viernes, 10 de junio de 2011

Ignatius Reilly.

Ignatius Reilly es el protagonista de "La conjura de los necios", la genial novela de John Kennedy Toole quien terminó con su vida demasiado tempranamente.

Es una novela desopilante, exuberante de estupidez y eso mueve a enojo y luego, ya sin remedio ante las evidencias, a risa. Es imposible no reir leyéndola.

Ignatius Reilly es un personaje bastante desagradable. En general, la gente se indigna cuando lee de él su dejadez, su sobreestimación, su admiración por lo medieval, el oscurantismo, el orden sagrado. Su extraña visión de lo moral contrasta con lo desastroso de su vida.

Pero su postura frente al trabajo es muy rara.

Los que conozco que han leído el libro dicen linealmente "era un vago". Sin embargo, Toole no nos lo presenta como un vago, sino como un anarquista ridiculizado. No por ser anarquista, sino porque todos los personajes son absurdos, estando cada uno de ellos convencido de ser su propia visión del mundo, la correcta.

Ignatius desprecia el trabajo. Desprecia el capitalismo materialista que se construye sobre el trabajo, y lo toma como una esclavitud, como una humillación y como una degradación del espíritu humano.

Cuando organiza una revuelta en la fábrica de pantalones no lo hace por mejorar las condiciones de trabajo o por una toma de conciencia al estilo del socialismo, sino para socavar los fundamentos de cualquier organización empresaria.

Pero es detenerse en un ejemplo de absurdo. La cadena no se detiene.

Ignatius es absurdo. Sus ideas son extemporáneas y está convencido de ser admirable.
Consigue a su pesar, un trabajo que intenta sabotear.
Sus compañeros son absurdos.
Los operarios con sus creencias y su falta de tino son absurdos.
Su jefe con su inocente esfuerzo por hacer funcionar la pantalonería es absurdo.
Los dueños de la fábrica y su historia son absurdos.
Las relaciones de cada uno de ellos con sus seres queridos son absurdos.
Porque es un mundo contruido sobre falsos pilares.

Todo se erige casualmente porque ninguna intención medra según es concebida, y deriva caprichosamente sin mucho control y sin resistencia por parte de sus protagonistas. El azar, el capricho y la estupidez son los protagonistas y los personajes simplemente no saben que pueden resistirse a ellos o no les interesa.

John K. Toole pinta en Ignatius algunas de las características de sí mismo. Probablemente algunas de sus ideas más profundas tengan que ver con él. ¿Su ilusión de hacer su gran obra, malograda en cuadernitos infantiles? ¿Su idea de la degradación del hombre? ¿Su idea de un mundo construido por el azar, obra llevada a cabo por inútiles e ignorantes, fracasando en sus metas pero resultando siempre alguna cosa que nos hace creer que hacia allí iban?

Si Ignatius hubiera sido un espíritu refinado, seríamos incapaces de reirnos de él y de sus ideas.

Buenas noches.


DELIMITACIÓN DE RESPONSABILIDAD: Todas las afirmaciones de este blog son libres interpretaciones mías, sujetas a posibles, abruptos y arbitrarios cambios de opinión sin aviso previo.



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