viernes, 14 de marzo de 2014

Seguimos con las cuestiones sobre el software libre.

Sin duda que me pone muy contenta poder dedicar algo de tiempo a este tema que me interesó desde siempre. Porque desde siempre a mí me gustó tener participación activa en mis asuntos. No me gusta que me digan que hacer sino llegar a determinar qué es lo más conveniente de hacer, cuál es mi rol o participación en un proyecto, no desde lo comunicado sino desde lo discutido. Hacer mi propio orden, mi propio aseo, cuidar mis plantas. Me gusta hacer las cosas a mí, no que me las hagan.

Como siempre trabajé demasiadas horas porque en general he trabajo en cosas que me apasionan, nunca tuve suficiente tiempo para volver a ese mundo en donde me podía sentir más cómoda: al mundo en donde es posible saber qué se está haciendo, experimentarlo, cambiarlo.

Por eso esta oportunidad que hoy tengo de dedicar parte de mi tiempo de trabajo al software libre es para mí como un regalo.

¿Y por qué software libre?


El software libre se define de muchas formas pero una de ellas y creo que hoy en día la más difundida es aquella que dice que software libres es aquel que respeta 4 libertades consideradas fundamentales: libertad de uso, libertad de distribución, libertad de estudio y libertad de adaptación. O sea, yo tengo derecho a hacer lo que quiera con el software. Nadie me puede decir para qué puedo usarlo y para qué no, nadie me puede impedir que me lo baje o que se lo dé a alguien, nadie me puede impedir que me meta en el código y lo curiosee y nadie me puede decir nada porque se me ocurra hacerle cambios. Aunque nunca lo haga (aunque siempre termino haciendo cosas fue habían sido impensadas para mí), no pesa sobre mi universo de posibilidades esa restricción.

Pero hay otras cuestiones fundamentales que se derivan de éstas y que tal vez no se ven como tan directas.

La cultura libre


Una de ellas es que estas 4 libertades generan una cultura que tiene mucho que ver conmigo. Es una invitación a tomar las riendas, a tomar decisiones, a probar distintos softwares y elegir lo más adecuado para mí, a recomendarlo con entusiasmo y pasárselo y aportar soluciones a los problemas de otros. A aprender porque puedo curiosear y aunque mi nivel no me permita hacer grandes cosas, puedo ver más allá, y saber cómo es el mundo franqueadas ciertas barreras que sólo están ahí mientras yo decida no traspasarlas. Y que no pasa nada si las traspaso. Y fundamentalmente a ser parte de un grupo de personas que están dispuestas a compartir su conocimiento y a construir más y nuevo de otra forma. Que la cooperación supere a la competencia. No es que no la haya, hay personas que son competitivas pero no hay una imposición de superar al otro, más bien hay una invitación de avanzar juntos, apoyándonos unos a otros porque hay espacio para todos. Siempre hay alguien dispuesto a darte la información que necesitás para el próximo paso. Y esos pasos serán hasta donde vos quieras y al ritmo que quieras. Pero sí, impone un cambio de actitud, una actitud autónoma, en donde la exigencia y la motivación nace y crece dentro de cada uno y se proyecta hacia fuera y sale en busca de otros afines en forma natural. Naturalmente con más o menos tiempo te empezás a encontrar con otros que comparten tu inquietud. Es lo que ahora se llama "ecosistema", la creación de sociedades "virtuales", grupos de pertenencia o afinidad nuevos.

¿Te pagó el productor por lo que ganó con lo que aprendió de vos?


Pero hay otras cuestiones. Ese software se reserva además, sus propias necesidades, no te informa que no sólo te brinda un servicio el mismo software o la empresa productora necesita información de vos para venderte más adelante otra cosa. Necesita COMO MÍNIMO, la información del uso. Qué hacés, cómo lo hacés, en algunos casos qué otras cosas tenés en tu computadora, u otros datos privados, o qué hacés cuando navegás en Internet. La empresa no te dice que el fin de obtener esa información es venderte otra cosa después, o bien vender esa información a un banco de datos que será comercializado para que otras empresas desarrollen productor y servicios para confiscar tu billetera. En el mejor de los casos. A veces esa información se envía a organizaciones de control de los estados. Sin tu conocimiento ni tu autorización.
¿Alguien te paga por la información que obtienen de vos?

Nadie.

¿Alguien te paga por el conocimiento que se genera a partir de la información que se obtiene de vos?

Nadie.

