miércoles, 12 de diciembre de 2012

Flujos y acumulación.

Hace rato quería escribir sobre este tema que aún no tengo muy claro, y finalmente voy a tratar de volcar aquí algo de todo lo que tuve en mi cabeza hará cosa de 3 semanas atrás y que por falta de tiempo no pude hacer. Se trata de una... no diría contradicción, pero casi, en cuanto a la acumulación a nivel social y a nivel individual. Digo que no es necesariamente una contradicción porque creo que el ámbito del individuo tiene lógicas distintas al ámbito de la comunidad, sea ésta la sociedad, o sea una organización.

Fue cuando a raíz de la clase de Información en las Organizaciones de la FIUBA. Hablábamos del capital inmovilizado.

El capital inmovilizado produce un cierto horror en las empresas. Cualquier sugerencia de "stockear" la empresa requiere un sinnúmero de justificaciones porque el NO de Finanzas está asegurado. Es como la supuesta presunción de inocencia en la ley, pero al revés (o no, en realidad). O sea, en principio, nada que implique comprometer activos monetarios se ve bien. El dinero, en cualquiera de sus variantes es una mercancía muy valiosa, mucho más que su valor nominal. Tiene un valor, para las empresas y las personas por lo que potencialmente podría hacer realidad. Mientras no se gasta, tiene un valor mucho mayor que el mejor uso al que se le podría destinar. A ver si soy más clara. Si tengo $200 y me quiero comprar un par de zapatos, puedo comprarlos o bien decir: "con esos $200 podría comprar 4 cajas de 800g de leche en polvo, o un pantalón económico, o un conjunto de ropa interior, o dos remeras básicas o una un poco más canchera, o una cena para dos personas sin vino, o una salida gasolera al cine, o... o... o...". O sea, mientras no los gasto, esos $200 son la posibilidad de un montón de equivalentes, y no importa que sólo una sea posible. El hecho de no realizar el gasto, le otorga una oportunidad a un montón de alternativas valiosas para mí (la de abrir un montón de puertas) y por ende tiene el valor de todas ellas sumadas.

Lo que no es real. Pero ahí reside, creo yo, su seducción. Mientras tengo el dinero tengo todas esas alternativas potencialmente realizables. Una ilusión, sin duda. Retener la posibilidad de todas ellas, o sea, la oportunidad de que cualquiera de ellas se haga realidad con sólo decidir deshacerme del dinero.

Las empresas no son tan soñadoras. Las empresas dicen, en vez de 200.000 en mercadería en stock que me genera gastos de personal para registrarlos, trasladarlos, custodiarlos, seguros, acondicionamiento del depósito, tal vez incluso alquiler de un depósito (costos de transacción), o incluso, en vez de tener eso ahí almacenado y no disponer de ese espacio para otro producto (costo de oportunidad), lo invierto, compro un bien de uso, compro activos financieros, publicidad, desarrollo una marca, cualquier otra cosa que me genere algún beneficio adicional, un incremento del valor. Si Ventas considera que de no invertir en stock, perderé market share, presencia, satisfacción al cliente o perder la inversión en una campaña publicitaria (e imagen por ende) por no poder afrontar ventas comprometidas, será Ventas quien deba “vender” su caso a Finanzas y previo cálculo y recálculo (tal vez demasiado tardíos o demasiado sofisticados), tal vez se elija el "stockearse" “realizando” una de las múltiples promesas de los $200.000.

Las empresas odian acumular. Acumular mercadería, acumular saldo bancario (tiene que haber liquidez, o inversiones, apalancamiento, cualquier cosa, menos dinero o mercadería sin circular). Si circula es bueno, si está quieto es malo. Aquí reside la diferencia de lógicas. La empresa es una comunidad, es una organización y en la organización no se permite el estancamiento. Ninguna organización que desee sobrevivir se permite el estancamiento. Aunque algunas sean más conservadoras y otras más inescrupulosas, y entre ambos extremos, toda una gama de grises, ninguna organización que quede congelada en el tiempo sobrevive.

Igualmente hay una parte que se acumula. La ley prevee un mínimo para evitar que algunas empresas queden sin respaldo y estipula reservas, previsiones, provisiones. Además hay stocks en la mayoría, saldos, créditos de clientes, el resto es capital de trabajo y circula. Una parte se sale del circuito, en la forma de salarios, honorarios, dividendos, bonos, premios. Irán a respectivos stocks personales cuyos titulares son particulares.

Hace unos años atrás, se consideraba que ni siquiera era conveniente que las empresas tuvieran inmuebles. Todo alquilado, instalaciones, bienes de uso. Lo menos posible inmovilizado. El prestigio de una empresa, en definitiva está en los stocks personales que genera.

