sábado, 22 de noviembre de 2014

¿Y el futuro del software libre?...

Esto del software libre, que quien me conozca sabe que me parece importante apoyar y desarrollar, tiene varios puntos.

La forma en que el software libre entra en escena es una historia de reivindicación y reconquista. Se trataba de un derecho perdido. Un juguete arrebatado de las manos de algunos niños genios que tenían, como pocos, la oportunidad de vivir de su pasión y a través de su pasión: la programación.

No había antes antes que ellos haciendo esto. Esto, lo estaban creando ellos. Era su creación y era perfecta. Tenía todos los detalles de una creación de élite. Ellos no eran cualquiera, eran genios y eran pioneros. Y eran un élite que compartían como en un juego sus descubrimientos. Pero pagados por laboratorios de empresas.

La investigación en manos de empresas es así, traslada a sus investigadores la responsabilidad y las limitaciones devenidas de la custodia de la propiedad intelectual, que estaba alcanzando velozmente su punto culminante.

Esto de la propiedad intelectual estorbaba el placer de juego con este juguete novedoso de la programación. Fueron resignando de a poco esos derechos, hasta que suficientemente crecidos, decidieron, con toda la genialidad que los había puesto en ese lugar y les había dado nombres reconocidos, reconquistar ese derecho.

Esa reconquista parió el software libre.

Nace con definiciones, con premisas, con declaraciones, como un teorema. Nace con licencias novedosas, rupturistas con el modelo que les arrebató ese privilegio de construir entre todos.

Y se difunde, entre los más jóvenes, porque ellos todavía llevan hecha carne cierta rebeldía que la mercantilización aún no ha logrado aplastar.

Prende, y cómo prende. Prende porque tiene ideales, y la mayoría de los jóvenes los tienen y algunos adultos aún los conservamos.

Es una bandera.

Pero mientras tanto ocurrieron otras cosas. Esos jóvenes habían inaugurado una nueva clase intelectual: los hackers. Es su afán por definir el mundo y plantar nueva bandera, establecieron una nueva ética alrededor de su abstracción más preciada: el conocimiento. La ética hacker habla de eso, del conocimiento.

Pero esa palabra les fue arrebatada. El arte de la computación, la ciencia del conocimiento tecnologizado de la mano de las empresas y los estados, y a caballito de la universidad, se difundió, se diversificó, creció, se hizo burbuja, nos llevó en andas, nos sorprendió, mutó y finalmente nos esclavizó.

Y en este viaje no sólo ingresaron monjes de la ética hacker. Para nada, pasaron mercenarios, adolescentes con fantasías de super héroes y de super villanos y la palabra hacker se fue convirtiendo de a poco en la palabra criminal, cybercriminal y luego cuando los ideales de libertad implícitos en el software libre tomó entidad, aparecieron los hacktivistas.

Los hackers entonces dijeron: "separemos la paja del trigo, esos son 'crackers', ser 'hacker' es otra cosa". A las empresas igual les pareció lo mismo porque el hecho de que lucren o no, no era cuestión. La cuestión estaba en cuestionar la propiedad del conocimiento. Porque ahí estaba la llave del lucro de esas empresas. Y eso no se negocia.

Pero claro, ya no son unos pocos genios amantes de la libertad y que aspiraban a solazarse, cobrando, con el ejercicio de su pasión. Ahora eran millones de aspirantes a héroes, a genios, a villanos, a justicieros. Que no es lo mismo.

Y ahora que estos muchachos están grandes. ¿Qué va a ser del software libre? Esa maravillosa cuarteta de derechos, ¿cómo hará para sobrevivir?

No todos los hackers de esa época se mantuvieron fieles a sus ideales, algunos lucraron con eso también. Cuando se muera Stallman, por ejemplo, ¿qué será del software libre?

Muchachos genios con 4 puntos que implican todo un movimiento, que hicieron plata y pusieron una o más fundaciones, cuando estos genios desaparezcan, ¿qué pasará?

Sí, otros genios aparecerán. Pero serán otros, con otras ideas, parecidas pero los genios necesitan dejar su impronta. No va a ser lo mismo.