O sea, vos pagás por una muy pequeña porción de cosas que te ofrece el sofware de todo lo que hace, y de eso, sólo una partecita que vos usás y no te descuenta ni te paga por todo el lucro futuro que obtendrá de hacer uso de la información que obtiene de vos. Ellos ganarán plata y vos seguirás pagando, cada vez más.

Encima que pago ellos se aprenden de mí gratuitamente. Yo no puedo cobrarles por la información que obtienen de mí. Menos aún si lo que obtienen de mí son mis claves y acceden a mi información privada o a mis bienes y disponen libremente de ellos.

Eso no te importa, muy bien, ¿y te gusta que te controlen?

Muchas aplicaciones, portales en Internet, proveedores de cuentas de correo, redes sociales y demás envían tu información, tus preferencias, lo que hacés, tus fotos, tus videos a agencias de control estatales. Y aunque vos y los tuyos sean los más santos del planeta (en lo que no creo personalmente), hay personas que nombrás, formás parte de redes, hay rostros en las fotos que sacaste, de otras personas, lugares en donde estuvieron... ¿paranoia?

No creas, hay drones que fotografían manifestantes, gente que protesta, las identifica (¿viste qué lindo que las aplicaciones de álbumes reconozcan y te sugieran nombres para los rostros de los que te acompañan?, ¿viste qué lindo que no dispare tu cámara hasta que no sonrías?) pero no hace falta invertir en drones, tu foto da también esa información, tu video. Lo que se dice, apropiado como muletilla por tu grupo social a modo de broma, también indica "en tu ambiente" qué está pasando, de qué se está hablando, qué se está haciendo.

Si no te sentís controlado, es porque estás demasiado entretenido con pavadas.

Si sos "tan bueno" tal vez es porque no te dejan incursionar en otra cosa otra cosa. Y eso de ser "bueno o malo" es tan relativo... Eso de conformarse con lo que te ofrecen y de no poder cuestionar, rezongar, salvo dentro de un corralito, como quien le permite un berrinche a un nene, pero hasta ahí nomás, como para darle el gusto... como una palmadita en la mollera.

Yo no craqueo, uso un serial number legal

La otra cuestión es que como todo cambia, las leyes también cambian y por ende la moral cambia.

La idea de lo que está bien y lo que está mal, aquellas cuestiones que inspiran una actitud reprobatoria, hacen fruncir el seño, torcer las comisuras de los labios hacia abajo, pronunciar un sentencioso: "qué barbaridad", "qué sinvergüenza" o tomar distancia preventivamente, esa idea, no es la misma a lo largo de las décadas y los siglos. Hacés naturalmente ciertas cosas y en el curso de los años se empieza primero a discutir y luego a legislar ciertos actos, costumbres, trucos, estrategias y a ponerlas del lado de la sombra. Donde se pone el ojo, se pone la barrera. Y esta barrera termina resultando en algún monopolio. Habrá gente autorizada a partir de entonces, a explotar esa práctica en forma casi monopólica si garantiza cumplir ciertos requisitos. Y tanto poner en existencia eso que no existía: el límite, la necesidad de cumplir ciertos requisitos, la exclusividad en la explotación de algo, eso genera un lucro potencial, el lucro de poder acceder algo que antes no tenía restricciones y ahora sí. O sea, la ley crea dos cosas: la idea de lo que está bien y lo que está mal y el lucro potencial de explotar esa zona restringida que crea la ley. Y no digo que toda ley tenga por objeto manifiesto crear un negocio (aunque en la mayoría de los casos, veladamente sea así), la ley también crea el delito y el delito es de por sí, lucrativo. Hoy en día la ley es funcional a lógica de negocios (no quiero decir económica porque para mí la Economía es otra cosa aún hasta que le encuentre otro nombre). La ley, hoy en día se ocupa la mayor parte del tiempo en crear espacios de explotación, zonas de lucro. Y acompañando a esta lógica, la idea de lo que está bien o mal. Pues la noción de lo prohibido, de lo sancionable, de la delegación en la ley del juicio crítico acerca de lo que está bien o mal, ha sido cultivada por siglos con una lógica conductista de sanción y de una asociación de que lo sancionado señala para los legos, siempre con claridad, aquello que está mal.

Pero la ley aún conserva esa idea de lo sacrosanto, ese matiz de dictamen divino. Las tablas de la ley. Pero nada más alejado de la realidad, una vez legitimada la conformación de una ćamara legislativa, unas centenas de personas se reúnan a negociar con otros tantos los intereses que les conviene defender. Así que unos pocos señalan el terreno de lo que está bien y lo que está mal y cambian la vida y la forma de pensar de millones a partir de unas pocas palabras. Eso es la ley.

