jueves, 7 de abril de 2011

The nonsense song.

En una de las últimas clases de la facultad, en la que trabajamos sobre un artículo de Kaplún que habla de las metáforas de las organizaciones, al mencionar la metáfora mecanicista, sus caracterísitas y las limitaciones que implica, uno de los alumnos, gratamente, recordó "Tiempos Modernos" de Charles Chaplin y su parodia de la organización fordista de la producción.

Hoy, quién sabe por qué, volvió (como casi siempre) esta película a mi cabeza.

Si hay una escena que me impactó cuando niña y aún disfruto, es la escena del bar.

Charlie consigue un puesto de mozo-cantante en un bar pero él no sabe nada de servir mesas ni de cantar. Sin embargo, sin nada que perder, asegura ser un experto y es "contratado". Llega el momento del show y tiene que cantar. Su novia, amiga, colega en la desdicha (una huérfana), le escribe la letra en el puño. Ensaya brevemente algunos ademanes para dar picardía y diversión al show y sale al ruedo. Al extender los brazos durante su presentación, el puño con la letra sale volando. Al notarlo recurre a su amiga y ella le indica que no importan las palabras, que improvise.

La escena me gusta por varios motivos.

La "canción sin sentido" cuya letra puede leerse aquí suena a varios idiomas pero no está escrita en ninguno de ellos. Copia la fonética del francés, del italiano, incluye algunas palabras reales o parecidas. La mayoría no existe. La música es muy pegadiza y es fácil de recordar por años aún habiéndola escuchado una única vez.

La canción sin sentido cuenta una historia con algún sentido. La típica seducción de la billetera (en ese caso un anillo), un ricachón y una señorita. La historia se entiende por la mímica expresiva del actor. Una historia apropiada para lograr la complicidad del auditorio acomodado del bar.

Lo interesante es lo que dice la chica: "Canta. No importan las palabras."

Muchísimas lecturas, pero la que a mí más me calza es la burla hacia los comensales. No importa lo que digas, todos van a hacer como que entienden. Entendemos la letra porque somos políglotas, representamos el papel de entendidos ante los demás, repetimos las reacciones de los demás, basándonos en el tono de los ademanes y seguro vamos a quedar bien, incluidos y aceptados.

Charlie aquí cuenta una historia fácil de comprender, sus ademanes incluyen al espectador como a uno más dentro de los espectadores del bar. Y si bien antes acompañábamos a los personajes desocupados y muy pobres en sus avatares, ahora somos parte de la clase acomodada, que ignora las desdichas de los personajes y nos ubica donde realmente pertenecemos, en la mesa del bar (doblemente espectadores).

También nosotros, a los ojos de los demás, aparecemos ahora como que entendemos algo que se nos dice cuando nadie está diciendo nada. Pensemos en que si no fuera importante que no tenga sentido lo que se dice, no valdría la pena incluir el tema de la letra y la necesidad de improvisar. Sí, para mí es indudable que es importante. La actuación de la historia, sus ademanes, tienen sólo dos sentidos: sugerir que se trata de una historia picaresca y contarnos a nosotros la historia. A nosotros, pero no a la gente del bar.

"Canta. No importan las palabras" dice algo acerca de la impostura del auditorio. Ella no sabe si él sabe cantar o si sabe actuar, pero da por sentado que su auditorio no querrá pasar por ignorante si dan muestras de no entender. No querrán aparecer como que están fuera de lugar, no incluidos, colados, no "a la altura de". Ella descuenta que el público querrá mostrarse merecedor y se hará cómplice. Consumirá un show improvisado por un don nadie como si fuera algo elaborado por un artista consumado (hablo del personaje) sólo por el aval de ser presentado en el local.

El tema de no entender pero simular que sí para no quedar mal, fue motivo de muchas bromas, burlas, cuentos y también modas desde siempre.

Desde el cuento "el traje del emperador", en donde los motivos de la complicidad son otros, situaciones en donde todos se ponen de acuerdo para reir ante un supuesto chiste para hacer caer a uno solo y reirse de él (variantes sin sentido del "-¿Araña?.  -No, gato"), hasta tendencias artísticas transgresoras que no llegan a hacer escuela.

Siempre que puedo vuelvo a ver y escuchar la canción, digo "touché" para mis adentros, cuando me pone en una mesa con el resto de los ricachones del restaurant.

Buenos días.


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