jueves, 7 de febrero de 2013

Las musas ausentes y yo.

Yo escribo poemas, algunos cuentos, algún trozos de novela pero no más que eso. No soy escritora, menos poeta. Si escribo es porque de las innúmeras filas de letras que transitan mi cerebro por día, la informática permite que algunas de ellas dejen traza. Así, tal vez con suerte la décima parte de mi caos mental queda por escrito, o grabado también, sobre todo si es melodía.

Pocas veces he vuelto sobre algo escrito una vez parido. En general escribo de un tirón y sin detenerme y ocasionalmente le doy 2 ó 3 relecturas en donde pueden llegar a mutar levemente, pero inmediatamente después. Una vez que el texto fue abandonado a su suerte considero que se ganó el derecho a permanecer.

Tal vez soy un poco animista.

Del mismo modo mis intentos de novela o mis cuentos devenidos en cuasi epopeyas urbanas, quedan abandonados largas temporadas porque los personajes se resisten a cumplir con el destino que les reservé. Es empezar a escribir y ellos por su cuenta deciden improvisar sus propias reacciones. Así, por ejemplo, Alexa, mujer vana y simplona aunque fuerte y resuelta, no ha permitido que le dictara cómo llevar su historia y se empeña en hacer y deshacer escenas de novelones baratos, según su naturaleza.

Veremos si en algún momento logro negociar con ellos alguna solución de compromiso.

Hace algo más de 30 años, cuando releía lo escrito, 1 ó 2 meses después, me invadía una furia incontrolable, una vergüenza oprobiosa (por ser redundante), tomaba las hojas y las quemaba sin piedad, como un acto de justicia. Pocos textos se salvaron de esas inquisiciones. En ellas perecieron fácilmente unos 300 poemas que sigo pensando que no representaron ninguna pérdida para el arte.

Luego de 30 años puedo decir que he perdido la vergüenza. Los blogs permiten escribir cómodamente y están a salvo del fuego, más no de su eliminación. No descarto que alguna vez renazcan en mí esas vergüenzas como maremotos y puedan llevarse todo rastro de estos flujos mentales. Mientras tanto, están ahí, a la vista para quien quiera saber qué transita por mi mente, últimamente monotemática.

La impunidad está garantizada por el anonimato del número. Por suerte pocos testigos se acercan a mis páginas con lo que mis vergüenzas están relativamente a salvo.

Buenos días.

DELIMITACIÓN DE RESPONSABILIDAD: Todas las afirmaciones de este blog son libres interpretaciones mías, sujetas a posibles, abruptos y arbitrarios cambios de opinión sin aviso previo.

1 comentario:

Jora dijo...

¿Entonces al comentarte es posible que te haga ruborizar?

Entiendo muy bien la postura, la he tenido con textos y dibujos...
Mi consejo es que nunca te deshagas de algo que no sea claramente basura, como bocetos y ensayos. Inclusive un garabato puede contener una buena idea... Y así, tengo carpetas llenas de palabras y bosquejos, jajaja! Y acumulan polvo sobre un estante... Pero como siempre puedo destruirlos, no tiene sentido hacerlo ahora.

Yo pude negociar con mis musas a razón de "relatos cortos" y "retratos". Yo rara vez puedo hacer un procesado paisaje y nunca he podido escribir una novela. No tengo la determinación, son demasiado volátil y bipolar con el arte. Pero con pequeñas brechas, relatos cortos y algún que otro dibujo cada tanto, puedo mantener vivas a las musas hasta que algún día no sé, me posean...

También es muy interesante ver el arte propio de hace años atrás y conocerse a uno mismo... Es como un fragmento de cápsula del tiempo!

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