Están sí, las fundaciones, pero entonces, ¿sin dinero no hay software libre?

Sin dinero, el software libre pasará a ser una subcultura de culto, hippie, medio anarca que será defendida -cada vez menos-, ¿hasta que desaparezca o sea una rareza?

¿Siempre será así?

¿La libertad en sus distintas expresiones dependerán de fundaciones y de genios?

Yo desconfío de las fundaciones. Las fundaciones no son asociaciones civiles, no son sociedades de fomento, ni mutuales. Hace falta mucha pero mucha plata para sostener una fundación. La ley pide un capital muy importante para hacer funcionar una fundación. Y no es una organización voluntaria. Trabaja gente por un sueldo. Mucha gente. Y se organizan eventos lujosos, y se invita a personalidades, gente que se destaca, reputada de mejores. O sea, la fundación sustenta un cierto elitismo. Los mejores en auxilio de los peorcitos, las larvitas que hay que sostener porque somos tan buenos que nos apiadamos.

Desconfío de las fundaciones. Yo tenía que decir esto, porque el software libre expresa mucho de lo que pienso y la ética hacker también, pero hay dos cosas que no me gustan ni medio del software libre: es territorio de élite (así nació y así continúa) y necesita dinero, mucho, de quién sabe qué origen. O mejor dicho, sí se sabe. Las grandes sumas de dinero, no surgen de repollos, ni de vertientes en la montaña. Las grandes sumas de dinero son lucro, es plata que no reciben los más pobres, los que producen las cosas y las consumen. Algo en ese círculo virtuoso es perverso para mí.

Y además, como todo conocimiento elitista, necesita altos muros de cristal para existir. Esos otros genios continuadores no tienen interés en dedicar su tiempo a algo que no los distinga, es necesario que sea inaccesible a la mayoría para que siga siendo atractivo. Por eso los muros son altos y ellos dentro. Y tiene que distinguirlos, es una vidriera, por eso son de cristal.

Las grandes empresas además, saben que el modelo del software libre tiene probabilidades de crecer y obviamente ellas no perderán la oportunidad de ganar, con lo que las grandes empresas están desarrollando grandes consorcios para proteger y desarrollar los modelos de negocio basados en software libre.

¿Entonces?

¿Por qué, si está en manos de fundaciones, ahora compartido con consorcios de grandes corporaciones, y alimentado con geniecillos elitistas, yo lo defiendo?

Porque creo que esas cuatro libertades -y algunas cuantas más- son muy buenas para la gente.

Porque creo que la tecnología es el gran muro de cristal que hoy preserva el poder de los millonarios. Cuando más alto y más transparente, más poder. Y creo que el software libre es una piedra en el zapato para socavar este muro, "el conocimiento al alcance de todos" y que puede ayudar a dificultar -apenitas- la concentración de esos millones.

Pero creo que es difícil de que se alcance el grado de difusión del conocimiento antes que el próximo más paradigma (lógicamente más elitista que éste), domine. Posiblemente un paradigma relacionado con lo cuántico, la criptografía cúantica, dentro de ella. El gran Can Cerbero (el perro guardián del Hades) que nos dejará afuera a todos por un buen rato.

Y además creo que es difícil que los genios deseen mantenerse en el software libre si éste deja de ser para pocos y si la programación pasa a estar al alcance de todos. Estarán todos pasándose a otra cosa, más inaccesible que los siga distinguiendo. Tal vez repitiendo la historia de los viejos hackers: trabajando para ellos hasta que se rebelen, ya creciditos pero habiendo traicionado sus principios (a sabiendas o no) y trabajando para preservar las estructuras de dominación al menos por un tiempo.

Creo que tirar todo por la borda y decir: renuncio a la tecnología, ya no es posible. Esa fue una batalla que lamentablemente los ludditas nos dijeron ya hace mucho que jamás íbamos a ganar.


Buenos días.




DELIMITACIÓN DE RESPONSABILIDAD: Todas las afirmaciones de este blog son libres interpretaciones mías, sujetas a posibles, abruptos y arbitrarios cambios de opinión sin aviso previo.

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