martes, 19 de julio de 2011

El trabajo como valor VII: el avance tecnológico y el "ejemplo aterrador".

Si bien tengo pendientes un montón de lecturas, más "serias", libros de economía, ensayos y demás para continuar aprendiendo un poco sobre este fenómeno del trabajo, me topé, mientras buscaba información sobre "Manifiesto contra el progreso" de Agustín Lopez Tobajas, con un "Manifiesto contra el trabajo".

Los manifiestos en general, son desarrollados en un estilo cercano al "libelo", así como también mencioné respecto de "Abolición del Trabajo" de Bob Black.

Éste también.

No he terminado de leer este nuevo opúsculo (nuevo para mí, no sé en qué año fue escrito) pero quería compartir un par de párrafos bajo la serie de "El trabajo como valor VII: el avance tecnológico".

Seleccioné estas líneas porque hace un tiemp noté en Linked In, red social profesional, una gran angustia por parte de los profesionales que van quedando fuera del sistema "sano" laboral para pasar a integrar las filas de los profesionales como producto "profesional independiente". Angustia que me impactó pues no he podido borrarla de mi memoria.

Ya dije hasta el cansancio que no todo el mundo quiere salir a "venderse". Mucha gente más joven y moderna lo ve como natural. Generaciones más cercanas a la de "Identidad sustituta" ("Surrogate") en donde está muy bien crear una identidad plástica, estética, feliz de felicidad superficial haciendo sociales por nosotros mientras nosotros vegetamos en una camilla siendo testigos de la vida de nuestro clon, tienen incorporado como natural el vender su imagen.

También he hablado (tal vez confusamente) acerca de la naturalización.

Naturalizar es machacar algo antinatural, contra natura, artificial, muchas veces y de muy variadas formas hasta que destruimos nuestras barreras, nuestras alertas lógicas y lo dejamos de cuestionar.

Así naturalizamos un montón de actividades, costumbres, cuidados, y "leyes" hasta que pasan a ser parte del "sentido común social" y ya nadie se atreve a cuestionarlas so riesgo de ser etiquetados como rebeldes o incluso psicóticos.

Excesivo preámbulo, pasemos al cuerpo. Las líneas que elegí son estas:

"La fracción neoliberal deja confiadamente el negocio sucio y social-darwinista a la «mano invisible» del mercado. En este sentido, están siendo desmontadas las redes socioestatales, para marginar, preferentemente sin ruido, a todos aquellos que no consiguen mantenerse en la competencia. Sólo son reconocidos como seres humanos los que pertenecen a la hermandad de los ganadores globales, con sus sonrisas cínicas. Todos los recursos del planeta son usurpados sin vacilar para la máquina capitalista del fin en sí mismo. Si esos recursos no son movilizados de una manera rentable, quedan en «barbecho», incluso cuando, al lado, grandes poblaciones se mueren de hambre. Lo incómodo del «desecho» humano cae bajo la competencia de la policía, de las sectas religiosas de salvación, de la mafia y de los comedores de caridad."

Hacía tiempo que me debía hablar de lo "social-darwinista", de la "ley de la selva", la "ley del más fuerte" new age, posmoderna o como les guste titularla.

Seguimos siendo los mismos bichos jodidos de siempre. En la época de las cavernas, era el más sano y provisto con el garrote más grande y con los impulsos más violentos, los que se imponían y prosperaban. Las mujeres elegían de entre los mejores machos (o no) con quienes perpetuar la especie.

Luego llegaron los metales y las aleaciones y dejamos las lanzas de punta de piedra y las dagas de obsidiana para hacer cada vez más sofisticadas armas y nos juntamos en ejércitos a avasallar otros ejércitos menos venturosos. Los generales, los reyes y los emperadores y sus consejeros fueron los más fuertes entonces.

Luego llega el comercio y luego la tierra, los latifundios, como origen del poder, una forma sofisticada de la fuerza bruta de los primeros días.

Y ni qué decir del capital.

El dinero, primero y luego la imagen pública y el prestigio social ahora como símbolos del poder. Estos atributos que son señal de éxito son las nuevas "fuerzas" que se imponen.

No hemos mejorado mucho.

Aquellos que no acceden al renombre, a la fama, la lujo, al dinero, no son los más fuertes.

Y ser débil siempre significó servir al fuerte, acatar al poderoso.

¿Cabe alguna duda que el mundo ha girado de la mano de estos poderosos? ¿Cabe alguna duda que "quererse bajar" es imposible? ¿Que o sos de la élite de los poderosos o servís en las filas de alguno, aunque más no sea haciendo número por inacción?

¿Cabe alguna duda que la "competencia perfecta" e incluso la imperfecta, con subsidios, cargas impositivas y demás, es la perfecta transliteración de la ley del más fuerte?

Cualquier persona hoy ve como "natural": "y... no se sabe vender", "y... no sabe nada pero se vende bien", "y... tenés razón, pero él/ella se muestra, se hace ver".

Hoy los exitosos son aquellos que pueden mostrar de sí una imagen exitosa, con el criterio de éxito que tiene el grupo social al que uno (a voluntad o no) pertenece. Desde hace un tiempo ese criterio es el "patrimonio" volátil, debido a una cada vez más acérrima sociedad de consumo, en la que cuanto más consumís, más "top" sos. "Muéstrame tu basura y te diré quién eres".

En "Educar en la sociedad del conocimiento" de Juan Carlos Tedesco, se explica muy bien de qué se trata el fenómeno de exclusión. No es, como era antes, ser pobre. No es tampoco ser "extremadamente pobre". Es "no-ser". Estar fuera. No ser parte. No tener oportunidad siquiera, no tener derecho a aspirar a ser parte. No es como el sistema de clases. Es más parecido al sistema de castas.

Estos nuevos "trabajadores", expulsados de la sociedad, garroneando cuando pueden y sino arañando o mendigando una oportunidad de prestar un servicio valioso a cambio de seguir en el sistema, son los futuros excluidos (cuando no "actuales").

"A los excluidos sólo les queda una función social: la de ser un ejemplo aterrador. Su destino debe incentivar a todos los que aún forman parte de la carrera de «peregrinación a Jerusalén» de la sociedad del trabajo en la lucha por los últimos puestos. Este ejemplo debe incitar a las masas de perdedores a mantenerse en movimiento, para que no se les ocurra la idea de rebelarse contra las vergonzosas imposiciones. "

Como dije en alguna oportunidad, muertos los dioses, tenemos que inventarnos nuevos mitos. Los excluidos, los ejemplos aterradores, los reales muertos vivos son el nuevo infierno al que temer. Y la eterna capacitación (de la que también soy parte), el nuevo dogma, garantía de salvación.

Buenos días.


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