lunes, 29 de abril de 2013

Las otras violencias.


¿Cuántos tipos de violencia hay? Hasta hace unas décadas atrás (unas cuantas, es verdad, tal vez siglos, no sé), sabíamos de una: la violencia física. Pero luego conocimos la violencia psicológica en sus tristes variedades: insultos, manipulación, humillación, exposición, etc.

¿Pero acaso son las únicas? ¿No hay otros tipos de violencia?

¿Qué pasa cuando tenemos todos los medios para hacer algo, sin perjudicados, sin daño y arbitrariamente se nos interpone un obstáculo? ¿Qué genera en tu interior? Bronca, ¿no? La palabra bronca en realidad es un eufemismo de violencia. La bronca es una forma de violencia. La violencia de la arbitrariedad que impide sin motivos, en este caso.

¿Qué pasa cuando necesitás ayuda, por ejemplo, para tratar una enfermedad de alguien querido y ese bien (un servicio, un medicamento, un estudio) se te priva? Por burocracia, directa o indirectamente, o por leyes para "evitar males mayores", o por demoras de entregas de un laboratorio, de salida de aduana, por no haber personal disponible, por servicos inaugurados para la prensa, porque no te cubre la obra social, que se traduce en "tu trabajo sirve para mantener legisladores pero no para garantizar el acceso a la salud de tu hijo/a". ¿Qué sentís? Impotencia, ¿no? Desesperación. Estas palabras son eufemismos de la violencia. La violencia que genera en no obtener algo que por derecho nos corresponde y que sólo por intereses egoístas, fines espúreos, negligencia o capricho, no podemos hacer uso.

¿Qué pasa cuando alguien querido o vos mismx quedás condenadx a muerte por haber consumido un medicamento falsificado o adulterado, una enfermedad terminal ahora pero tratable antes y descubrís que la única oportunidad que el tiempo te daba estaba en ese blister? ¿Qué sentís? Furia, ¿no? Esa furia es un eufemismo de la violencia. De la violencia contenida porque no tal vez no era la hora de terminar con esa vida que se va por un acto despreciable que no importa si recibe o no castigo, ya no tiene solución.

¿Qué pasa cuando estás en el momento crítico de una protesta, o una negociación y el otro hace uso de los recursos de una fuerza desigual por un lado y prohibida para vos y sólo en virtud de esa desigualdad perdés terreno sin remedio? ¿Y con ese terreno perdés la oportunidad de la presión, tu casa, tu empleo, la posibilidad de ser reincorporadx o blanqueadx? ¿Qué nombre le darías a eso que te crece cuando estás viendo que tal vez la única oportunidad se te escurre de las manos porque vos no podés y el otro sí? Y encima si ningún interés personal en el asunto. No una justa entre pares, sino entre por ejemplo, una joven o un jefe de familia, o una abuela, y toda una fuerza policial, de seres adiestrados para obedecer en la ceguera sin atender a motivos, un poco por miedo, un poco por trasnformación del pensamiento y otro poco por disciplina.

¿Eso no es violencia?

¿Qué pasa cuando alguien quiere defender un derecho porque sabe que sino va a caer en las tres categorías anteriores y no quiere llegar al punto de no poder hacer nada, sino anticiparse y luchar y se encuentra con un desmedido aparato represor que te dice? No, nunca vas a gozar ese derecho, hasta acá llegaste. Sacá número y quedate en la cola a mirar cómo perdiste tu última oportunidad.

¿Qué sentís cuando estás frente a tu impotencia de ni siquiera poder luchar por tu vida y la de los tuyos porque hay toda una fuerza pertrechada para impedirte defender tu derecho? Tu mísero derecho. Un derecho así de chiquito de una vida así de cortita en la historia del país. ¿Qué pensás cuando esa fuerza representa la defensa de un modelo de país que necesita aniquilar la dignidad de unos pobres diablos que ingenuamente esperan poder defender alguno de los muchos derechos que se les avasalla?

¿Qué sentís cuando alguien dice que la defensa de tu derecho hace peligrar la democracia? Ese supuesto bien con el que se curaba, se comía y se educaba y no sé cuántas cosas más tan esperanzadoras.

¿Qué sentís cuando ni siquiera sos capaz de salir a defender tu derecho sólo por miedo a no ser considerado civilizado, a ser mal mirado y te obligás a autoconvencerte con el versito de la justicia para comprobar más adelante que tu cobardía hizo que perdieras tu casa, tu trabajo, el acceso a la salud o a tu dignidad?

Tal vez no te tocó vivir esos extremos. Tal vez sos de esos que piensa que "a mí no me va a tocar" porque "tengo estudios", "tengo obra social", "tengo un buen trabajo", "pertenezco a una empresa que cuida a su personal y se interesa por la gente", "tengo cabeza", "ahorré", "hago una vida sana" y muchos otros falsos motivos más. Si es así, te cuento que si te pasa algo de esto, la violencia que te genere será mucho peor. Y lo peor de todo es que como pensás como pensás no vas a ser capaz de salir a tirarle una piedra a la vidriera de un organismo público porque cualquier dolor y frustración es preferible antes de caer en la barbarie y esa violencia se te va a quedar adentro. Y no le vas a perdonar a otro (que no le importa quedar como sea con tal de luchar hasta el final) que se haya animado. No le vas a perdonar su valentía y vas a pedir el peor castigo porque si no es castigado tal vez te obligue a enfrentarte con el error de tu inacción y con la posibilidad de que tal vez sí habrías podido hacer algo, ¿no?

Y todo eso, ¿no es violencia?

Y estos son muy pocos ejemplos.

Buenas tardes.



DELIMITACIÓN DE RESPONSABILIDAD: Todas las afirmaciones de este blog son libres interpretaciones mías, sujetas a posibles, abruptos y arbitrarios cambios de opinión sin aviso previo.

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