuestión de la posesión del capital intelectual: el otro capital, el negado, convertido en bien moral. Dice Bauman que la "cultura" es un invento del Siglo XIX y que cultivar implica la separación en cuidador, y del cuidado. Uno activo y otro que se deja hacer. y como poseedores del capital intelectual oficial, consagrado, somos quienes lo administramos y fundamentalmente dominamos las barreras de entrada.

¿Qué características tiene la universidad? Impone una serie de guías y restricciones para obtener un conjunto de conocimientos y un título que acredita la posesión de dicho conocimiento. Las guías permiten al estudiante asegurarse que existe un conjunto coherente de conocimientos que se explican y justitican mutuamente, no porque sean los únicos sino porque explican el actual estado de cosas y los mundos posibles a partir de ellos. En la universidad no se imparte todo el conocimiento acerca de una disciplina, ni se estimula a buscar el conocimiento restante. En muchos casos se estimula la crítica despiadada y mordaz, más parecida a la manifestación del miedo que al estar en escalón más arriba. La arrogancia, la soberbia, el desprecio, pero con sutileza, es un subproducto de la universidad. Las restricciones consisten en no favorecer caminos que no son parte de ese conjunto de conocimientos oficiales y desalentarlos por distintos métodos. También hay restricciones con respecto al tiempo que un estudiante debe dedicar a su aprendizaje, al tipo de respuestas que debe dar, más concentradamente en la forma que en los contenidos. Una serie de exámenes acredita la posesión de dicho conocimiento, que lamentablemente, en haras de simplificar la tarea docente, en muchos casos es una lotería de diga qué es verdadero y que muchos estudiantes lo toman como tal.

Eso es lo malo.

Lo bueno es que ofrece un tipo de orden y un tipo de coherencia, que favorece, a través de los buenos docentes, el pensamiento crítico y que es un lugar en donde uno puede encontrar gente que sabe, que es humilde y que desea compartir lo que sabe.

Pero ni lo bueno ni lo malo es privativo de la universidad.

También encontramos las mismas carencias y virtudes en ottos tipos de educación formal (privada) e informal. La gran ventaja de la universidad es que el título que ofrece te abre puertas dentro de este sistema. Y también ante personas que consideran que si no pasaste y saliste exitosamente de la universidad, no tenés derecho de palabra.

Los que no pueden o no quieren afrontar ese régimen o continuar con ese sistema, se colocan en la vereda de enfrente y profieren sus críticas. No hay que ser muy avezado para adivinar que las críticas se potencian de cada lado y se corta el diálogo. Se corta la valoración del otro y deja de ser posible la colaboración. Ni los que quedaron fuera desean recibir consejos ni observaciones de los universitarios, ni viceversa.

¿Que no es así? Lo escucho todo el tiempo, no puntualmente de esta forma pero sí bajo la forma de comentarios despectivos de uno y otro lado.

Y de los dos lados hay resentimientos. Del lado de los no-universitarios, se sufre el no portar credenciales oficiales que a veces hacen falta y del otro lado se siente que es imperiosamente necesario pasar por los tormentos y restricciones que ellos pasaron para gozar del fruto del beneficio.

Talentosos hay de los dos bandos y no talentosos, también.

Está mal hecho, no debería ser así. De ninguno de los dos lados.

Por eso, yo huelo de lejos esos "sangrar por la herida" de ambos lados, celos y envidias que se ven en los brillos de la mirada durante comentarios respetuosamente medidos, y también en comentarios mordaces (en confianza) y demás.

Es lógico también que si se considera que pueden seguir adelante solos, lo hagan. No hay confianza entre una vereda y otra. Es poco usual, y por suerte podría ser que esto esté cambiando, que la universidad salga a ver qué pasa con la gente que no comparte su vida y sus valores universitarios, si no es para estudiarlos como fenómeno. Pero con la Economía Social, pareciera que la universidad quiere aprender de estos fenómenos de autogestión, que es tan ajeno a la universidad por más autónoma que parece que es.

¿Debería haber estado la universidad en el 3er. Evento de Software Libre y Economía Social? Sí, debería haber estado.

¿Algún otro motivo más que el mencionado? Sí, pero en otro post, por el tema del Software Libre.

Buenas tardes.


DELIMITACIÓN DE RESPONSABILIDAD: Todas las afirmaciones de este blog son libres interpretaciones mías, sujetas a posibles, abruptos y arbitrarios cambios de opinión sin aviso previo.

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