jueves, 17 de julio de 2014

Lear: 100 despedidos, 20 reincorporados.

En varias oportunidades en distintos posts he escrito sobre algo que circula sobre el "folklore" sindical. En distintos momentos de mi vida he dudado acerca de la factibilidad o el grado de fantasía de esta afirmación. El problema es que lo he escuchado de boca de varios (mismos) sindicalistas.

¿Puede ser por intencionalidad, para desacreditar a los sindicalistas aquellos que se sienten apartados o bien han abandonado la actividad sindical? ¿Puede ser para desacreditar a la gente de RRHH encargada de las relaciones con los sindicatos? ¿Puede ser para justificar los argumentos conspirativos en contra de las empresas y/o la política? ¿Puede ser por ingenuidad, esa ingenuidad estafada tantas veces que hace que alguien diga "ya no se puede creer en nadie, mirá lo que me contaron", incluso desde el mismo seno del sindicalismo por despecho de aquel que se quedó afuera o nunca llegó?

No sé, pero sí sé que lo que me contaron, me lo contaron varias veces, en distintos ámbitos, en distintas décadas. Y eso no me parece casual.

Pero no puedo ignorar que eso también ocurre con los mitos urbanos.

En definitiva cada uno elige dónde y en quiénes depositar su fe.

El punto es, según estos sindicalistas o ex-sindicalistas, los delegados sindicales arreglan con la patronal (vaya novedad!... no, ésta no es la novedad) de la siguiente forma (una de tantas):

-La patronal necesita despedir 20 tipos.
-Llama al/a la/a los delegadx/s y le dice: "necesito echar a 20"
-"Ok", le dice el/la delegadx, "echá a 200, hacemos la representación de siempre y vos reincorporás a 180".

De esta forma se mantienen los actores de la comedia.

El malo: la patronal.
El bueno: el sindicalista.

Y los objetivos:

Despedir a 20.
Mantener el prestigio del sindicalista, reincorporando a 180.
Menos los 20 que le generan problemas al sindicalista y/o empresa.

Hasta con moño queda.

De esta forma, ese tipo de sindicalismo es un rol indispensable en la legitimación de las decisiones empresariales. El/la delegadx es entonces la válvula de escape del inconformismo que se genera en las bases: permite la expresión del descontento en forma "controlada" (aunque haya destrozos de los que se encargará la ley), pero luego se encarga de disminuir la presión y recuperar la moral de los que quedan o han sido reincorporados.

Cuando leí que en Lear reincorporaron a 20, no pude menos que recordar a los delegados y ex-delegados que me contaron distintas versiones de esta estrategia empresaria-sindical.

¿Cómo no recordarlo?

La web está encabezada por el sitio del PTS relatando la evolución del conflicto desde los inicios. Son el PTS y el PO los que más han apuntalado la actividad sindical en este conflicto.

Y no sé si ésta no es la pata que me faltaba para que me empiece a cerrar

De las veces que había ejemplificado y relatado esto mismo en posts anteriores siempre me había quedando flotando la duda:

"Pero, ¿y los costos de llevar adelante una medida de protesta? Tanto para la empresa, como para la gente, el desgaste, el dolor, heridas incluso, la movilización de fuerzas de seguridad para reprimir, los cortes... No es excesivo todo ese  desplazamiento de recursos e intereses para despedir a 20 tipos? ¿No es más barato quintuplicarle la indemnización?"

Me empieza a cerrar, no sé si me termina de cerrar.

Me empieza a cerrar así:

Terminada la era del imperialismo a mansalva como los imperios de los libros de Historia (hoy el imperialismo es más solapado, con otros argumentos más sofisticados y menos eficaces, pero no tan "habilitado" para países cualunques como el mío) las fuerzas de seguridad pasan a ser unos parásitos un tanto patéticos y caros de mantener. Y... los ponemos de válvula. Generamos quilombetes cada tanto y los lanzamos a reprimir o bien si alguien se quiere pasar de vivos, los lanzamos cual perros hambrientos a que se despachen a gusto. También hacemos fasón, o sea, si algún "jefe" nos pide guardarles a alguien... y dale, así los mantenemos entretenidos o convencidos de su rol cuasi mesiánico. Y así seguimos manteniendo los "talentos" para cuando los necesitemos de verdad, cuando nos veamos cuestionados en nuestra legitimidad (política, económica).

El sindicalismo también juega un rol importante en mantener el estado de cosas. Es también una válvula que ayuda a mantener el descontento bajo control. Gradúa, equilibra, se abre un poco y genera un quilombete que pone a trabajar a las fuerzas de seguridad (¡y AL PERIODISMO, cómo me iba a olvidar!) y tenemos servidos un montón de fines: entretenimiento, redirección de la voluntad de la gente (se sienten útiles, en otra cosa, sí, pero útiles porque provee de meta), da tema para que rezonguen todos aquellos que se vienen guardando los motivos de queja, que vienen tragando, tragando, haciendo úlceras. Luego se resuelve el conflicto vía mixta: parte de represión, conciliaciones obligatorias dirigidas por el Estado, negociación tripartita estado-sindicato-empresa y así se baja las distintas presiones sociales a un nivel que da changüí por un tiempo.

100 despedidos, 20 reincorporados.

Bueno, qué sé yo, tal vez la cosa siga.

Tal vez éste es sólo el primer acto. Tal vez Lear necesitaba despedir a 50. Reincopora 20, se sigue "por la reincorporación de todos los compañeros despedidos", se reincoporan 12 más, se sigue ya SIN PERIODISTAS que encontraron otro escandalete para el show narcótico de masas en su lento proceso de lobotomía (y acá entran los otros actores del negocio, LOS ABOGADOS, que son los héroes de los abandonados por los delegados) y así hasta que quedan fuera unos 45-55 más o menos el objetivo.

Cuántos beneficiados:
-empresa
-sindicalistas
-periodistas
-políticos
-abogados
-fuerzas de seguridad

Pero cómo no acordarme de esas anécdotas cuando leo "reincorporaron a 20", algunas dichas en tono de gracia o avivada (la tengo clara), otros en todo de indignación (qué barbaridad, el mundo está perdido) que oí de varios sindicalistas o ex-sindicalistas.

Buenos días.

DELIMITACIÓN DE RESPONSABILIDAD: Todas las afirmaciones de este blog son libres interpretaciones mías, sujetas a posibles, abruptos y arbitrarios cambios de opinión sin aviso previo.

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