miércoles, 8 de febrero de 2012

Manifiesto contra el trabajo 3.

En el primer post acerca de este artículo mencioné mis resistencias a abordar este tipo de lecturas. Luego avancé intentando enmarcar el artículo en su año y la realidad, afirmada en la literatura universitaria respecto de la cada vez más decreciente necesidad de la fuerza de trabajo humana.

En en segundo post me referí al estar dentro y fuera del sistema y a esa necesidad que se nos genera o crea de pertenecer. Lo que no aclaré es que permanecer fuera del sistema tiene su costo y es el de la propia subsistencia, que para aquel que ha pertenecido siempre y de repente se encuentra del lado de afuera, no sabe cómo procurársela. El tema de estar dentro o fuera del sistema da para otro post: no sólo referir algunos textos de Tedesco y otros autores sino también toda la cuestión del registro, de la creciente centralización de la información y sus connotaciones, la cuestión de la indocumentación, la ilegalidad pero por sobre todo la idea de la indocumentación como algo atroz y señal de padecer una grave contaminación maléfica de dejadez o indolencia.

Pero quiero continuar con el artículo y referirme a algunas otras ideas que subrayé.

Un par de frases que subrayé tienen que ver con algo que escribí en los posts sobre el Trabajo como valor, y es lo siguiente (recordemos que el estilo de este tipo de literatura es panfletaria):

"Hasta en los poros de lo cotidiano y en las interioridades de la psiquis, el trabajo determina el pensar y el obrar."

A veces he llegado a pensar que la gente se enoja con los que no trabajan porque no quieren ser los "únicos giles que laburan" y que si ellos sacrifican sus mejores horas de sus mejores días de sus mejores años para conseguir poco y nada, lo que menos quieren es que venga un vago a enrostrarle lo giles que fueron.

Señores, no había ningún contrato que alguien haya firmado de que todos trabajarían para que nadie se sientiera un estúpido de dar una contraprestación por el derecho de vivir. En todo caso será un "contrato de buena fe" (el contrato social de Rousseau y de Lilita Carrió), tácito y por lo tácito imposible de hacer cumplir en donde la gente por anticipado sacrifica sus mejores horas con la esperanza de la retribución posterior mientras otros "gozan ahora y pagan después" (el famoso pagadiós), si los encuentran...

Nos enseñaron que el trabajo dignifica, que la pereza es la madre de todos los vicios, que al que madruga Dios lo ayuda, que uno se realiza en su profesión y un montón de consignas de lavado de cerebro que dan un resultado increíble, al punto de mirar espantados a aquellos que se atreven a cuestionarlo o simplemente a hacerse los "sotas".

Ojo, que en el límite, también yo reacciono así, lo que no quita que entienda que se trata de una postura muy parcial y muy doctrinaria.

Sigamos. Algunos renglones más abajo agregan: "Y la frase: "sería mejor tener 'cualquier' trabajo que no tener ninguno" se convierte en profesión de fe exigida de modo general".

Es verdad. Yo he escuchado a abuelas/os, tías/os, madres/padres, maestras/os repitiendo eso de "mejor cualquier trabajo que ninguno" o el suspensivo "y... mejor que nada, es". Y las eternas quejas acerca de que "no quieren trabajar", "encima que les dan un trabajo", "muerden la mano que les da de comer". Como si además tuvieran que agradecer la humillación y el maltrato por un mendrugo. Todas cosas dichas con tono de "habrase visto tamaña impertinencia" y asumiendo que esa gente debería pedir perdón por haber venido al mundo y pretender comer con dignidad.

Es que alguna gente "caritativa" se ha acostumbrado a esperar un agradecimiento servil a cambio de la humillación de la dependencia, en lugar de avergonzarse por someter al otro a una situación tan deshonrosa. Negarles ese agradecimiento es negarles esa tranquilidad de conciencia por sostener y ser parte (voluntaria o involuntariamente) de tamaña disparidad de oportunidades.

Este modelo se ha extendido a las empresas en donde el sueldo se recibe con la misma actitud de la limosna aunque la contraprestación sea más que valiosa. No olvidemos que antiguamente el trabajo era una actividad necesaria pero que sólo se imponía a los esclavos: "el trabajo embrutece, el trabajar no es una acitvidad digna".

Yo sé que suena exagerado. De hecho cuando el trabajo está entretenido se convierte casi en algo lúdico y disfrutable. Pero no puedo ignorar que no todos los trabajos son igualmente disfrutables.

Más adelante seguiré con este artículo. Pero ahora tengo que ir a dormir que mañana me levanto temprano para ir a trabajar.

Buenas noches.












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