martes, 5 de julio de 2011

Creer o no creer.

Ni la fe ni la certeza han sido mis fuertes. Como soy tan endeble en estas cuestiones de la certidumbre, dudo fácilmente. Me cuestiono permanentemente, me desacredito y me ratifico con la misma vehemencia.

No tuve una educación religiosa de chica. Tanto es así que mi imagen más vívida del infierno, era, como conté ya en otro post, el horno de la pizzería "El Ombú". Mi jardín y primaria transcurrieron en tres escuelas públicas: Esc. Nro 19 DE 7, Esc. Nro 11 Ignario Gorriti, también del DE 7, Esc "Provincia del Chaco" de Flores (no recuerdo número ni distrito). Todas laicas.

Pocas anécdotas familiares relacionadas con lo religioso, se repitieron una y otra vez durante mi infancia, ninguna de mucho valor. Mi padre, ateo, que se educó en el San Pedro Nolasco de Caballito, tenía tres anécdotas que repetía hasta el cansancio: una, la de la capa de San Tarcisio (uno de los grupos a los que pertenecía), que nunca recibió por ser pobre o por ser travieso (él y otro niño, los únicos sin capa); otra, la de la sonrisa incrédula ante la supuesta anécdota del sacerdote que se había muerto y resucitado, seguida de la expulsión de la sala llevado de la oreja y la última de la supuesta codicia que mi padre notaba (siendo monaguillo) en la mirada del cura cuando finalizaba la misa y contaba la limosna bebiendo un poco más de vino consagrado. Mi madre en cambio, devota con esa devoción campesina de la colección de santos y tradiciones mestizas, recordaba que siendo niña la habían asustado con la parca si no dormía la siesta, ella rebelde desafió la orden, alguien se disfrazó y la persiguió con una hoz. Ella encerrándose en un cuarto y en el cuarto un cuadro de Nuestra Señora de la Asunción. Indefensa y angustida, febril tal vez, miró el cuadro, implorando protección a quién sabe quién, y fue entonces que desde el cuadro la Virgen le sonrió.

Fue un salto importante cuando comencé mi secundaria en un colegio privado, de monjas, el Redemptrix Captivorum (sólo de mujeres entonces) de Caballito, muy cerca del San Pedro Nolasco que entonces aún era sólo de varones. El domingo anterior al inicio de clases, mi abuela me enseñó el padrenuestro, el avemaría y el gloria. Y por más esfuerzos que hice, no logré memorizar el "credo" ni el "yo, pecador".

Si bien no fue suficiente como para que fuera a misa por mi propia iniciativa, o tomara la comunión, tuve sí, algún tránsito místico adolescente, por momentos idílico, por momentos basados en el miedo, compartido con amigas, profundizando en exégesis, discutiendo con otras teologías emparentadas, haciendo mezclas eclécticas, incursionando inocentemente en alguna de las innúmeras herejías condenadas por la Iglesia a lo largo de su historia, discerniendo entre dogma y supersticiones, idolatrías y fetiches.

Si no lo viera hoy como un "entrenamiento", diría que fue una pérdida de tiempo.

Saliendo de la adolescencia, e ingresando en la vida adulta fue cuestión de ver, de ver cómo era en realidad, la vida y volver a cuestionarme, seguir leyendo, escuchando anécdotas de la gente, experimentando desafíos y problemas, viendo lo que ocurría en los demás, en la sociedad, en la historia. Y el ver trajo el dudar. Y el dudar me llevaba y me traía como una ola entra la Fe y el Escepticismo. Entre la superstición y el racionalismo. Al punto de sentirme seducida por el Tarot y casi rozar el fanatismo con "The skeptics' guide to the Universe (your escape to Reality)". E imbricarme en tramas del estilo de "The Body", "Rey Jesús", "El péndulo de Foucault", "El golem", "Evangelios apócrifos", "El séptimo sello", "El nombre de la rosa" y un montón de otras más. Más lecturas de mitologías, mancias, etc.

Así me veo, así creo que soy, yendo y viniendo, con una necesidad fisiológica de ambas, aceptando que sea así. No sé si podría manejarme sin una de ellas. El mundo sin magia no es tan bonito, queda sólo la estética y la estética no es suficiente. Si sacamos la estética y la magia queda sólo el trabajo, el hábito, la supervivencia. Pero con sólo la magia y la estética me sumergería en un mundo azaroso, con motivos y causas caprichosas, lábiles, un mundo díscolo en donde nunca se puede pisar sobre terreno firme, en donde caés por un pozo como Alicia en cualquier momento y en donde lo extraño puede o no ser un riesgo.

Sin embargo, con el tiempo, la noción de Fe en mí se ha conviertido en "fe" con minúscula, en una de tantas fes, en superstición, en recurso de dominación, en medio de adormilamiento, de anestesia, de resignación. De esperanza también, bajo el paraguas de la voluntad divina, del divino plan, incognoscible, hermético, que permite justificar cualquier injusticia, dolor, humillación o tribulación.

Pero hace unas dos semanas, pasé por el puesto tranhumante de la librería Artempresa que aleatoriamente hace base en la puerta del comedor de mi lugar de trabajo y no pude resistir la tentación de comprarme algunos libros: "Grandes batallas de la Historia" de John Laffin, "Antología de escritoras argentinas contemporáneas", "Economía 3D" de Martín Lousteau y finalmente "20 grandes conspiraciones de la Historia" de Santiago Camacho.

Nuevamente incursiono en géneros cuyas temáticas y autores no domino ni conozco.

Pero el tiro de gracia vino este fin de semana cuando olvidé en casa el libro que estaba leyendo y tenía, en casa de Gustavo, el de las conspiraciones.

Y el primer capítulo habla de la "invención" del catolicismo.

No es que me duela el catolicismo, no padezco sus síntomas ya. Pero si bien entiendo que toda la literatura y cinematografía consumida tiene que ver con posturas revisionistas, o segundas lecturas, no oficiales, las "otras historias", las que cuentan los que no ganan, la parte conspirativa de mi pensamiento se vio estimulado y punzado.

El estilo de Camacho es convincente, tanto como cuando Borges habla de Herbert Quain. Y como ya no creo en casi nada, o como me parece que casi todo puede justificarse con una explicación conspirativa, incluso la acusación de conspiración sobre la misma víctima, mi parte racional se exacerba y ve como más probable y más saludable el Escepticismo que la Fe.

Ese primer capítulo da para una vida...

Buenos días.

DELIMITACIÓN DE RESPONSABILIDAD: Todas las afirmaciones de este blog son libres interpretaciones mías, sujetas a posibles, abruptos y arbitrarios cambios de opinión sin aviso previo.


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