Y uno observa a esos legisladores y no tienen nada de divino, más bien son personas bien comunes que cuentan con el recurso de las cámaras y los periodistas para ser tema de conversación, para ser escuchados y discutidos sus argumentos. Y esas personas (algunas lamentablemente ungidas con los beneficios de ser funcionario) son las que deciden cómo cambiarán nuestras vidas.

Esas personas son las que deciden qué actividades (de esas que eran naturales en la sociedad) serán las que nos pondrán en la zona de "delincuentes".

La ley te convierte en delincuente, en muchos casos (no digo siempre, no sería tan necia de comparar un asesinato con ensañamiento con copiar una canción) a comportamientos humanos naturales. Si yo me compro una pinza puedo desarmarla, estudiarla y crear otra mejorada o más adecuada a mis necesidades, por ejemplo, le adoso una linterna o una lupa. Pero si compro un software soy dueña de la caja, del papel de los manuales y de los sobres pero no del contenido del manual ni de los programas. Tengo el derecho de leer el manual sola y de ejecutar los programas bajo ciertas condiciones. O sea, puedo ejecutarlo para uso privado pero no para otros fines y si lo quiero usar para trabajar tengo que pagar más dinero. Pero no puedo estudiarlo, no puedo saber cómo está hecho y adaptarlo, por ejemplo, ponerle una campanita de advertencia cuando exceda las 1000 palabras. Ni puedo dárselo a mi mejor amiga para que también lo use. Porque no me venden el software ni el manual sino un permiso para usarlo con varias restricciones. ¿Se entiende la idea? Si hacés alguna otra cosa, estás perpetrando un delito porque hay una ley que avala ese capricho de restringir mi vida privada encima habiendo pagado por el medio que permite esa intrusión.

¿Tengo alternativa? ¿Puedo evitar esta situación tan enojosa? En muchos casos sí, si hubo programadores (o escritores o pintores o músicos, en el caso de la cultura libre ampliada y salida del software), sí. Si me alcanza con lo que me ofrecen sí. Si tengo el conocimiento para adaptar eso que me ofrecen mejor a mis necesidades, aún más. Nada de lo que yo haga con ese software será ilegal y nunca nadie dirá que soy una delicuente si lo distribuyo, lo estudio o le hago cambios.

Algunas personas no se sienten afectadas por la moral creada por la ley y no sienten un conflicto moral con obtener una copia pirata o utilizar un número de serie por el que no pagaron. No tengo nada que decir al respecto. Es sólo una cuestión filosófica, el no permitir que una ley me etiquete de una forma que habilita que se me cuestione sólo por tener inquietudes. O sea, que la sociedad me mire bien si no doy un pasito más para allá o para aća y acepto quedarme en el corralito que me sugiere. Mejor me voy adonde no hay corralitos. Qué necesidad tengo de meterme y salir de los corralitos si puedo no moverme entre corralitos.

Qué piola soy me pirateé el software

Además hay algunos riesgos reales que hay detrás del uso de cracks para abrir programas. La mayoría de esos cracks funcionan habilitando el uso pleno de la aplicación pero muchas veces además hacen otras cosas, igual que el software privativo pero en ocasiones, peor. En primer lugar te puedn plantar algún malware. Eso no ves, podés no notarlo pero te pueden instalar algún software que estropee tus programas, tus datos o bien que no los modifique ni se propague pero que lea tu información y la envíe a otro lado. O sea, te hurte tu información. Pero no sólo pueden obtener información para comercializarla con CUALQUIER fin sino que pueden utilizarlo para perjudicarte, por ejemplo, robándote claves. O perjudicar a tu familia o amigos, buscando direcciones de email o teléfonos y comercializando esos datos. Poniendo en riesgo también a la gente que conocés.

No puedo decirte en qué medida, al no ser legales es difícil de determinar cuántas víctimas de delito o violencia, lo fueron por el uso propio o de algún conocido de software espía. Hay tanta información de nosotros que brindamos en forma voluntaria, engañados, o por ocultación o porque en el futuro se puede dar uso a esa información que ya dimos en el pasado sin siquiera haberlo imaginado nadie... que es difícil decir.

Pero igualmente hay grandes riesgos al ejecutar un crack. Si te creías piola porque te enteraste de un crack, enterate que probablemente te hicieron el cuento del tío.

Seguramente me quedaron cosas en el tintero, pero por hoy, demasiado...


Buenos días.


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