martes, 15 de enero de 2013

La pobreza que nos emociona.

La gente se emociona con las campañas para ayudar a la gente pobre, siempre que esa gente pobre se muestre sumisa, resignada, y con una actitud de súplica de ayuda.

Bueno, no, a nadie le gusta reconocer que se sienten emocionados si el que recibe la ayuda tiene actitude súplica. Eso sería reconocer que lo que en realidad le da satisfacción es el reconocimiento de su superioridad, la aceptación de la ayuda desigual, del superior al inferior.

Es muy distinto cuando el pobre no suplica sino que reclama.

Aquí la actitud es bien distinta. La actitud es de indignación ante el atrevimiento. Encima que les dan, deberían estar agradecidos, aceptar lo que se les da, mejor eso que nada.

El punto está en que no se reconoce la igualdad del otro.

Y ojo, acá hay otra trampa.

Reconocer.

El reconocimiento implica que es algo puesto en duda.

O sea:

-¿Vos decís que tenés el mismo derecho? Ahhh, hay que ver si yo pienso igual. ¿Por qué el mismo derecho? Yo me valgo solo/a. Vos sin ayuda no vas a ningún lado. Epa, no es lo mismo. Yo te ayudo porque puedo, porque puedo más que vos. Porque tengo sentido común, porque estudié, porque me sacrifiqué, porque cuidé lo que recibí, porque aproveché las oportunidades incluso cuando no me gustó mucho hacer ciertas concesiones. Eso me da derecho y a vos te lo quita.

(...) (Bueno, ¿tenemos o no tenemos el mismo derecho? ¿Somos o no somos iguales?) (...)

¿Tenés derecho a enojarte y reclamar con prepotencia como yo me enojo y rezongo con prepotencia porque a mí sí me asiste el derecho?

Pensemos.

¿De dónde proviene ese supuesto derecho que me asiste a mí y no al otro que no se somete sino que reclama airadamente?

¿Por qué yo tuve oportunidades que el otro no?

Ok, porque mis abuelos aceptaron condiciones abusivas, y mis padres después de ellos y yo hago honor a sus sacrificios acumulados y hago valer esos derechos comprados con humillación y sometimiento.

Ok, y otros hicieron lo mismo pero o no tuvieron la misma suerte (había 1 lugar y no 2, en ese escaloncito más arriba) o bien sus herederos no supieron o quisieron cuidarlo.

-Bueno, si no quisieron que se lo banquen.

-¿Y por qué tienen que querer continuar salvaguardando los resultados y los derechos devenidos de una serie de abusos, carencias y sacrificios?

Sinceramente esto es una lucha permanente. He hablado del tema con algunas personas de la generación anterior, la que desea que los beneficios sean desiguales: ventajosos para los herederos y continuadores del sacrificio y menos ventajosos para los que la llevaron más liviana.

Porque pagaron por adelantado. Porque les prometieron que eso no iba a cambiar y que el precio de un lugarcito minúsculo un escaloncito más arriba, tal vez el quinto o el décimo escalón de 1000 escalones a la cima, había que pagarlo por adelantado y hasta el día de la muerte, renovando votos y loas al escaloncito ganado, que el otro no logró.

Ahora es mío.

-Yo me sometí y agradecí lo que me dieron. Fui agradable a los ojos de los que tenían la posibilidad de favorecerme (políticos, patrones, jefes, clientes) y así pude subir un escaloncito para que vos pudieras subir 2 ó 3 más.

Hay que ser agradecido.

Fundamentalmente agradecido.

¿Por qué agradecer?

¿Por qué reconocerles el derecho de negarnos la igualdad?

¿Por qué no directamente gozar de una vida plena sin pedir permisos? Si somos personas capaces de vivir una vida independiente, al estilo propio, ¿por qué pedir permiso para vivir una vida con un modelo de otros, sometiéndonos a sus principios y fundamentalmente a sus instrumentos de poder sobre nosotros?

¿Es una gracia divina? ¿Una sonrisa de aprobación? ¿Acaso los viejos patrones, políticos, clientes se equiparaban a los dioses cuya sonrisa garantizaba una vida de gracia?

Cuestionar esa superioridad, no reconocerle al que nos da algo, ese lugar por encima de nosotros, cuya simpatía hay que conquistar para ser partícipe de una partecita de su pretendida generosidad, de compartir algo suyo, eso, es imperdonable.

Dos personas pobres, con necesidades y deseos similares, no son iguales.

El que se somete, emociona y se gana el favor de los más beneficiados, mientras que el que se enoja y reacciona con "impertinencia", será castigado, quitándole incluso ante cualquier excusa, su libertad.

El problema es el reconocimiento y el reconocimiento tiene que ver con la posesión. Tener algo que el otro no tiene, ejercer derechos de los que el otro está privado. El aceptar al otro pese a no tener lo mismo, esa es la generosidad cuyo reconocimiento espera el que da. Si el otro no se somete y no agradece esa generosidad, se gana la furia y no la simpatía. Esa es la base del reconocimiento.

No se cree en la igualdad. No se cree en que la propiedad no implica una calidad distinta, derechos distintos. Quien tiene posesiones, tienen mayores derechos. Derechos devenidos de un papel, de una convención, de una disposición de los objetos y su destino y del valor de esas posesiones de satisfacer necesidades.

Pero fundamentalmente derecho a privar a otros de esos bienes y servicios. Es ese derecho, ese poder el que yace en la base del reconocer al otro su igualdad. Si no somos iguales es porque yo tengo el derecho que me otorga la ley, de privarte.

Yo me quedo con el bien y vos con tu necesidad.

Y cuestionar ese derecho, es antipático. Si no me da la gana, no te doy y te dejo a solas con tus necesidades.

Y esa es la pobreza que nos emociona. La súplica que nos abre el corazón y el bolsillo y nos otorga el poder de eliminar una necesidad del otro, sólo por un ratito. Y nos da esa satisfacción de ser tan buenos...

Buenos días.
 

DELIMITACIÓN DE RESPONSABILIDAD: Todas las afirmaciones de este blog son libres interpretaciones mías, sujetas a posibles, abruptos y arbitrarios cambios de opinión sin aviso previo.

3 comentarios:

Jora dijo...

Perfecto!

No creo que pudiese haberlo escrito mejor!

Por lo pronto, yo niego que exista una acción desinteresada. Toda acción por mas solidaria que se pretenda, es interesada de alguna forma y suele implicar un sentimiento de culpa o la necesidad de alimentar el propio ego.

Sebastian P. dijo...

Exelente enfoque sobre las relaciones de poder detras de la compasion.

Malva Gris dijo...

Muchas gracias por comentar. Me alegro además que estemos de acuerdo en estos puntos.

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