jueves, 11 de junio de 2015

Dulce autoritarismo.

Unx asocia lo autoritario con lo gritón, agresivo, impositivo pero no nos engañemos hay otro autoritarismo.

Es autoritario, y con un autoritarismo mucho más peligroso incluso, el "paternal" que te disciplina "por tu bien".

Hablemos de adultxs.

Hay muchos más casos de dulce autoritarismo, o dulce como "forma de decir", el autoritarismo alimentado por sarcasmos hacia lo que deseamos reprimir, o por manipulación induciendo falsas asociaciones: con un panorama óptimo sobre aquellos que deseamos fomentar o con uno exageradamente aterrador sobre aquello que deseamos evitar. Eso también, sin mediar ni un grito, ni un golpe sobre la mesa, ni una mirada severa siquiera, es autoritarismo.

Pero me interesa detenerme en el "por tu bien" unas pocas líneas. Ese paternalismo es en sí patriarcal: una autoridad en la cima con la potestad de guiar, juzgar, evaluar, reconducir, encaminar, disciplinar. No sólo eso, sino con la autoatribución del criterio, el único criterio de lo que está bien o está mal. El autoritario dice: "esto está bien, aplausos", o "esto está mal, vamos a tener que tomar medidas, debemos corregir".

Esa idea de corregir, de dictaminar lo correcto de lo incorrecto, escindido de la subjetividad, del contexto o más prosaicamente de las conveniencias en unas circunstancias particulares: éstas.

Y ese reservarse el derecho de corregir, de disciplinar, o sea de buscar un mecanismo ejemplar que sirva al "desviado" a encontrar EL camino de la corrección y al mismo tipo ejemplificar a los atentos al caso, a aquellos que expectantes esperan ver qué consecuencias tendrá el "desvío", si será castigado o aplaudido, a aquellos que están esperando leer la mirada paternal para abuchear o vivar. 

Ese "no lo podemos dejar pasar" porque sino ¿qué será de nosotros? ¿Qué será de este pobre rebaño de seres apenas animados que están esperando su palmadita o su chirlito para continuar con su vida?

¿Qué será del futuro si este rebaño en vez de ir a este valle se dirige a aquel otro? El rebaño debe ser siempre rebaño y debe ser conducido a uno u otro lugar según conveniencias de su amoroso pastor.

Y se me ocurren muchas ideas más acerca de este paternalismo que se reserva el derecho de disciplinar amorosamente.

Pero aún me queda el "por tu bien".

Yo jamás pude meterme en la cabeza de nadie como para saber a ciencia cierta qué necesitaba el otro. Y no se me ocurre otra idea de bien que satisfacer una necesidad. No hablo de capricho ni de gusto, sino de necesidad. Y desde luego, sin desmedro de la necesidad de integridad mínimamente de otros. Sino atentaría contra otras necesidades y eso obviamente no sería un bien.

Pero yo jamás podría pensar que en forma inconsulta podría asegurar que algo que se me ocurre a mí, desde mis principios y valores fuera lo mejor para otrx. Y en base a eso, con total seguridad tomar medidas "por tu bien".

¿Cómo alguien podría decidir por mí qué es lo mejor para mí? ¿Con qué criterio? ¿Con qué normas o presupuestos? ¿Bajo los gustos y preferencias de otros? ¿A partir de las conveniencias de quién?

Alguien podrá disciplinarme por su propio bien pero difícil y muy casualmente por mi bien. En el caso amoroso auténtico podrá pedirme permiso para decidir por mí ante mi pedido de ayuda, o podrá sugerirme alternativas (ni siquiera una), o podrá preguntarme antes qué es lo importante o qué estoy necesitando, los antecedentes, la situación, no sé, algo que muestre interés por saber mi realidad antes de arrogarse la potestad de decidir por mí, o de imponerme cualquier cosa.

Y esto lo digo con conocimiento de causa, he conocido gente que ante una situación de angustia mía me pregunta "me permitís que haga esto o aquello" seguido por las explicaciones del caso.

Por eso para mí no existe disciplinamiento por mi bien, es siempre una imposición. Es siempre un eufemismo por el "ahora vas a ver", es siempre un argumento manipulador para mantener una situación bajo control para propio beneficio.

El "esto no lo puedo dejar pasar... por tu/nuestro (el ) bien (de todos)" es una dulce mentira, que algunos tal vez, dejarán pasar. Pero nadie puede, en el fondo, negar, que conscientemente sabe que está delegando un poco ciegamente, su autodeterminación.

Buenas tardes.






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