lunes, 26 de julio de 2010

La información, esa maldición tan deseada I

A veces temo ser víctima de ciertas modas. En virtud de los recursos de las propagandas se estas modas se difunden, se imponen y uno termina creyendo que siempre pensó así. Y si uno no está adoctrinado, fácilmente es cooptado por estas propagandas.

Y ahí sufro siempre el mismo sismo interno. ¿Realmente pienso como pienso o estoy siendo víctima de un contagio? ¿Puedo justificar lo que pienso con argumentos propios, acreditados por mi propia experiencia activa o como observadora?

¿Qué es lo que sé que me hace pensar así? ¿Pero más específicamente qué es lo que ignoro y hace que no piense de otro modo?

¿Y cómo se fue construyendo este conocimiento que hoy tengo?

¿Mis conocimientos me conducen por caminos que refuerzan lo que ya domino y me fuerzan a avanzar en la misma dirección? ¿Mis conocimientos funcionan como una profecía autocumplida hallando fundamentos y demostraciones de aquello en lo que ya creían?

Yo tengo ya algunas respuestas a estas preguntas. Pero igualmente no dejo de hacérmelas.

En realidad pienso que soy manipulada tanto por lo que me es dado saber como por lo que me es dado ignorar, con o sin intención, con o sin complicidad, con o sin mi anuencia.

E incluso la forma en que nos expresamos (lo que decimos y lo que omitimos), dice mucho acerca de cómo vemos el mundo. Y recíprocamente, la forma en que vemos el mundo, nos dicta cómo expresarnos acerca de él, qué privilegiar y qué gambetear (con mejor o peor elegancia). Algunas de estas ideas fueron (como no podía ser de otro modo) reforzadas por distintas lecturas, clases y otros medios de evangelización consentidas.

Es la información que nos llega, la información que buscamos y la que nos busca, la que prepara el terreno para la construcción de nuestro conocimiento e incluso es la que diseña la forma y la estructura de ese conocimiento. Los OTROS, como origen y como medio de esos mensajes informativos, desde normas de conducta, costumbres, dictámenes de lo que está bien y lo que está mal, el buen gusto, los chismes, los rumores, la noticias oficiales o extraoficiales, los cursos, las carreras, las obras de arte, los panfletos, los juegos, los premios y los castigos y también los delirios, son artífices también del conocimiento que se gesta en nosotros.

La información nos coloca en un lugar, nos instala en una posición y a partir de ahí somos una marioneta de lo que sabemos, de lo que aprendimos. Si otra hubiera sido la información, a lo largo de nuestra vida, muy probablemente pensaríamos distinto. Si hubiéramos nacido en otras circunstancias (otro tiempo, otra civilización), nuestros valores, nuestros ejes, nuestras metas, casi seguramente serían otros. Lo que captamos de las circunstancias nos moldean: nos tiran abajo o nos hacen resistentes. Lo que aprendimos hace que captemos aspectos distintos de las circunstancias. Forjamos en nosotros distintas realidades desde distintos puntos de observación.

Saber es siempre conflictivo. Enterarse no te deja igual. Es un antes y un después de saber. Esto lo entienden muy bien aquellos con características autoritarias. Y es muy fácil percibirlo en algunas de mis películas y libros preferidos: 1984, The Matrix, Bladerunner. Es tomarse la pastillita roja o la azul. Uno no siempre elige enterarse, pero cuando ocurre uno puede pasar a ser víctima de un sueño o de una pesadilla de la que no es posible volver. Uno no siempre quiere pero pasa. Y no siempre, como en The Matrix, uno puede elegir la píldora azul, olvidar y vivir como si nunca hubiera pasado.

Y esto es el origen de muchísimas consecuencias.

Buenos días

DELIMITACIÓN DE RESPONSABILIDAD: Todas las afirmaciones de este blog son libres interpretaciones mías, sujetas a posibles, abruptos y arbitrarios cambios de opinión sin aviso previo.




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