Los stocks personales, en cambio, están bien vistos. Dan prestigio, dan status, son símbolos y señales de éxito, de inteligencia o incluso de audacia. Supongo que se entiende a qué me refiero con stocks personales: casas, autos, tecnología, joyas, obras de arte, exhibiciones de prosperidad como viajes, cenas, eventos, consumos de categoría (colegios, clubes, suscripciones, membresías, etc). Hábitos y hobbies sofisticados. Bienes, servicios y señales.

La lógica es extraer de la riqueza generada por la comunidad a los stocks personales. La organización, la comunidad como generadora de prosperidad y el individuo como apropiador.

Dos lógicas distintas.

Y una lógica más, unificadora: la de la transferencia de esa riqueza a los stocks personales, cuyas reglas son cuestionadas sistemáticamente por los que no se ven beneficiados en el balance de cuánto entrega ese individuo a la producción de riqueza y cuánto retira y acumula de ella.

Cuando la comunidad no es la empresa sino la sociedad es aún más complejo. Porque las empresas pueden (cada vez menos pero aún pueden) no cuantificar los costos sociales, anímicos o las contribuciones a la riqueza de la empresa de activos personales como la colaboración, la buena voluntad, el conocimiento, la experiencia y la creatividad, lo que sería algo así como “bienes públicos” y “externalidades” positivas o negativas en el caso de costos no computados, al interior de la empresa.

Pero en la sociedad es mucho más complejo. Aquí son los habitantes o visitantes y no los empleados (y no hay selección que valga), son las personas que habitan o transitan por los lugares que establece la sociedad los que se apropian en distinta medida y suerte dispar, de la riqueza social. Y ésta está compuesta no sólo por los stocks personales acumulados vía transferencia desde las comunidades empresarias sino también por los flujos (circulante) desde las transferencias del estado vía servicios públicos, servicios previsionales, de salud, de educación, de seguridad, recreativas y políticas, más los flujos de los consumos y de las contribuciones de otras y otras organizaciones de la sociedad con o sin fines de lucro, más todo el valor generado por las transacciones comerciales o no comerciales entre particulares, grupos de afinidad, y otras manifestaciones culturales como tradiciones, arte, ciencia. Conocimiento y valores. Aquí es también donde se acumulan los costos negados de las empresas, vía efluentes contaminantes, vía stress, desocupación, enfermedades profesionales, síndromes laborales, sobreocupación, etc. Esos costos existen y si no se computan al interior de las empresas, deben computarse en la sociedad en la que están inmersas si la sociedad permite su externalización. Y de hecho es así y es lo que genera el lucro.

Es lo que habitualmente escuchamos como reparto o distribución de la riqueza. Ésta es una lógica muy compleja porque intervienen no sólo el concepto de propiedad y los alcances de los derechos de la propiedad (que no son naturales hemos sido habituados a creer, sino creados por la ley), y también alguna teoría sobre el mérito, teoría implícita o explícita, que tampoco es simple porque juegan los derechos naturales del ser humano reconocidos o no, las contribuciones a la generación de la riqueza, el valor reconocido de esas contribuciones y también la negación de muchos aportes, no cuantificables en la lógica imperante. El valor negado y los costos negados.

Son los alcances del derecho de la propiedad los que operan externalizando los costos negados. Son estos derechos los que le permiten a los propietarios desentenderse de los costos e imputarlos a la sociedad posibilitando la creación de lucro y la acumulación de stocks personales.

En la sociedad hay también stocks que son los bienes sociales, en nuestro régimen político, bienes del estado en todas sus versiones. Algunos intangibles fuera del estado, como las obras de arte, el conocimiento científico, las expresiones culturales de distinto tipo. Pero la mayoría creo yo son flujos, servicios y transacciones entre todas las instituciones y particulares que la conforman.

Me parece que la lógica aquí es qué significado tienen esos stocks y en qué medida pueden ser monopolizados por el estado. Creo que poca de esa riqueza no circulante queda en organizaciones de la sociedad civil o en los individuos. En este momento no veo cómo los bienes sociales (no comerciales) pueden ser apropiados y acumulados por individuos particulares.

A priori me da la impresión que esta lógica de acumulaciones es muy clara desde las empresas a los particulares vía los derechos de la propiedad y la legitimización de esa propiedad a través de la ley a partir de criterios arbitrarios. En un segundo término el monopolio de la gestión de la mayoría de los los bienes sociales por parte del estado y la diferencia entre los flujos que se verifican en las empresas y en la sociedad, uno posibilitando sacar del circulante aquellos bienes destinados a la acumulación y el otro formado principalmente por intangibles y servicios públicos destinados casi totalmente a la circulación.


Buenos días. 



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