sábado, 22 de noviembre de 2014

Día de la Música

Hoy es el día de la Música. Y lo es en honor a Santa Cecilia, quien fuera martirizada en su casa en el año 180. Dicen los registros del martirio que murió cantándole al Señor, si bien estos primeros tormentos en los baños de su casa no la mataron. O algo así. Santa Cecilia era de familia patricia en Roma y como era habitual probablemente tocara la lira o algún otro instrumento. De ahí de haberla elegido como un símbolo de amor a la Música. Sin embargo yo creo que no hay que confundir su amor a Dios con su amor por la Música.

El que sí se sabe que murió cantándole a la Música, fue Santos Vega.
Santos Vega, personaje de Rafael Obligado, era un payador. Imbatible. Algo soberbio, claro y por eso fue desafiado por el mismo Diablo.

Fue el Diablo quien lo vence en una payada en donde se jugaba la eternidad. Tuvo oportunidad de abandonar.

Santos Vega muestra su amor por el canto, su guitarra y todo lo que refiere a través de ellas:

Así diciendo, enseñó
una guitarra en sus manos,
y en los raigones cercanos
preludiando se sentó.
Vega entonces sonrió,
y al volverse al instrumento,
la morocha hasta su asiento
ya su guitarra traía,
con un gesto que decía:
"La he besado hace un momento".
Juan Sin Ropa (se llamaba
Juan Sin Ropa el forastero)
comenzó por un ligero
dulce acorde que encantaba.
Y con voz que modulaba
blandamente los sonidos,
cantos tristes nunca oídos,
cantó cielos no escuchados,
que llevaban, derramados,
la embriaguez a los sentidos.
Sin embargo, es vencido por su contendiente, Juan Sin Ropa.

Se da cuenta que ha perdido, habiendo puesto el alma en ello:

Oyó Vega embebecido
aquel himno prodigioso,
e inclinando el rostro hermoso,
dijo:"Sé que me has vencido".
El semblante humedecido
por nobles gotas de llanto,
volvió a la joven su encanto,
y en los ojos de su amada
clavó una larga mirada,
y entonó su postrer canto:
"Adiós luz del alma mía,
adiós, flor de mis llanuras,
manantial de las dulzuras
que mi espíritu bebía;
adiós, mi única alegría,
dulce afán de mi existir;
Santos Vega se va a hundir
en lo inmenso de esos llanos...
¡Lo han vencido! ¡Llegó, hermanos,
el momento de morir!"
Aún sus lágrimas cayeron
en la guitarra, copiosas,
y las cuerdas temblorosas
a cada gota gimieron;
pero súbito cundieron
del gajo ardiente las llamas,
y trocado entre las ramas
en serpiente, Juan Sin Ropa
arrojó de la alta copa
brillante lluvia de escamas.
El final confirma que su muerte es por amor. Por auténtico amor a la Música:

Ni aun cenizas en el suelo
de Santos Vega quedaron,
y los años dispersaron
los testigos de aquel duelo;
pero un viejo y noble abuelo,
así el cuento terminó:
"Y si cantando murió
aquel que vivió cantando,
fue, decía suspirando,
porque el diablo lo venció.

Manuel Mujica Láinez le da una segunda oportunidad porque dice que Dios quería tenerlo entre sus músicos y cuando el pino se enciende lo rescata y lo lleva aparte a través de un ángel, un niño. Los gauchos se habían ido y ahí en soledad, otro desafío le ofrece. Si él pierde, Santos Vega se va al cielo.

Esto es en El ángel y el payador, cuento de Misteriosa Buenos Aires, que ubica la muerte de Santos Vega en 1825 luego de la Batalla de Ituzaingó en la Guerra con el Brasil.

Desde luego, gana Santos Vega y muere en paz y con la eternidad para payar según hiciera en vida con tanta maestría.

Sin embargo alguno pensará, lo de Santa Cecilia es real y lo de Santos Vega no.

Los registros de los martirios solían ser exagerados, eran testimonios didácticos, aleccionadores. Y por lo demás, Santa Cecilia no le cantaba a la música.

Por eso hoy, yo quería más que homenajear a Santa Cecilia, a quien homenajea todo el mundo, recordar a Santos Vega.


Buenas tardes.



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