miércoles, 3 de septiembre de 2014

No salen del merendero.

Hacía mucho que quería contar esto que me había pasado.

Esas cosas que por mi debilidad, un instante mínimo, me hacen dudar.

Tengo una compañera que es militante política partidaria. Milita en un movimiento. Hablábamos (como tantas veces) sobre las cooperativas y la autogestión, ahora tan de moda (y con el riesgo que eso implica).

Ella subestima la capacidad de la gente de autoorganizarse con fines superadores. Y digo superadores en el sentido de superar una meta anterior o inicial, cumplida o en marcha.

Ella sostiene que la gente de los barrios no puede superar el techo del merendero, de la copa de leche.

Por eso es necesaria la participación de los políticos, de los partidos y fundamentalmente la anuencia del poder, la acumulación del poder para apoyar los "buenos fines" y hacerlos posibles. Pero más que nada para proveer de fines y de ideas, de proyectos, porque "no salen de la copa del leche y el merendero... entendeme está muy bien, pero ... a ver...".

Y sí, en apariencia es así.

En apariencia digo, porque no creo que sea así. Creo que tenemos naturalizado el pensar que sin la anuencia, del apoyo del poder, nada se puede hacer.

Pero es cierto que es así en la realidad, pero sólo por el efecto de la profecía autocumplida. La gente hace que esa afirmación se haga verdadera porque no depositan la misma fe en hacer algo al margen de esa premisa.

Por ejemplo, en el documental de El Horno. Es cierto, es un merendero, pero no es sólo un merendero.

Mi compañera vería en el merendero la satisfacción de una necesidad primaria, del pan y la leche para los niños y las niñas del barrio.

Pero El Horno no habla de eso. La necesidad de satisfacer la merienda de los hijos y las hijas del vecindario, crea pilares en donde las mujeres salen de sus casas y contra todo pronóstico se organizan, se forman, crean confianza (con altibajos), establecen lazos, y salen adelante frente incluso a la oposición de sus compañeros y a los intentos de división de los políticos.

Pero en La Carbonilla, por ejemplo, están entubando la principal.

Las metas podrán ser básicas para mi compañera pero lo que se crea a partir de esas metas, la organización, los roles, la tarea, la continuidad, aun siendo un trabajo invisible, un trabajo que sigue mostrando por TV y la radio a esas personas como "vagos", "parásitos" o "agitadores", porque en vez de trabajar para una empresa o el estado, trabajan para su barrio y su gente. Como si no fuera trabajo, como si no ocupara tiempo y requiriera de actividad, esfuerzo, constancia y compromiso.

Y esas metas serán básicas porque sus necesidades básicas "de libro" no están satisfechas. Si lo estuvieran, no sería un merendero ni una guardería, sería tal vez un campo de deportes, o una escuela de oficios o de artes. Y si no hiciera falta eso tampoco porque de alguna forma lo tienen, sería tal vez un centro de investigación social o una universidad. ¿Por qué no?

Claro, quien tiene todas esas necesidades satisfechas, ¿qué interés podría tener en crear un centro de ciencias para un barrio? Si una persona tiene sus necesidades satisfechas es porque está yendo por más, por sí misma, por su carrera, su prestigio, su status. ¿Por qué trabajaría invisiblemente para un barrio? ¿En qué contribuiría a su ascenso, cuando ya las metas no son conjuntas sino individuales? ¿En qué sería apoyada sea persona que persigue aspiraciones tan particulares?

Superado el piso que se considere digno las aspiraciones son individuales. Sin duda que en las palabras ese piso está más arriba pero son palabras, en la realidad, ese piso de necesidades básicas sigue siendo muy básico.

Ahí está la profecía autocumplida.

En ese punto ya no hay que luchar por la dignidad, ya no es un batalla que nos involucra a todos, es un camino individual, es el PROPIO camino, el famoso PROPIO destino. Y ahí muere la autogestión, la autoorganización, la comunidad.

¿Pero quién dice que eso es así?

Un grupo de investigación, ¿acaso no es algo comunitario? Un coro, una compañía de teatro o de circo, una banda musical. ¿Quién dice que superado el piso no hay más motivos para la autogestión?

Pero como creemos eso, creemos que "ahora tenemos que seguir solos" o que "mejor es ahora seguir solos", nos desentendemos de lxs otrxs.

Yo creo que el próximo paso es destruir esa creencia. Primero que sea posible superar ese piso, pero no el real, el de las palabras, el de los discursos de los políticos que luego son negados o superados en las estadísticas. Y superados esos límites, saber que seguir apropiándonos de la vida comunitaria en forma autogestiva no es una aspiración con techo. Siempre habrá ahí una meta que podamos compartir.

Y que no haya políticos, ONG ni poderosas fundaciones detrás.

Buenos días.


DELIMITACIÓN DE RESPONSABILIDAD: Todas las afirmaciones de este blog son libres interpretaciones mías, sujetas a posibles, abruptos y arbitrarios cambios de opinión sin aviso previo.

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