miércoles, 12 de enero de 2011

Gracia, necesidad, ilusión

Yo pasé toda mi infancia en un ámbito familiar mitad agnóstico y mitad ingenuamente creyente. Y como niña necesité creer de vez en cuando, para mitigar los miedos, en alguna protección mágica, ineludible, en quien depositar mis temores. Algunas veces me llegaron los temores infernales de aquellos educados de acuerdo a alguna religión culpógena, pero sólo brevemente recuerdo haber sentido su influencia.

No fue sino hasta la adolescencia que conocí los mecanismos disciplinarios de la fe.

Pero la fe, o mejor dicho la Fe, esa aspiración de los feligreses de cualquier religión, no es un tema menor.

Desde que ingresé a la secundaria comencé a ser inducida al misticismo por clases de catequesis, oficios religiosos, disertaciones, retiros espirituales, rituales carismáticos y otros mecanismos canónicos. No puedo dejar de aceptar que estos rituales son atractivos, potentes y apasionados pero no sé si no son nocivos en algunas personalidades. La Fe es un tema del que se habla pero no se profundiza ni se discute, es algo inherente, no se cuestiona ni se dilucida qué es. No se filosofa.

Hay que tener Fe. La Fe mueve montañas. Hombres de poca Fe.

Deberíamos avergonzarnos si no tenemos Fe. Pero la Fe, al igual que nuestra sexualidad, no son platos que elijamos a la hora de comer, es más parecido al aire que respiramos. Nos toca el que nos toca. Y no podemos evitar el respirar, aunque lo disfracemos de alguna otra cosa.

Así que cuando ingresé al conservatorio y conocí a la hija de un pastor luterano, teólogo él, bastante conocido, no supe o no entendí qué se entendía por Fe. Ella me dijo "La Fe es una Gracia de Dios". Y acto seguido, al ver que aún no comprendía, añadió: "La Gracia es un regalo de Dios".

No se puede pedir la Fe. La Fe es algo que te es otorgado, genético casi.

¿Por qué entonces somos amonestados como "Hombres de poca Fe", como algo vergonzoso? ¿Tiene sentido que nos recomienden "rezar para pedir Fe" si para obtener un milagro o una gracia, es necesario precisamente "tener Fe"?

Es un dilema. Para tener Fe, cuando se carece de ella, es necesario pedir con Fe. Por eso aquel que no tiene Fe, nunca la tendrá, porque no podrá pedir con Fe el tenerla.
Aquel que ya la tiene puede creer. La Fe es entonces una ilusión que permite que acondicionemos la realidad a un dogma. Aquel que tiene Fe, puede aceptar lo que no comprende (los que no la tienen también puedo pero por otros mecanismos, como la resignación o la elección), en virtud de los misterios divinos, los designios secretos cuyo motivo desconocemos pero confiamos en que están allí y son mejores que nuestros deseos. Porque nuestras necesidades no son tales, sino que son aquellas que desconocemos y cuyos designios divinos tienen predestinada y amorosamente cubiertos. El libre albedrío es entonces otra cosa. Aún no sé cuál, pero en este marco, si tengo Fe, debo confiar en que es otra cosa.
También es la Fe las que nos mueve a afirmar que es Amor y no Capricho o pura Dualidad (como Olaf Stapledon en "Hacedor de Estrellas") o como dice Borges en Los Teólogos, como algunos pensaron, arriba también puede ser según es abajo, o su corolario, los dioses son creaciones humanas.

Pero hay gente como yo, que oscila entre la Fe y el Escepticismo (como nueva Fe). Entonces se me ocurre, que dicha Gracia, es una forma de refugiarse en la necesidad permanente de no tomar las riendas de nuestra propia vida, de evitar hacer ejercicio del libre albedrío y asumir sus consecuencias. Y no es más que nuestra necesidad la que crea la Fe. Ese mecanismo que reinterpreta toda la realidad de modo de dejar afuera los motivos de lo que nos pasa. Es muy interesante al respecto ver "El laberinto del Fauno", una bellísima pero fuerte película española.

Y entonces sí, Arriba es según es Abajo.


Buenos días.


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