miércoles, 12 de octubre de 2011

Terquedad-perseverancia

Las resignificaciones son otra forma de caer en eufemismos. En realidad, muchas veces hacemos uso de la resignificación para suavizar algo mediante un eufemismo.

Ayer, mientras leía la vida de Monet, la creación del grupo de impresionistas (no recuerdo el nombre del grupo) en donde tantos artistas de renombre participaron y se alejaron como la marea pensé: "en el arte es igual que en cualquier otro ambiente".

Monet fue bastante pobre una parte de su vida, incomprendido diría la tradición. Pero yo no soy tan caritativa. Monet eligió comer a veces por perseverancia. Él se sentía conmovido por la naturaleza y sentía que no lograba transmitir esa emoción, ese éxtasis que experimentaba con la luz, las atmósferas y no podía sino insistir en ello. Incluso debiendo comer salteado. Cuando finalmente llega el reconocimiento, con él llega el plato asegurado.

Tal como mencioné en varios posts anteriores, en esto del capital intelectual (arte, ciencia) está la oficialidad y el innovador que busca ser reconocido, en su originalidad. Así Monet no quiso recibir una educación formal en el arte, no quería incorporar el saber oficial porque no alcanzaba para expresar sus impresiones.

Su padre vio su perserverancia como terquedad.

Los amantes del arte, educados en el canon intelectual, lo vituperaban despiadadamente.

Tan peleado con el saber estatuido no estaría porque aspiró a ser reconocido en el Salón, ámbito en el que se sabe que las vanguardias tardan en ser aceptadas. En el libro que leía se citaban algunas críticas contemporáneas (y recordaba también las críticas a Felisberto, y pienso también en mis propias críticas, cuando me siento en el banquito alto y me calzo el monóculo con la ceja levantada :D ). Una de ellas mostraba indignación y se respaldaba en los comentarios burlones de un artista de gusto oficial que lo había acompañado. En su redacción utilizaba un estilo socarrón que destilaba bronca e impotencia, como ofendido en su buen gusto.

Yo me imagino....

De los cuadros de Monet que estaban en el libro los que más me impactaron fueron los que sí fueron aceptados en el Salón: Impresión, sol naciente y Camille con vestido verde. Muy distintos ambos, no en los extremos pero casi.

El Salón de París (en todos los países hay varios Olimpos de artistas, acá también) era la cúspide de la oficialidad. Las vanguardias llegan pero tienen que sobrevivir a muchos palos.

Otros pintores del grupo también aspiraban al Salón y aún exponiendo en su propio grupo (Sociéte Anonyme Coopérative d' Artistes-Peintres, -Sculpteurs, -Graveurs, etc), no dejaban de presentar cada tanto alguna obra.

¿Por qué?

Porque aunque fueran muy criticadas, los autores que exponían en el salón empezaban a vender sus obras y por ende, a comer. Ese reconocimiento lograba que aquellos que no hubieran dado dos chirolas por un lienzo del autor, vaciara sus bolsillos luego de la expo.

El reconocimiento oficial funciona así. La peleás hasta que "entrás" y una vez que estás adentro empezás a facturar.

Creo que no estoy contando ninguna novedad.

Monet ya era reconocido en su grupo. Todos ellos lo eran. Monet y Manet pintaban los mismos temas, juntos, conviviendo. Unos se halagaban a los otros, se admiraban mutuamente y se estudiaban, se sugerían las técnicas. El grupo los contenía y ellos ya tenían el reconocimiento de quienes valoraban y respetaban.

Monet como uno de tantos ejemplos de terquedad-perseverencia, la dupla de defecto-virtud (no es terco, es perseverante), tiene su contrapartida en el lego.

Con poco y nada de base teórica y/o sensibilidad artística, el gran público abraza con pasión lo que le dicen que es bueno. En el ambiente de la pintura, los curadores, los salones nacionales, ciertas galerías de prestigio, ciertos críticos. En la música los columnistas de música, los sellos discográficos y también, por qué no, el under (como fue el grupo impresionista en su momento). 

Grupos con intereses diversos.

La industria cultural, que le dicen.

Buenos días.


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