martes, 15 de enero de 2013

La toma de la Sala Alberdi.

El movimiento okupa es algo que se viene dando en todo el mundo. Hay usos y costumbres en las okupaciones, consejos, formas de lidiar con la ley y los propietarios. Es un movimiento que se viene "haciendo" en una clara acometida de no esperar el reconocimiento de algún derecho sino como reinvidicación de la internacionalidad, el uso por la necesidad, el acometimiento del conflicto de derechos y una nueva forma de transaccionar.

Bueno, en realidad se hace alguna diferenciación entre toma y okupación. La toma es una okupación temporaria, una okupación de hecho por el uso y no por vivienda. Pero para este post no distinguiremos entre ambos significados.

En un punto, según adelanté, es el acometer algún derecho "de hecho" ignorando otros, avalados por alguna ley, papel o convención. Es el viejo conflicto de derechos poniendo sobre la mesa, la necesidad de tales derechos.

Hace unos días empezó a promocionarse las actividades y las medidas tomados por los okupas de la Sala Alberdi. Fui al acampe y me dieron una historia (que luego copiaré para compartir) que relata los eventos desde su perspectiva. Luego de esto, otro conocido escribió un artículo, que me compartió y que relata los eventos con algún análisis ideológico de marco. Pero me interesa detenerme no tanto en los hechos como en otros aspectos.

A diferencia de la Kasa Pirata de Rosario, en este caso la propiedad no es privada sino pública. Y a diferencia del grupo okupa de la Plaza del Caballito, no se trata de la propiedad del estado nacional sino del estado municipal (CABA, Argentina).

O sea, en el primer caso, la ausencia de la propietaria, o su fallecimiento y el gozo de sus derechos por parte de un albacea o similar, versus el uso de hecho de un grupo de artistas, que brindaban cursos para subsistir y para (según su creencia y forma de vida), dar valor a la sociedad ofreciéndole a cambio la fantasía creadora de las artes circenses.

En este caso de la Sala Alberdi, se trata de un espacio que el estado dejó vacante y fue hábilmente ocupado por los okupas. Artistas que se fueron sucediendo durante 25 años y dejaron su traza y su continuidad de servicios a la gorra a su comunidad.

¿Qué daño puede haber para la sociedad en que este espacio continúe en manos de los okupas? ¿Qué mal podrá derivar de reconocer un lugar a una forma de vida distinta de la oficial y la promocionada de la publicidad? ¿Legitimamos sólo las formas oficiales de vida?

Bueno, sí, es exactamente así. Como en el post de "Crímenes contra la propiedad", la ley dicta moral. Es el miedo al castigo por incumplir la ley que separa a la sociedad entre "hombres de bien" (los que cumplen la ley, no por buena sino por poderosa) y los "loquitos" que la ignoran pese a conocer las consecuencias, y luego reclaman "airados" esas consecuencias.

¿Inocentemente? ¿A sabiendas?

A sabiendas sin duda. No se trata de hacerse los distraídos, se trata de legitimizar otra forma de vida. Una forma de vida libre en donde se toma lo que necesita y lo demás se lo deja para los demás. Para los otros que lo necesiten.

No está mal, viéndolo desde este punto de vista.

En este linaje de okupas no hay acumuladores. No hay apropiadores. Hay gente que vive con placer y lo comparte. Con una moralidad distinta a la del deber, el horario y las sonrisas forzadas fuera del escenario.

Ya hablé en un par de posts acerca de algunos aspectos de este linaje de okupas en particular (no de todos, claro). En "Artistas callejeros" y en "Cómo identificar a un duende". Hay más ejemplos que me ocuparán más adelante, sobre todo sobre cómo desplazan a anteriores detentores de derecho.

El viernes pasado estuve, como hago cada vez que puedo, fotografiando murales de la ciudad. En particular hay dos que retratan al artes circenses.



Uno de ellos está en La Paternal y el otro en Saavedra, en una zona en donde hay varias casas y predios okupados, alguno en manos de una cooperativa si no vi mal, que creo que mantienen (aún) una huerta comunitaria.



