viernes, 18 de mayo de 2012

Trabajo: La calidez en el vínculo laboral.

Ayer miraba en Linked In las recomendaciones que yo había escrito. Y me llamó la atención que en la mayoría mencionaba la calidez de la persona recomendada. Parecía un lugar común pero realmente no lo era.

La calidez para mí es muy importante en ciertos casos. Comprendo que no toda la gente es naturalmente cálida porque la calidez implica proximidad y esto no es algo que sea muy sano ejercer a mansalva.

La calidez aparece como producto de un vínculo, como norma de conducta, como una estrategia de seducción conciente o inconciente o como un muestra de debilidad y sumisión.

Cuando es producto de un vínculo es porque hay algún tipo de reconocimiento previo a las muestras de calidez. Lo que sí, hay gente que más allá de ese reconocimiento no es capaz de expresarlo mediante gestos cálidos. Que no quiere decir que no sea una excelente persona.

Pero no siempre es producto del vínculo. A veces es una norma de conducta, de convivencia, propia más que nada. Y no quiere decir que una persona cálida sea una buena persona. Sólo quiere decir que hay un cierto cuidado en el trato. Y eso, igual, se agradece.

Hay dos casos igualmente, en que la calidez no es algo agradable o tranquilizador.

Los/as seductores/as premeditados/as o compulsivos/as también abundan en muestras de calidez, generalizadas y a veces inescrupulosas. Y ahí depende de cada uno, si les damos o no espacio, o hasta dónde las permitimos o hasta dónde nos parecen ubicadas y agradables y cuando empiezan a percibirse como falsedad o acoso.

Y como muestra de debilidad y sumisión, realmente me produce enojo. Si las personas se ponen demasiado serviciales o aduladoras, diría más bien, serviles, me hace sentir estafada en lugar de respetada o cuidada. Me llena de sospechas y me pone en una situación en que siento que esas muestras exageradas pasarán a integrar una cuenta corriente cuyas consecuencias y relevancia desconozco. Y yo no acepto contraer ese tipo de deudas que no sé si seré capaz de saldar. O mejor dicho, que quizás nunca serán percibidas como saldadas. Si algo me produce un gran enojo y me predispone mal de igual modo es que las personas se pongan por debajo o por encima de mí, por naturaleza o como táctica. No en cuestiones de autoridad o rango formal (roles, que para mí son circunstanciales), sino en el plano personal.

Pero volviendo al tema, tal vez no es tan importante la calidez (sana) en un trabajo corto, pero a largo plazo me parece que sí. Eso y la buena voluntad. Porque como ya dije un montón de veces hasta el cansancio, no elegimos convivir con esos "extraños" que son nuestros compañeros de trabajo, entre 9 y 11 horas diarias, de los mejores días de los mejores años de nuestra vida. Y que las personas se traten bien, se cuiden, se den tiempos o respeten las distancias cuando por motivos personales se repliegan, es muy importante a la hora de convivir años en un mismo espacio.

¿Se dan cuenta de lo importante que es que esas personas que están forzadas a convivir puedan establecer un vínculo laboral sano, de respeto, de complacencia? ¿Y más aún cuando los roles que nos toca desempeñar están matizados con cierta dosis de presión, variable, desde leve a imposible, en algunos períodos? Tal vez la mayoría de esas personas no se convertirá en amigos, pero estarán a nuestro lado durante un parte importante de nuestra vida.

Afortunadamente he podido "coleccionar" amigos sinceros en cada lugar en donde me tocó estar y muy buenos recuerdos de la mayoría de mis compañeros con los cuales no se generó un vínculo tan profundo. Y entre ellos, también tengo amigos que no son muy cálidos, pero que son muy buena gente. Porque es importante también saber separar. La calidez no tiene que ver necesariamente con la amistad o con el afecto, tiene que ver con el grado de cuidado de un vínculo, en este caso laboral o profesional.

La amistad, el amor, la confraternidad, son otras cuestiones, casi sin preceptos.

Buenos días.


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