miércoles, 8 de octubre de 2014

Fronteras.



Sí, ya sé, se convirtió en un lugar común, en una obviedad. TODOS sabemos que las fronteras son artificiales, creadas por el hombre. Y ya está. Punto.

Pero no, no se trataba de eso este post, sino lo que hacemos con eso. Y también de lo que hay detrás y decidimos ignorar.

¿Seguimos con nuestra vida como si esas líneas sólo fueran líneas en un mapa?

¿O vemos la gran entidad que tienen?

Los límites, las fronteras no pueden defenderse por su racionalidad, entonces se defienden por la fuerza y por la mentira.

¿La fuerza?

Gendarmes, soldados, policías, cámaras, perros, prefectura, radares, armas, escáneres. Como si lo "malo" sólo se materializara en una línea, no importa qué lo originó, qué provocó ese mal, cómo creció o por qué se traslada, nada de eso importa. De hecho se lo estimula, detrás de los grandes "males" que se busca detectar en esas fronteras hay grandes negocios que los crean, los hacen crecer y los difunden.

Y esos negocios tienen socios poderosos: empresarios, políticos, financistas, grupos económicos, líderes religiosos y decisores de las mismas fuerzas de seguridad. ¿El problema es que los "males" se trasladen o que se los haga crecer? Obviamente que nadie piensa en una frontera como un punto estadístico: generar datos de los movimientos poblacionales, frecuencia, motivos, para mejorar algo, facilitar, ¡ni pensarlo!

La frontera hoy no es pensada más que como barrera, algo para mostrar: "¡qué bien protegemos a nuestros ciudadanos constructivos y obedientes!" Mientras piensan: "generamos el problema y les montamos el show de su persecución para poder mantenerlos bajo control, no vaya a ser cosa de que se den cuenta de cuál es nuestro verdadero interés y dejen de colaborar".


¿La mentira?

Chovinismo, xenofobia, racismo, estigmatización de la pobreza.

Títulos que sintetizan millones de palabras para crear y sostener mentiras, justificaciones falaces, tramposas, incluso con el auxilio de la ciencia, (reinterpretada a conveniencia, sobre todo las más crípticas), argumentos incomprobables... para los que no somos especialistas porque ocupamos todo nuestro tiempo en sostener el mundo funcionando, o reponiéndonos.


No podemos comprobar esas "indiscutibles verdades" que justifican los que difunden y promueven estos grandes males del chovinismo, la xenofobia, racismo, entre otras formas de segregación. Simplemente los escuchamos, y como todos los repiten empezamos a adormecer nuestro juicio, a tranquilizar nuestra conciencia. Y cuando los motivos no nos convencen, aparecen las buenas intenciones, porque todo es en defensa de "nuestro pueblo", "de la gente decente", "los hombres de bien".

Suficiente. No indagamos más y nos limitamos a propagar esas supuestas razones, o sea, alimentamos, enriquecemos, propagamos y fomentamos la mentira.
Argumentos para crear puertas y dejar puertas afuera aquello peor que lo nuestro: lo extranjero. 
 
¿Qué ocurriría si en cambio, cada unx de nosotrxs simplemente dejara de repetir (ni aun como un ejemplo o de modo ilustrativo) los argumentos xenóbofos, chovinistas y racistas, o cualquier otro que justificara el argumento mentiroso de que hay "clases", "grupos" completos de personas, decididamente peores que nosotros?

¿Qué pasaría si SÓLO dejáramos de hacernos ECO de esos argumentos?

Cada vez que estamos por repetir, callar.

Cada vez que vamos a asentir con la cabeza, congelarnos.

Cada vez que oímos esos argumentos, cambiar de tema abruptamente.

¿Qué pasaría si desarticuláramos la red de mentiras?

Habría un despliegue de violencias varias, creo yo. Porque aquellos que lucran con las fronteras, con las fuerzas de seguridad, con el negocio de las cárceles, con la inmigración, los documentos legales e ilegales, los escáneres, las cámaras, las huellas dactilares, necesitan que la gente justifique la persecución.

Habría violencia dirigida a instalar el tema, a justificar las medidas, a enfrentar unos con otros para que la gente reclame "mano dura".
Para justificar las fortunas destinadas al negocio de la seguridad y de las fronteras, es necesario que haya inseguridad. Si la gente simplemente no viera allí un problema, habría que generarlo.

Yo me imagino que si estás leyendo este post, a esta altura te olvidaste de algún párrafo y estarás diciéndote: "pero no, la droga, los aviones en los aeropuertos clandestinos, los radares", etc, etc. Ningún negocio se sostiene, NINGUNO, ni legal ni ilegal, sin el concurso de los estados y las fuerzas de seguridad.

Esas fronteras son de lo más perverso que creó el hombre. Son indispensables para mantener en lo alto al ídolo del dinero, al becerro de oro.


No son sólo palabras bonitas, un sarcasmo juguetón el decir "desde arriba no se ve ninguna frontera".


Hay muchísimo detrás de la inexistencia de esas líneas. Hay pirámides de estructuras perversas creadas para la justificación de esas líneas.

Hacernos creer en la relevancia de una frontera, que es una construcción ideológica humana, sigue el patrón de las religiones. Hay que crear argumentos para sostenerlo, argumentos de fe.

Y así estamos, adorando las fronteras. Llevando a cabo guerras santas, fronteras adentro y fronteras afuera. En las calles, en los cuerpos y en las cabezas.

Y la verdad, la verdad?

Desde arriba no se ve ninguna frontera.

Buenas tardes.




DELIMITACIÓN DE RESPONSABILIDAD: Todas las afirmaciones de este blog son libres interpretaciones mías, sujetas a posibles, abruptos y arbitrarios cambios de opinión sin aviso previo.

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