lunes, 24 de noviembre de 2014

William Wordsworth.

Va un poema y cómo llegué a él.

Hoy, en mi espacio recreativo íntimo (que comparto), continué mi lectura de un trabajo de investigación que me compartieron sobre un epígrafe que usó Freud. El camino que invita a recorrer la investigadora, por las aguas de la navegación a propósito de ese epígrafe, de sólo un epígrafe, son deliciosos. Ahora estoy en el tema de "las aguas".

Allí tropecé con nombres, con (obviamente) el libro "El último lector" de Ricardo Piglia que leí durante todo este año y que terminé ayer, con referencias a Robinson Crusoe, a Edgar Alan Poe y a un poeta que me llenó de curiosidad porque era citado por Poe: William Wordsworth (romántico inglés: 1770-1850).

Pensé, «seguro que en "El Tesoro de la Juventud" algún poema de William Wordsworth hay». Y fui en busca del Tomo XX que contiene un índice de los 19 tomos y medio anteriores a él. Y allí estaba con supuestamente dos poemas pero yo encontré uno (que luego compartiré).

Pero para encontrar el poema que se mencionaba en el trabajo, "El Preludio", tuve que recurrir a Internet y voilà, ce est ici:

El preludio
William Wordsworth


Hay en la suave brisa una ventura
o visita que roza mi mejilla
y es casi sabedora de ese gozo
que trae desde los campos y del cielo.
Sea cual sea su misión, a nadie
hallará más agradecido, hastiado
de la urbe donde he sobrellevado
perpetuo descontento y libre ahora
cual ave que se posa donde quiera.
¿Qué hogar me acogerá? ¿Entre qué valles
tendré mi puerto? ¿Bajo qué arboleda
construiré mi morada? ¿Qué hondo río
me dará la canción de su murmullo?
La tierra está ante mí. Con corazón
alegre y sin temer la libertad,
contemplo. Y aunque sea sólo alguna
nubecilla quien guíe mi camino,
extraviarme no puedo. ¡Al fin respiro!
Pensamientos e impulsos de la mente
me asaltan, se desprende esa onerosa
máscara que traiciona mi alma auténtica,
el peso de los días que me fueron
ajenos, como hechos para otros.
Largos meses de paz (si acaso esta palabra
concuerda con promesas de lo humano),
largos meses de gozo sin molestia
esperan ante mí. ¿Adónde iré,
por los caminos o cruzando el campo,
cuesta arriba o abajo? ¿O tal vez
me guiará alguna rama por el río?
¡Amada libertad! ¿Y de qué sirve
si no es don que consagra la alegría?
Pues mientras el dulce aliento del cielo
soplaba en mi cuerpo, creí sentir
otra brisa en respuesta que corría
con suave rapidez, pero se ha vuelto
tempestad, energía ya excesiva
que su creación destruye. Gracias doy
a ambas y a sus fuerzas, que al unirse
ponen fin a una pertinaz helada
y traen tiernas promesas, la esperanza
de los días y horas de alegría,
¡días de dulce ocio y pensamiento
profundo, sí, con el divino oficio
de maitines y vísperas en verso!
Hasta ahora, mi amigo, no he solido
escoger como asunto la alegría
pero hoy quiero verter mi alma en versos
a salvo del olvido, que aquí quedan
guardados. A los campos he lanzado
mi profecía: sílabas llegaban
espontáneas, vistiendo con sagrados
hábitos al espíritu escogido
-ésa era mi fe- para el sacramento.
Mi propia voz me henchía y en mi mente
reverberaba ese imperfecto son.
A ambos yo escuchaba y obtenía
de ellos la confianza en el futuro (...)

Versión de Gabriel Insausti

Buenas tardes


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