Y ayer precisamente estuve en la Plaza del Caballito, en la estación homónima de la Línea Sarmiento (siempre CABA, Argentina), en donde también funcionó una huerta comunitaria impulsada por un grupo okupa que fue finalmente desalojado y hoy es una plaza con un algunos murales, uno de autor, uno popular y otro de la Fundación Avón, entre otros. En este caso se trataba también de propiedad pública, pero de jurisdicción nacional y no municipal como es el caso de la Sala Alberdi.

Hasta el presente la mayoría de los grupos okupas fueron finalmente desalojados.

El grupo de la Sala Alberdi denuncia que el estado municipal desea privatizar el espacio.

Éste es otro de los puntos.

La mayoría de la gente, aleccionada por la moral derivada de las leyes repite el argumento del derrame de un emprendimiento privado o privatizado. La realidad es que no hay suficientes estudios ni lo necesariamente abarcativos en aspectos cualitativos como para asegurar que el derrame de un emprendimiento privado es mejor y más productivo que el producido por las actividades de un grupo okupa.

Hay aspectos no mensurables. No sólo desde aquellos que se forman en los cursos pagando sólo lo que pueden de acuerdo a sus ingresos y a su percepción del valor (un criterio totalmente libre, muy raro para la mayoría de la gente acostumbrada al precio en términos absolutos) sino precisamente en el aspecto social. Esto del intercambio de acuerdo a lo que se puede o se quiere, a la transacción por completo libre.

Es, creo yo, esto lo que se trata de reprimir, la difusión de este tipo de libertades, ajenas a la legitimación del precio y de la adquisición del derecho de acceso al bien o servicio sólo a través del precio, en detrimento del deseo y las posbilidades o criterio subjetivo del valor.

Esto es lo realmente subversivo pues pone en tela de juicio todo un sistema avalado de creencias que reproduce el sistema de intercambios vigente, no basado en el valor social, sino en el económico de los grupos avalados por los contratos con el estado, que ostenta el monopolio del poder.

Pero además hay otro aspecto, mucho más sutil. En todos estos grupos okupas se mezclan las nacionalidades. Y acá hay otro punto de competencia. ¿Se utilizará en algún momento la bandera xenófoba para quitar legitimidad a esta propuesta de transacciones culturales? ¿Se aprovechará para diferenciarse de los argumentos nacionalistas del estado nacional?

¿Será capaz el estado municipal de arriesgar este espacio y diferenciarse del estado nacional, quien desalojó previamente a los okupas de la Plaza del Caballito?
¿Será capaz de reconocer una forma distinta de transaccionar servicios culturales dentro del ámbito de la propiedad pública bajo su actual tutela?

¿Será capaz de renunciar a un negocio destinado a engrosar las arcas municipales y abastecer los gastos tradicionales de un estado en competencia con el estado nacional?

¿Qué antecedente sumará la Sala Alberdi al caso de la Kasa Pirata, de la Plaza del Caballito y del Cine Teatro Taricco de La Paternal?

Buenos días.


DELIMITACIÓN DE RESPONSABILIDAD: Todas las afirmaciones de este blog son libres interpretaciones mías, sujetas a posibles, abruptos y arbitrarios cambios de opinión sin aviso previo.

2 comentarios:

Jora dijo...

Los okupas ocupan por que están marginados del sistema. Pero claro, es un sistema que tiene otros objetivos por que está construido y mantenido por mentes ambiciosas e inescrupulosas...

Pero si la ley está en contra, hay que recordad que las leyes tienen que adaptarse a los pueblos y que tienen que estar en constante evolución!

Malva Gris dijo...

Es interesante leer y escuchar los argumentos de los okupas. Y también escuchar y leer los argumentos de quienes se escandalizan. Es evidente que hay dos mundos por lo menos, superpuestos.

Una de las cosas que más me fascina es descubrir esos otros mundos que ignoramos y que conviven en los pliegues de los nuestros. Del mismo modo que hasta una siglo atrás se hablaba de los "nuevos ricos" con el mismo espanto y nuestros abuelos o bisabuelos eran los que estaban en esos pliegues.

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